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PASEOS ARBITRARIOS EL MISTERIOSO ESTANQUE SEGÚN L A L E Y E N D A E S T E LAGO MAYOR ESTA E N S U SITIO DESDE TIEMPO INMEMORIAL A tradición, con un instinto poético ahistórico, supone que el estanque del R e tiro, el lago grande del Retiro, mejor, estaba, allí desde el comienzo del mundo. A un lago le va siempre bien su poquito de fantasía. D e Pinelo, en sus Anales de Madrid, hasta el gran raro, multidisperso y certero, Ramón Gómez de la Serna, el estanque del Retiro aparece orlado de una leyenda misteriosa y obscura por l a que no cruzan nombres, n i siquiera anécdotas, s no miles de años, como si esas aguas inocentes, sometidas a la dictadura del desagüe, fueran un dedo de océano que la tierra no hubiera logrado cubrir. L a H i s t o r i a craza por sus orillas y flota en embarcaciones ligeras sobre sus aguas, prendiéndole, desde el siglo x v n una gracia real que termina por que los madrileños levanten una estatua al madrileñísimo Rey A l f o n s o X I I que se contempla a caballo en sus aguas pacíficas. como si fuera el pacificador también de ese trozo de falso mar, donde han naufragado tantos- juramentos de amor y tantas sonrisas de domingo. Hasta el siglo x v u el estanque, que estaba entonces junto a las tapias primitivas del parque, tenía un encanto salvaje y sin barandilla; u n verdadero lago que, a L FROTAESQUINAS, H O M B R E S GRISES Y E X T R A ÑOS S E ASOMAN A L A S QUIETAS AGUAS M I S TERIOSAS mediados de siglo, empieza a recibir la visití. asidua de los Reyes y los cortesanos. F e lipe I V manda y a celebrar en él fuegos artificiales, y el estanque empieza a adornarse con tirabuzones de papeles policromos y musiquillas amables. Medía el estanque, según datos precisos, 1.006 pies por 443, y mostraba en su perfil madrileñísimo muchos detalles que hoy no existen: una islita central, pabellones orientales, etc. Pasan los años, aparecen chisteras y p o l k sones alrededor de las aguas inocentes, algunos nombres nos evocan otra época madri- leña- -fuente de l a China, ermita de San Antonio, en los olivares de A t o c h a- y nos encontramos con Molíns y con L a r r a ¡Qué bien se evoca l a figurilla de Fígaro bajo l a sombra en flor de las acacias, pensando en Dolores y contemplando, alguna tarde de fiesta oficial, el agua tranquda, surcada de embarcaciones pueriles! Otro día cruza Mesonero y frente al estanque, piensa en hacer un libro de M a d r i d que traiga hasta las posadas, las botillerías y lo que se puede gastar, para comer decentemente, u n caballero de provincias que venga a l a Corte. De Mesonero a Campoamor. Campoamor, escribiendo versitos en los puños duros de la camisa, tiene un especial cariño por el estanque. Seguramente abaraiidillado sobre él, sueña c o n u n viaje a América y hasta
 // Cambio Nodo4-Sevilla