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AJEDREZ LOS P R I M E R O S PASOS D E U N N E Ó F I T O E l imperio de la moda en las aperturas. A L a afición ajedrecista que de poco X tes tiempo acá ha experimentado un crecimiento súbito en todo el país, rcclutando entre las juventudes sus partidarios más fervorosos, tiene, naturalmente, que alegrar a los antiguos devotos de Kaisa, como el cronista, pues toda devoción encierra latente cierto afán de proselitismo. Pero esta complacencia se tiñe de amargura al observar la sensible desproporción que existe entre el estudio que consagran al noble juego los nuevos aficionados y el progreso logrado en su conocimiento. Y como esta desconsoladora observación puede aplicarse casi por igual a los aficionados inteligentes que a- los mediocres, cabe atribuir el poco fructífero resultado a causas objetivas que probablemente radican en el sistema didáctico seguido, por lo que quisiera dedicar unas líneas a cuestión tan importante con l a esperanza de contribuir a su esclarecimiento. Veamos cuáles suelen ser los primeros pasos de un neófito en el juego- ciencia. E n un círculo o en una reunión de sociedad, contempla una lucha ajedrecística y le i n triga la atención apasionada de jugadores y mirones a los que se agrega, no obstante su ignorancia, contagiado del interés colectivo. Pero el homo sapiens siente curiosidad por comprender los fenómenos que le impresionan, y al día siguiente nuestro futuro Morplvy se informa por un amigo del nombre, número y movimientos de las fichas, cuenta las casillas y se entera sucintamente del objeto del juego: comerse al rey contrario. U n sencillo problema de canibalismo incruento. C o n esta reducida teoría se lanza a jugar, y ya cuenta el ajedrez con un nuevo adepto. N o se vea en esta exposición el menor propósito satírico, pues hasta aquí todo lo que describo es muy natural y me parece muy bien. Pero en seguida l a cosa se complica. Nuestro principiante experimenta fracasos y tiene dudas en todo. ¿Qué hay que atender primero en esta y l a otra posición, y en consecuencia qué ficha jugar y dónde situarla? Cuanto más piensa menos discurre, consiguiendo sólo adentrarse en un mar de confusiones; las derrotas lastiman su vanidad, v dándose cuenta de que l a partida es difícil, quiere aprenderla por teoría. Como sus perplejidades han comenzado, claro, en el planteo y es en esta etapa donde ha sufrido los tropiezos, pues no consiguió en la mayoría de las veces llegar al medio ni al final, adquiere u n libro de aperturas, se pone a estudiarlo v llega, con tenacidad merecedora de un éxito íeliz a la plenitud del fracaso. Aprende l a notación, tortura su memoria atiborrándola de variantes que involucra o recuerda exactamente- -l o mismo da- y no adelanta un paso. H a trabajado mucho y desconoce los p r i meros elementos que pueden informar el juicio y guiarlo en el análisis de una combinación o en l a síntesis de un plan posicional. ¿Por qué? Pues, a mi juicio, porque empezó el estudio de b. teoría casi en el punto en que debía terminarlo. E n toda investigación, las inteligencias normales tienen que marchar gradualmente de lo simple a lo compuesto, y así, en ajedrez, deben estudiarse primero las situaciones más sencillas, o sean los problemas de mate de rey y torre contra r e y rey y dos aüiks contra rey; rey, alfil y caballo contra rey; rey y torre contra rey y alfil, etc. E n una palabra: situaciones muy despejadas y de muy pocas fichas que, claro, en el orden cronológico de l a partida, son posiciones finales; pero que en el orden didáctico han de constituir las primeras lecciones. Después convendría estudiar, teóricamente, los finales de rey y peones, torres y peones y otros más complicados, simultaneando estos estudios con la práctica de l a partida real como gimnasia mental exclusivamente, y para acostumbrar a l a complicación que las treinta y dos fichas producen inicialmente; pero sin aprender en las aperturas variantes librescas, sino apoyándose tan sólo durante esta fase en el sencillo principio general del máximo desarrollo en el mínimo de tiempo que resume el viejo refrán castellano de sacapiezas ganajuegos A los que quisieran y pudieran dedicar mayor atención a l a parte teórica, les recomendaría estudiasen después los conceptos de fuerza, espacio y tiempo en ajedrez; las características de las posiciones abiertas y cerradas como antecedente y razón de ser técnica de los distintos tipos de planteos, y, finalmente, el juego posicional y el combinativo, en el que el primero representa l a norma y el segundo lá ocasión, y que deben armonizarse en el pensamiento y propósito de todo jugador práctico para huir de amaneramientos de escuela y mantener despierto el espíritu de iniciativa que vivifica la partida, convirtiéndola en lucha artística donde la pasión queda ennoblecida por l a belleza. E l ajedrez está sujeto también al a imperio de l a moda, sobre todo en materia de aperturas. A h o r a bien, tratándose de actividad tan científica, el reflujo de la moda, que en otras manifestaciones no requiere más justificación que el capricho omnímodo del artista, toma aquí el aspecto que tanto h a l a g a a l a vanidad de la crítica moderna, de reivindicación histórica, y uno de los ejemplos más curiosos lo presenta la vieja defensa Tarras ch del gambito de l a dama, (i P 4 D P 4 D 2. P 4 A D P 3 R 3. C 3 A D o C 3 A R P 4 A D. E l contraataque igualatorio que persiguen las negras con este avance de su P A D fué inventado por el mejor teorizante clásico del gambito de l a dama, el doctor i arrasch, y defendido con éxito por su autor. Pero obsérvese que después de 4. P A X P P R X P 5- C 3 A C D 3 A 6. P 3 C R que constituye l a variante R u binstein, el P D negro aislado v a a constituir un objetivo claramente definido del ataque blanco. Este dispositivo del fiancheto de rey que el genio posicional de Rubinstein imaginó para batir l a defensa Tarrasch, l a hizo durante largo tiempo caer en desuso. S i n embargo, l a defensa Tarrasch encierra un dinamismo muy difícil de refutar y los tácticos modernos se han aplicado a examinar variantes nuevas que aquél origina en gran número, siendo una de las más notables la variante Duisburg, de que ya he hablado en estas columnas. Total, que l a vieja defensa se ha rejuvenecido en manos de la nueva generación, dando lugar a combates tan interesantes como el que expongo a continuación, jugado en el torneo de las naciones de F o l kestone del presente año entre el joven campeón lituano Mikenas y el maestro letón Petrow. Gambito de l a dama. Defensa Tarrasch. Blancas, M i k e n a s negras, Petrow. 1. P 4 P P A D 4. P A X P P R X P CsA, C D 3 A 6. P 3 C R C 3 A 7. A 2 C A a R 8. 0- 0, 0- 0 (se ha llegado a l o que Tartakower denomina posición normal de la defensa Tarrasch) g. P 3 T R (9. P X P para dejar aislado el peón de dama negro, es l a continuación corriente y l a que responde mejor al espíritu del ataque Rubinstein) A 3 R 10. A 3 R, P 3 C D 11. C t, R, C X C 12. P X Q T 5 D (como se ve, las blancas han consentido la unión en falange de los peones negros del ala de dama, sin otra compensación que ganar l a calidad, que es bien poco cuando el contrario tiene dos alfiles y una dama amenazante sobre u n enroque debilitado) 13. P X C, A X P A 14. A X T D X A i R 2 T P X A 16. P X P A 4 R 17. D i R P 4 T R 18. P 4 T R P 4 C D! i q P 3 T P C 20. P X P P X P 21. C 1 D D s R -22. T 4 A A X T 23. P R X A A 4 D (Véase el diagrama. 4 P 4 D; 2. P 4 AD, P R; 3. CRÍA, Negras: Petrow. (N u e v e nenas. 0 M 4 (Nueve fichas. Blancas: Mikenas. Posición después do la jugada 23 de las negras. (Puede comprobarse el triste resultado de la maniobra blanca. H a tenido que devolver la calidad y, lo que es más doloroso, l a gran diagonal blanca, donde establecieron sil A R en fiancheto, ha llegado a convertirse en l a principal avenida del ataque negro. Y es que los alfiles en fiancheto, que obligan a una debilitación en l a estructura de los peones que lo forman, no debe liquidarse prematuramente, n i aun ganando calidad, cuando l a dama y el alfil homólogo del bando contrario permanecen sobre el campo con posibilidades de contraataque, que si el fiancheto coincide con el enroque, tiene grandes posibilidades de forzar una posición de mate) 24. D i A T i R 25. P 3 R, T i A D 26. C 2 A T 7 A y las blancas abandonaron. N o hay recurso contra D 6 A U n hermoso combate en posición abierta, que constituye una nueva reivindicación de la defensa Tarrasch. M. GOLMAYO. Problema número 110, por Healey. (Siete fichas. Mate ect tires. (12 fichase