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Actualidad barcelonesa BARCELONA- -En el paseo de Gracia varios sujetos, después de romper una ventana (x) arrojaron una bomba al almacén de maquinaria agrícola propiedad de un significado elemento dé Acció Catalana. Se cree que el hecho guarda relación, aunque Indirectamente, con el conflicto de la extracción de arenas. (Foto Brangulí. LOS ESTUDIANTES ALBOROTAN Alborotos estudiantiles en M a d r i d repercusiones inmediatas en provincias. E l caso no es nuevo. Desde hace años se repite con tai periodicidad, que el Zaragozano podría incluir entre sus profecías meteorológicas este fácil pronóstico: D e octubre a d i ciembre, entre San Rafael y San Andrés, empiezan, las lluvias y las huelgas escolares E l fenómeno es siempre el mismo en el fondo, aunque sea distinto en la apariencia. U n motivo de enojo, razón o pretexto, que actúa sobre esa inclinación a la rebeldía que todos- -todos- -sentimos en l a edad terrible y envidiable que va de los quince a los veinte. A las nueve de la mañana, a la hora de comenzar las clases, todo ello es poco más de nada: corrillos de camaradas que comentan con viveza tina noticia o un rumor y que insinúan el plan, siempre tentador y agradable, de hacer falta colect i v a dos horas después es ya la huelga, al día siguiente es el motín y a las pocas semanas puede ser algo que simule una revolución y haga sus veces. Que el enojo escolar siga este proceso o quede estrangulado en el primer momento, no depende de los estudiantes, sino de los profesores, de las autoridades académicas y del G o bierno. De todos los conflictos de orden público los promovidos por estudiantes son los de trato más delicado y difícil. E l estudiante une a la máxima violencia que le da su juventud arrolladora sin frenos de reflexión, la máxima simpatía que le gana su misma juventud. E s toda la fuerza en la hora de la lucha, pero en la hora de la represión es toda la debilidad. Cuando los estudiantes perturban la vida de una ciudad universitaria, obligando a que se cierren las tiendas y se suspenda el tráfico, llueve sobre ellos la condenación y ei improperio; todos son a pedir que se les castigue con dureza; pero si en el choque con la fuerza pública cae un estudiante, a vista de la vida truncada, ante la evocación de la madre que llora, la ciudad y el país entero se deshacen en compasión y llanto. ¡Y es que nada hay que parezca más cruel y que más hiera el corazón que el guadañazo en primavera, la muerte brusca en fuerte y sana juventud! Bien saben esto los agitadores de toda laya y bien se aprovechan de ello. E n todas las revoluciones los estudiantes son factor principal y a veces único. L o s estudiantes han sido los que han terminado en Cuba con l a dictadura de Machado, y l a seudorrevolució- n que nos trajo l a segunda República fué simplemente un alboroto de estudiantes. (Claro es que l a República no vino sólo por eso: vino por la torpeza de los monárquicos y por l a insensatez de las clases medias: los buenos burguesitos, que imbécilmente, por rencor, despecho, novelería, votaron contra la Monarquía el 12 de abril. Pero en. las calles por la República no luchó nadie más que los estudiantes; los obreros socialistas, requeridos para- unirse a la abortada sublevación militar de Cuatro Vientos, decidieron quedarse prudentemente en las Casas del Pueblo, y en cuanto a los obreros que no han hipotecado su liber. tad a favor de mangoneadores y mcneiirs, antes y ahora, con Monarquía o con República, siguen trabajando quieta y honradamente, esperando un régimen que distribuya la r i queza y los beneficios de la producción conforme, a normas de paz y de justicia. E l alboroto de hoy es idéntico en semblante al de marzo de 1931. Facultad de San Carlos. Calle de Atocha, popular y bulliciosa. Alborotada grey estudiantil que vocifera, detiene los tranvías, lanza piedras, entorpece la normalidad, todo mocerilmente, a lo estudiante, entre risas, cánticos, derroches de ingenio y piropos a las chicas guapas. L a fuerza pública que llega. S i l bidos, insultos; ataque, represión... Todo igual entonces como ahora. S i alguna diferencia puede señalarse es que hace dos aíios la agresión desde el interior del edificio fué evidente y prolongada; los estudiantes dispararon reiteradamente e hicieron una vícj tima entre los guardias; en la ocasión ac 1 tual los tiros partieron de otro lado, y ha sido un error, confesado lealmente, el que ha hecho que los guardias de asalto, con hábil y certera estrategia, que ha revelado la información gráfica, pasen un buen rato tiroteando las sombras que cruzaban por el portal y los claustros de la Facultad. L o que ha variado es el comentario. L o s que en 1931 se mostraban muy indignados por lo que llamaban bárbara represión justifican ahora la actitud de los guardias de asalto. N o faltan tampoco quienes desde el otro lado censuren hoy a los agentes del Poder constituido después de haber defendido a los que representaban la autoridad de ayer. Urna y otra conducta, anverso y reverso de la misma apasionada parcialidad, son improcedentes. L a verdad es que hoy, como ayer, como mañana y como siempre, la fuerza pública tiene y tendrá el derecho de repeler las agresiones y la obligación de acudir a medios eficaces para mantener el o r d p cuya defensa le está encomendada. H a y que ser lógicos y consecuentes al discurrir y comentar. Y al reprimir hay que ser cautos. Pues no debe callarse que el defecto mayor de que suelen adolecer entre nosotros los agentes encargados de mantener el orden es el de tomar su misión, a la española, como un asunto de amor propio. Recuerdo que, cuando yo ejercía autoridad, m i recomendación constante a los guardias, a vista de cualquier conflicto que podía degenerar en alboroto, era esta: N o usen de la fuerza hasta que havan agotado la persuasión; y al usar de la fuerza háganlo con impasibilidad su energía l, a de ser energía automática, como la de un- instrumento- o l a de un a r m a no pongan ustedes pasión, poroue el asunto que se ventila no es de ustedes; repriman, castiguen con la dureza que sea menester... ¡pero no se peguen con la gente! Hay que confesar que los agentes españoles tienen una deplorable inclinación a pegarse con los revoltosos, haciendo que la represión se convierta en camorra. H a v nada más deplorable v que más desprestigie a l a autoridad que el caso, no raro, por desgracia, de que los encargados de defender el orden contesten a los insultos con insultos y a la provocación con retos y amenazas? S a l i d aquí, que os v o y a comer les hígados nos decía un guardia a un grupo a l borotado, allá en mis tiempos de estudiante. Esto demuestra que el mal- -mal de educación- -es ya viejo. Hace falta que los guardias no se quieran comer los hígados de nadie. Y hace falta, sobre todo, que se evite su intervención. E l empleo de la fuerza pública para resolver pleitos de estudiantes acusa siempre el fracaso previo de las autoridades académicas. N o se debe apelar a los agentes policíacos más que cuando sean impotentes para restablecer el orden los que tienen sobre los escolares especial y propia autoridad. Este y no otro es el significado y el alcance del tan decantado fuero universitario Ño so: necesarios guardias ni pistolas donde exista un rector respetado y querido, que conviva con los estudiantes, y conozca sus aspiraciones, y procure atenderlas, y vigile su vida, ejerciendo tutela cariñosa sobre ellos, dedicando su existencia toda a pastorearlos y encauzarlos, en lugar de limitarse a despachar la firma y presidir ceremonias: un rector que verdaderamente r i j a el mundo escolar, y cuya presencia baste para calmar a los más díscolos, como basta para reducir a los hijos rebeldes la presencia del padre bien amado... ¡Dicen que en las gloriosas U n i v e r s i dades españolas del siglo x v n hubo algunos rectores así... FEDERICO SANTANDER
 // Cambio Nodo4-Sevilla