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S LA CASITA DE ARRIBA IN ir más allá de las afueras del antiguo Real S i tio, encajado en el boscaje de lá Herrería y al hilo del camino de Robledo de Chávela, se encuentra este esbelto palacete como a la sombra del M o n a s t e r i o de San Lorenzo, y he aquí el bello constraste como una belleza más d e l serrano paisaje: junto a la grandeza de la mole herreriana, un asilo de flores y de amor- -la dulzura de la mujer para solaz del guerrero así, con respeto de la solemne majestad monacal, la gracia dieciochesca de esta quinta de placer, exquisitamente elegante y sentimentalmente poética como una gentil marquesa de la Corte de versalles. t 1 CASITA D E ARRIBA VI buen Rey Carlos III, que trajo de Italia refinamientos de buen gusto, sembró los Sitios Reales de estos gratos refugios para esparcimiento de sus hijos, lejos de las gravedades de la Corte. De esta forma la linda Casita, construida según los planos de V i llanueva y gemela en el nacimiento de la llamada de Abajo, creada para el recreo de los príncipes Carlos y María Luisa, vino a ser el egregio juguete en donde entretenía sus devociones musicales, junto con otros iniciados y bajo la dirección de su maestro el Jerónimo padre Soler, aquel infante D, Gabriel, el malogrado, el único heredero de las virtudes paternas, verdadero artista de rara sensibilidad, que tal vez por Ser un elegido voló pronto de este mundo, librándose así de ver aquel reinado de desastres del primogénito Carlos. Tiene el evocador jpalacete una noble y magna puerta, flanqueada por dos grandes garitas en piedra. L a verjería, como entre lanzas, deja ver una amplia rampa, enlosada y resonante, que termina en ligera gradería, a la que dan como guarda dos graciosas esfinges talladas igualmente en piedra, muy del gusto de la época, sobre las que el liquen seco, patinándolas, puso unas manchas amarillentas y el musgo, su prestigio añoso. A l fondo, la vivienda, y a sus lados, la esbeltez elegante de unos pinsapos y como enmarcando todo, al igual de una verja ideal, unos jazmines seculares ponen su verde túnica. L a casa es graciosa y bella, con esa belleza amable que tienen las casas de placer con que a finales del siglo x v m se poblaron los parques principescos. Toda en granito, de un solo cuerpo y un solo piso, con grandes ventanales y puertas en cada fachada, y sobre la principal, que adornan dos columnas jónicas, un trofeo de caza. Una gran montera empizarrada de diversos planos la cubre y es su esbeltez, su suprema gracia. Más que palacio podría decirse que es pabellón, un pabellón de arte, como su destino, que languideciera en el más completo de los olvidos; sus ventanas cerradas por persianas de un verde desvaído dan, aún más la sensación de sU abandono. Es la casa muerta que evoca a su muerto señor. Dentro, nada; pequeños apartamentos que circundan un gran salón, gracioso y señorial. Es la sala de conciertos que ornaban tapices, consolas y relojes de dorado bronce y un canapé adosado que formaban cuatro rinconeras, que ahora se encuentran repartidas entre dos salones del palacio monacal. E n cima de este salón, cuartos en bóveda de cañón donde se colocaban las ejecutantes a quienes, igualmente, se podía escuchar desde la plazoleta situada detrás del edificio, una plazoleta que tiene una mesa labrada en piedra berroqueña, y a su alrededor unos bancos, también en pie L A REINA MARIA L U Í drá. Y aquí nace el jardín en todo su maS A POR GOYA, (FOTO ravilloso encanto, un jardín sentimentalRUiz V E R N A C C I) mente evocador, muy español, todo carácter,
 // Cambio Nodo4-Sevilla