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Veamos ahora en l a forma que en distintas épocas de su v i d a entonó con la magia de su elocuencia insuperable, las alabanzas y elogios- -mejor diría verdadero salmo- -a las glorias de España: D e l discurso pronunciado en el Congreso el día 8 de j u n i o de 1872: Y o n o conozco error político más grave que herir él sentimiento nacional de u n pueblo como el pueblo español; de un pueblo que sintió antes que ningún, otro pueblo su independencia; de u n pueblo que peleó trescientos años con los romanos y setecientos años con los árabes; de u n pueblo que venció a los Abderramanes en Clavijo, a los A l m a n zores en Calatañazor, a los Almohades en las N a v a s de Tolosa, a los Abencerrajes en G r a n a d a de un pueblo que fué escudo de todas las nacionalidades cristianas durante l a E d a d M e d i a de u n pueblo que perdonó a D Pedro el Cruel todos sus horrores porque í u é destronado por extranjeros, y nunca quiso reconocer la g l o r i a inmortal de Carlos VI porqué extranjeros lo entronizaron; de un pueblo que se apartó de l a atracción del I m perio de Carlo- Magno, y que cometió la inmortal demencia de combatir en el siglo presente a l guerrero más grande que ha visto l a H i s t o r i a de un pueblo cuyos territorios, desde Roncesvallés basta Cádiz, son otras tantas Termopilas; cuyos héroes, desde V i riato hasta M i n a son otros tantos Leónidas; cuyos poetas, desüe los anónimos iue escribieron el Romancero hasta los flusfres que cantaron la noche del Dos de M a y o son otros tantos Tirteos; de un pueblo invocado por V i c t o r H u g o en París, asediado; por B y r o n en M i s s o l o n g h i por K o e r n e r en V i e n a por Rostopchine, en M o s c o u por los alemanes, cuando peleaban contra los franceses en 1814; por los franceses, cuando peleaban contra los alemanes en 1870; porque dondequiera qué se combata por l a patria, los combatientes aprenderán ejemplos en este movimiento vivó de. los sacrificios por la i n dependencia. D e l discurso pronunciado el 25 de agosto de 1873, al tomar posesión de la presidencia de las Cortes Constituyentes y cuando estaba en su comienzo el alzamiento cantonal ¡Q u é noche tan tremenda para l a H i s toria! i Qué noche para el mundo, si ahora que se acaba de formar la nacionalidad italiana, ahora que ha resucitado la muerta Hungría, ahora que por todas partes se van formando nacionalidades en el seno de la antigua Germania, desapareciese l a más ilustre, l a más gloriosa de las naciones modernas: aquella que despertó de su soñolencia a los pueblos asiáticos llamándolos a la navegación y al comercio con el resplandor de su áurea corona; aquella que mantuvo un siglo la civilización romana con sus fiilósofos, con sus poetas, con sus oradores, con sus Césares; aquella que antes qtíe ninguna otra civilizó a los bárbaros, entregándolos al yugo blando de l a c i v i l i zación latina y a l a educación entonces necesaria y saludable de la Iglesia católica; aquella que mantuvo el rescoldo de la ciencia, el filtro de l a vida, el estudio de la naturaleza en Córdoba y Sevilla, cuando el mundo entero parecía gemir bajo l a maceración y la penitencia y bajo los terrores del juicio final; aquella que con su genio prodigioso sembró una nueva creación en el movible seno del Atlántico; aquella que con sus grandes expediciones marítimas hundió en las aguas de Lepanto la media luna, impidiendo que el Mediterráneo fuera el lago de los serrallos de turcos y luego por las expediciones científicas de Magallanes descubrió los hemisferios de América, el camino del A s i a ál mismo tiempo que volvía Elcano, bajo las alas del genio, de dar por vez primera la vuelta a l mundo; aqueflaque, cuando aparecía más unida al absolutismo, protegió el nacimiento de l a libertad y el nacimiento de la R e- pública en América; y cuando parecía más muerta, durante la guerra de l a Independencia, se levantó como un solo hombre, y cual D a v i d a Goliat derribó en él polvo al gigante de la fortuna; y cuando parecía con menos iniciativa, por sus grandes ideas constitucionales de 1812, hizo que despertara Grecia, que se infundieran las ideas liberales en las venas de Italia, repulsiva ¡siempre a l a Revolución francesa, simpática siempre a la revolución español a nacionalidad que debemos conservar, porque es nuestra madre, porque es nuestro hojj- ar, porque es nuestro templo, porque fue ayer nuestra cuna, porque mañana será nuestro sepulcro, y además porque es necesario que se conserve esta nacionalidad, para que dé levadura de arte y de hehoísmo a la vida del planeta, para que dé levadura de derecho y de progreso a l a vida del humano espíritu. D e su libro Un año en París, 1875: España constituye una g r a n nacionalidad, que tiene una de las más espléndidas historias. Y o no llevaré m i amor propio hasta el punto de creer que ha servido siempre España la causa de la civilización. S é muy bien cuántas veces se ha opuesto a los progresos humanos. S é muy bien cuántas luchas ha sostenido en los campos de batalla por ídolos caídos, por ideas muertas. H e contado el número de castigos que D i o s le ha infligido por el número de eslabones de las cadenas que m i P a t r i a ha forjado. P e r o si un día hubiera u n Josafat de las naciones; si llamaran a los pueblos a rendir cuentas de su vida en un juicio universal, al presentarse España coii l a deslumbrante corona que le han ceñido sus arx UON ÁNGEL P U L I D O I L U S T R E E S C i m O R MO AMIGO D E CASTELAR. INTI- tistas; con el escudo que forjó para la E u ropa cristiana en l a guerra de setecientos años; con batallas continentales corno las Navas, donde fueron vencidos los crueles almohades, que, semejantes al soplo abrasador del desierto, se dirigían a extinguir l a luz del cristianismo; con batallas marítimas como Lepanto, donde fueron vencidos los turcos que se dirigían a sembrar el venenoso fatalismo por las orillas del M e diterráneo, el mar de la civilización; con descubrimientos como el de América, que arrancó un secreto al Océano y dobló l a t i e r r a con protestas como l a escrita contra l a desmembración de P o l o n i a y esfuer- zos como los hechos p o r l a inmortal obra de W a s h i n g t o n con sacrificios como el gloriosísimo de l a guerra de l a Independencia, el cual ¡han invocado en sus horas de angustia todos los pueblos oprimidos cuando pelean por sus hogares y por su p a t r i a bien merecía ser anotada en el libro de los juicios eternos como uno de los pueblos que más han cooperado a l a obra d i v i n a de la segunda naturaleza, a la obra divina de la civilización universal. D e l discurso pronunciado en el banquete que le ofrecieron los liberales italianos en el Casino progresita de Roma, el 12 de mayo de 1875: S e ñ o r e s Permitidme que, profundamente conmovido, principie volviéndome como en espíritu hacia Occidente y evoque la sombra, l a imagen de m i patria. Santa madre de m i espíritu. hogar sagrado de m i corazón, templo de mi conciencia, el afecto inmenso que por ella siento crece con sus desgracias y toma en el extranjero la solemnidad y l a grandeza de un culto. Vuestros elocuentísimos loores, vuestras ardientes invocaciones a la noble España han penetrado hasta el corazón de este su hijo y lo han llenado de inextinguible agradecimiento; S i en el calor de las improvisaciones, si en la amistad fervorosa hacia mí alguna palabra sobre desvío, olvido o i n gratitud se ha deslizado, sólo me toca protestar contra esa palabra, tan amistosamente como ha sido amistosa la insinuación, pero tan enérgicamente como cumple a mi deber y a m i conciencia. España nada me debe a m í yo todo cuanto soy se lo debo a ella, y la siento latir en m i corazón y arder y brillar en m i mente, penetradas de su jugo mis venas, de su calor toda m i vida. Sobre los errores de los partidos y de los Gobiernos se levanta España inmaculada, como la Humanidad sobre lor. errores de los individuos. España podrá proceder como quiera con sus h i j o s pero sus hijos no dej a r a n jamás, n i por un momento, de ado 1 arla como la personificación de todo cuanto han amado sobre la faz de l a t i e r r a E n el Congreso, el 14 de noviembre de 1881; Aunque no tuviéramos otra razón de ser tendríamos la razón de nuestro patriotismo j Cuántos sentimientos en la v i d a! ¡Cuántas cosas en ella que no dependen de nuestra libertad n i de nuestro albedrío! ¡Cuántas desgracias, s í pero también cuántos favores, para los cuales no hemos hecho ningún merecimiento 1 Muchas veces, al oír nuestras canciones populares a l a luz de las estrellas en el estío, o leer el Romancero al amor de la lumbre! en las largas veladas del i n v i e r n o al ver los cuadros de nuestros grandes artistas o las cúspides sublimes de nuestras malj estuosas Catedrales; al recordar los hechos históricos, cuva grandeza no cabe n i en los bronces de la inmortalidad; al repasar las páginas de C e r vantes, las escenas de Calderón; al hollar las eras de Zaragoza o las piedras rodadas por el suelo desde los débiles muros de Gerona, heme recogido en mí mismo v he dicho, con los ojos arrasados en lágrimas, interrogando al eterno revelador de todos los misterios: ¡D i o s m í o! ¡Q u é habré hecho yo para ser hijo de este suelo, qué mérito había en mí antes de nacer para que me d eses en la v i d a natural una madre tan buena y en l a v i d a social una P a t r i a tan grande! Tiene nuestra democracia que d i vinizar a la P a t r i a como nuestra religión h a divinizado a la mujer. P o r tnuchd que hagamos no agotaremos nunca los deberes nuestros con España. Sirvámosla todos desinteresadamente, unos desde el Gobierno y otros desde l a oposición, cada cual en su sitio, y estemos seguros de que hoy nos aplaudirá nuestra concienciá y de que nos aplaudirá mañana la H i s t o r i a t i NATALIO RIVAS
 // Cambio Nodo4-Sevilla