Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. M I É R C O L E S 8 D E N O V I E M B R E D E 1933. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 18. TRIBUNAL DE GARANTÍAS E l recurso de don Juan March 1 Madrid. Se reunió el Tribunal poco después de las cuatro de la tarde, poniéndose a. discusión, una vez aprobada el acta de la reunión precedente, el dictamen que desestimaba el recurso de D Juan March, comenzando aquélla por el voto particular suscrito por el Sr. Alcón. Pidió la palabra el Sr. Pradera para adherirse al voto particular, manifestando que el fundamento en que se basaba era muy suficiente para que el Tribunal lo estimase, ya que el procesamiento dictado contra March no fué por delito perseguido de oficio, pues en toda la técnica procesal se entiende por esta palabra el procesamiento recaído en delitos en que ejercite la acción pública un fiscal, lo mismo ante los tribunales ordinarios de lo Criminal, como ante los Consejos de Guerra y Marina, según los artículos que citó. N o puede darse en consecuencia, en buen léxico procesal, a las palabras de oficio otro significado que el conocido corrientemente, y por ello no puede ser estimada esa causa de incapacidad en un procesamiento dictado por una comisión de Responsabilidades que carece de los requisitos y condiciones, del m i nisterio fiscal. Pero para el Sr. Pradera hay un motivo de mayor importancia que impide estimar como válido el procesamiento dictado contra D. Juan March, ya que, según claramente se especifica en el artículo primero de la ley de 27 de agosto de 1931, es competencia de la comisión de Responsabilidades tan sólo l a misión de instruir diligencias sobre altas responsabilidades políticas, o de gestión m i nisterial en las cinco categorías que señala, sin que eso afecte, por lo tanto, al orden crimina! sino al de d año causado a la nación, con concepto distinto de aquél, no pucliendo atraer ni aun el supuesto de materia delictiva, delitos conexos que ni siquiera se citan en la ley. Añádese a ello que per esto la comisión de Responsabilidades se limita a formular los cargos, remitiendo lo actuado a los Tribunales que procediere. Ejemplo claro de la separación entre responsabilidaE l recurso del señor Pedregal des políticas y criminales es el que dio el Leída la ponencia que propone l a estimaParlamento en el asunto de Casas Viejas. ción del recurso del Sr. Pedregal, fué aproTerminó manifestando que para él no habada sin discusión, con la abstención del cían falta mayores aportaciones para resolpresidente, quien la explicó en el sentido de ver pero que habiendo oída que las impuque por razones de orden personal, que no taciones del acta acusatoria eran distintas significaban hostilidad para nadie, ya que de las del uto de procesamiento, lo manipara ambos contendientes tenía respetos y festaba ai Tribunal por si quería que se aporamistad, entendía procedente aquélla. explitase este hecho nuevo, según lo sostuvo en el cando sus votos los Sres. Sánchez Gallego día anterior, por no ser una aportación a y Abad Conde. priori, sino a posteriori. Dióse lectura a continuación de l a ponenE l señor Martín Alvarez hizo notar la d i cia relativa al recurso del Sr. Calvo Sotelo. ferencia substancial que existe entre T r i b u E l Sr. Gasset suscitó la cuestión previa de nal y Comisión; que l a de Responsabilidades que, siendo el recurso de apelación, y no no era Tribunal, n i estaba, dotada de fiscal; de. súplica, no procedía tramitarlo, contesque su misión era instruir diligencias y no tándole el Sr. Martín Alvarez que era cosa dictar resoluciones judiciales V no existía resuelta por el Tribunal que el procedimienpropiamente un procesamiento, sino una resolución de Comisión investigadora, que no to del mismo, según palabras del Sr. Beceña, no resultaba formalista n i rituario. lo que procedía dentro de su función. P o r lo que fué aceptado, con el voto en contra del señor estimaba que debía votarse la aprobación Besteroecha solamente. del voto particular que se discutía. (E l Sr. Gasset insistió en su punto de vista, E l señor Abad Conde comenzó por repromanifestando que por esa circunstancia se char a los anteriores vocales un cambio de revotaría, interviniendo el Sr. Ruiz del Casopinión, con respecto a l a expuesta en el tillo, ¡para, manifestar que no se podía plandía anterior. Apuntó lu posibilidad de una tear esa cuestión. informalidad, que dañaría el crédito del T r i Entrando en el fondo del asunto, el señor buna! Supuso que los vocales no republicaTaltabull entendió que procedía aportar el nos que habían llegado al Tribunal, por gradocumento de incorporación al Colegio de d a de la República, cooperaban a sus daños, y añadió que por no haberse aceptado, Abogados del Sr. Calvo Sotelo, y el presidente, anticipando que en este particular su propuesta del día anterior, relativa a l a aportación de documentos, se rebotaría, al coincidía con el criterio del Sr. Pradera, ponerse 1 votación el voto particular. anteriormente expuesto, o sea el de que no Las palabras del señor Abad Conde dieron origen a un violento incidente entre aquél y el señor. Pradera, quien le replicó que él y sus amigos no eran pordioseros de la República, sino que estaban allí por voluntad de sus electores y de la ley, y que el criterio del señor Abad Conde revelaba que, a su juicio, los cargos que desempeñaba durante la Monarquía lo fueron por gracia de ésta, a lo que asintió el señor Abad Conde. E l presidente intervino, para rogar a los señores vocales que cesasen en sus actitudes, y el señor Abad Conde continuó su i n tervención, haciendo diversas observaciones acerca del concepto de oficio que figura en la ley, y afirmando que en el día anterior ya había hecho notar que en el acta de acusación se hacían imputaciones distintas de las que figuraban en el auto del procesamiento. E l Sr. Pradera rectificó, diciendo que iba a prescindir de los cargos mitinescos que le habían sido hechos por el Sr. Abad Conde; que en el acta de la ses ón nieri- r consta que no se había opuesto a que a posteriori, y según las necesidades de la discusión, se aportaran nuevos documentos, sino a que a priori, y sin conocimiento de lo que fuese necesario para escla- ícimienfo de los vocales, se apla ¿ise 3 a d jcus ó i. Los Sres. Beceña y Alcón, el pr mero a nombre de la ponencia y el segu. Vo com firmante del voto particular, manifesta oa que una y otro se basaban en el solo procesamiento por cohecho, y que si éste no había sido sostenido en el acta acusatoria carecía de fundamento y debía ser revisado. E l Sr. Martín Alvarez pidió que los documentos que vinieran, si así se acordaba, fuesen auténticos y no copias, y el Sr. Bernard reprodujo sü petición de que se apartase igualmente el auto del Tribunal Supremo sobre no haber lugar al procesamiento del Sr. March. Finalmente se acordó aportar al expediente el acta o actas de acusación de aquél, su situación como diputado, la de la comisión de Responsabilidades y el auto del Supremo, con facultad en los vocales de pedir, en término de cinco días, los nuevos documentos que estimen necesarios después de conocidos aquéllos. hacían falta documentos n i en el caso dé March n i en éste, propuso que se siguiese el mismo eritero con el Sr. Calvo Sotelo; es decir, que se aportasen; los documentos referentes a 3 a sentencia recaída y que se añada, por indicación del Sr. Alcón, el auto de procesamiento. Finalmente fué desestimado, sin discusión, el recurso entablado por el vocal electo de la región murciana, y se nombró una po- nencia, formada por los señores Abad Conde, Sánchez Gallego, Silió y Beceña, para comenzar el estudio del reglamento de régimeii interior, que se pondrá a discusión uña vez que se redacte, aun antes de la apartación de los documentos que se piden, si estuviese con antelación redactado. A las siete y cuarenta y cinco de la noche se levantó la sesión. EL PLEBISCITO VASCO DEL ESTATUTO Recibimos cartas de Bilbao dándonos cuenta de cómo se ha efectuado la votación para el plebiscito del Estatuto. Estos testimonios no hacen sino confirmar lo que ya se suponía desde el instante en que se i m posibilitó la intervención eficaz. Colegio hubo, según carta que tenemos a la vista, en el que a las nueve y media ds la mañana aparecía una votación de casi todo el censo, y en otras muchas secciones, a medio día habían votado. ya todos los electores en una proporción enorme, que en muchos sitios rebasa el 80 por ioó de las listas, dicen bien claramente lo ocurrido. L a razón de nuestro españolismo, que sentimos cada día más apasionada y entrañablemente cuanto más en peligro vemos la prosperidad de la patria, por obra de la política del régimen, nos sitúa siempre enfrente y en contra ele toda tendencia de autonomía política. N o consideramos necesario repetir que l a que se orienta hacia un sistema; descentralizador en lo administrativo, para mayor fuerza y vitalidad de las Haciendas! locales y provinciales, tiene nuestra simpatía, Pero en lo político, en. todo aquello quei significa propiamente función del Estado, juzgamos que las concesiones son desgarraduras de la unidad, sin la cual no puede concebirse la grandeza de España. N o queremos admitir que en las Provincias V a s congadas predomine la corriente separatisi t a ha sido siempre el País Vasco profundamente religioso y trabajador y ahora se aviva y se agita el ansia estatutista; el fenómeno es consecuencia de la política que en estos dos años y medio ha imperado; de las leyes disparatadas que salieron de las Cortes constituyentes y que, con la Constitución misma, son permanentes... hasta tanto una prudente y patriótica revisión no las cambie o las modifique. Las Provincias Vascongadas pueden acaso sentirse mal avenirlas dentro del Estado español, no dentro de la E s paña de siempre, que es, en definitiva, Jd que siente también inmenso número de españoles de los cuatro puntos cardinales. N o creemos, pues, en un separatismo de raíz que odie a l a nación y repugne la conciencia oficial. Las Provincias Vascongadas, que han sido siempre modelo de administración, na tienen motivos para anhelar la ruptura! de lazos, puesto que el concierto económico las situó siempre en un plano privilegiado rlé albedrío e independencia, y si ahora, por el ejemplo de Cataluña, asparan también al mane ¡o de servicios y al goce de una antonomía más amplia, no es por estímulos íntimos, sino ñor la influencia de las circunstancias políticas. Ello, por supuesto, en la creencia de que el plebiscito haya sido una fiel expresión de mayoría y no una serie de ficciones y. de hipérboles,