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MADRID- SEVILLA 9 DE NOVMBRE. D E 1933. N U M E R O S U E L T O JO C E N T S REDACCIÓN: PRADO D E SAN SEBASTIAN. DIARIO ILUSTRADO. AÑO V 1 GES 1 MON O V E N O NUMERO 9.512 SUSCRIPCIONES X ANUNCIOS, MUÑOZ O L I V E C E R C A N A A T E T U A N S E V I L L A LOS MOTIVOS DEL SUFRAGIO S P A N A BAIO E L F U R O R Y L A I M P U N I D A D D E INCENDIARIOS Y FORAJIDOS Teoría: E! intento de asalto al Círculo de Ja calle de Alcalá y el linchamiento de Jos detenidos. Las turbas frente a la casa de A B C Una nota inolvidable de Maura. Los incendios del día n y su repercusión en provincias. L a caída de un régimen, por patriótica decisión de su más alta persona, a consecuencia de unas elecciones municipales, sólo itioralmente adversas a la institución monárquica, no podía suponer, dentro de una lógica elemental, el que los monárquicos españoles abandonaran un modo de sentir y de comprender su derecho a la lucha; la defensa de intereses en los que el monárquico veía puesta en juego nada menos que la salvación de España en la consubstancialidad de las raíces nacionales con las proposiciones inalterables del monarquismo. Así, al medio mes de instaurarse la República en su Gobierno provisional, en cuanto las elecciones generales eran una posibilidad inmediata, los hombres de la Monarquía se prepararon, dentro de su derecho- -y de su deber- -a la lucha legal. Se buscó un piso para instalar el Círculo Monárquico donde pudiera organizarse la propaganda. Allí se nombraría la Junta directiva para las elecciones, y el! a elevaría, en su primer acto público, un escrito al Gobierno que sirviera a la vez de manifiesto a la nación española. N i siquiera esto, encontrados los locales de la calle de Alcalá, pudo llevarse a efecto; bien es verdad que para algo habían llegado, encaramándose en los techos de los tranvías, blasfemando a las puertas de las iglesias, mutilando monumentos y entregando las ciudades de España al desenfreno del libertinaje y a la exaltación de la brutalidad, no siempre anónima, la tan decantada democracia republicana los bien nombrados derechos del hombre la sagrada libertad etc. que habían llenado de augurios del más típico y tópico estilo revolucionario enciclopedista afrancesado e ilustrado a la joven República española, de la República que, acaso, pudo ser lo que fué hasta hoy de haber nacido en cuna sin maderas de Palestina, bajo el influjo del mandil y el triángulo y condicionada a los mil intereses ceados que pactaron con la desmembración nacional. L a reunión en el Círculo Monárquico señalada para el da 10 de mayo, no solamente permitida sino presenciada por las autoridades y anunciada convenientemente y públicamente, había de ser interrumpida poniendo en grave aprieto a algunos más que los reunidos en la casa de la calle de Alcalá: a un ministro de la Gobernación y a todo un abanico de políticos que inconscientemente perdió aquellos días- -a pagar más tarde- -la confianza de la inmensa mayoría de los españoles que pudieron comprobar en el fondo de aquel torbellino de locura la enorme distancia existente entre el paraíso republicano ofrecido y la triste realidad que el sectarismo, la intolerancia y las bajas pasiones ponían delante de los ojos a los menos perspicaces. L a impopularidad de muchos de aquellos políticos, y concretamente la de M i guel Maura, se firmó en aquellos días. turbas incendiaron tres automóviles frente: a los balcones de la casa sitiada. Claro esiá que los llamados guardias cívicos no penjaron tampoco impedir las hogueras que disimulaban un pillaje verdaderamente técnico de las piezas de más valor. Estaban ocupadísimos desde la escalera del Círculo en injuriar y amenazar a los reunidos en él. E l teléfono llamó muchas veces. Tampoco el ministro de la Gobernación parecía estar dispuesto a molestarse lo más- mínimo pot la suerte de unos señoritos monárquicos, cuya cacería se iba a emprender dé un m mentó a, otro. Sobre las tres de la tarde llegó el comisario general, Maqueda, qué ordenó que fueran saliendo los reunidos en el Círculo para ser conducidos a la Dirección de Seguridad en unos automóviles: blindados: En fila india salieron los primeros, entregando su documentación a la Policía situada en el portal. Una vez dentro el coche celular las turabas incendiaron el coche y pincharon los neumáticos; sacaron a los detenidos, pretendiendo lincharlos. Las primeras víctimas del acto salvaje fueron el marqués de Camarines y los señores Pombo y Santander, quienes recogieron a Camarines del suelo, creyéndole muerto. Eran sus amigos y no sabían quién era. Era imposible reconocer a nadie en aquel rostro brutalmente abofeteado y pateado. Aquellos energúmenos dirigidos habían cumplido perfectamente con su primer compromiso. Faltaba el segundo, y, ante la pasividad absoluta de las autoridades, cuya misión, no era- otra que la de detener a las víctimas, emprendieron la marcha sobre el edificio; de Prensa Española. Los sagrados derechos del hombre, entre los. que sin duda existe el derecho al salvajismo, tío estaban saciados todavía. El intento de asalto al Círculo de la calle de Alcalá y el linchamiento de Jos detenidos La brevedad, fácilmente comprensible a que está sometida la redacción de estas evocaciones comentadas, hace seguir a quien las traza el criterio de sugerir, casi más oue explicar, lo sucedido durante los días io y l i de mayo. Casi simultáneamente a la reunión, legalmente autorizada, de los monárquicos en sus locales de la calle de Alcalá, se empezaron a proyectar gentes y grupos sospechosos delante de la casa. Personas conocidas, si no en la vida española, en los mundillos políticos, y aun en ese. otro mundo de la revuelta profesional y hasta económica iban y venían entre ellos, dando mal disimuladas órdenes, conectando elementos diversos, exaltando a los curiosos que empezaban a sumarse al prólogo de la salvajada en proyecto. ¿Quiénes eran los que al principio de la reunión política comenzaron a estacionarse en la calle? Apenas cuarenta o cincuenta, en su mayoría mecánicos y varios chiquillos. En cuanto ios que estaban dentro del Círculo se dieron cuenta, y para que no se pudiera tomar pretexto alguno, maliciosamente previsto, decidieron telefonear al señor Maura, quien contestó diciendo que dentro de inedia hora enviaría a la Guardia civil para cubrir la. salida sin incidentes. Era la una y la Guardia civil llegó a las. cuatro- y media. En tanto, después de haber hecho uso de la palabra el marqués de Luca de Tena, el duque de Seo deUrgel y D, Federico Santander, y esperando ya la fuerza anunciada por Maura, el portal había sido cerrado y los grupos empezaron a aumentar considerable y alarmatemente. Una especie visiblemente falsa que recogió más tarde la Hoja del Lunes, exalta aparentemente a aquellos que ya sabían mucho antes que tenían que ir a. la calle de Alcalá precisamente a eso: a. exaltarse, a hacer cundir la alarma, a excitar a las masas, que espontáneamente se. iban uniendo a los agentes provocadores. Fué aquella especie del chofer asesinado po el director de A B C, que naturalmente tenía un doble objeto; en el de asaltar el Círculo y el pretender más tarde el asalto e incendio de la casa de Prensa Española A la una y media y ante la impasibilidad de los guardias de. Orden Público, que parecían guardar las puertas del Cjroulo, laj Parte del mismo público, y nuevas huestes incorporadas en el camino, fueron por la calle de Serrano y el paseo de la Castellana hacia el edificio de A B C. Las insinuaciones de cierta Prensa en los primeros días de la República no estaban mu 3 lejos de una responsabilidad existente detrás de esta organización criminal e incendiaria que intentó el asalto a nuestro periódico, al grito de ¡Al A B C! ¡Al A B C! Como domingo, sólo había en el edificio las personas de Ja casa que están obligatoriamente en tales días: un portero, un telefonista de guardia y tres empleados más, con distintos cometidos, pero todos sin armas. Haiña teffibifiíi algunas parejas de la Guar- Las turbas frente a la casa de ABC
 // Cambio Nodo4-Sevilla