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rada. Cuando yo apuntaba mi confianza en un resultado favorable; ios enterados me desengañaban: Mientras se esté hablando- -me decían- -de temas doctrinales (revisión constitucional, reforma del sufragio, voto femenino) todo irá bien; pero al plantear la cuestión de personas surgirá el rompimiento. A s í fué. Machado se presentó un día en el Capitolio a declarar resueltamente que él no abandonaba la presidencia hasta que terminara su mandato. ¡Y lo único que importaba es que la abandonara! -N o quiero opinar. N o he hablado de política española en el extranjero, y quisiera no hablar, por ahora, en España de la política de otros pueblos, sobre todo de un pueblo como Cuba, tan unido a nuestro corazón. Sospecho que muchos de los que se mostraban muy indignados contra el viejo y contra las crueldades, evidentes, de la dictadura niachadista verían hoy con gusta a D Gerardo reinstalado en el palacio del Parque de Zayas. Es un proceso natural, las dictaduras engendran las revoluciones... y las revoluciones hacen florecer pronto los desengaños y los arrepentimientos. -E n todas partes hemos sido recibidos con gran cariño. H e de consigna mi gratitud a los representantes diplomáticos y consulares, que nos han colmado de atenciones: a las colonias españolas y a los m i sioneros que en todo el Oriente- -de Jerusalén a Shanghai- -enaltecen el nombre de E s p a ñ a difundiendo al mismo tiempo la fe y la cultura. r Con nuestros amigos los beduinos. Federico Santander y sus compañeros visitan tina tribu en el desierto sirio. (Fotos Expedición La Vuelta al Mundo. hierros, el sillón de damasco claveteado... E s p a ñ a- h a dejado su huella en todas partes. California y Florida son dos reflejos españoles. Filipinas y Cuba son hoy nuestras como nunca lo fueron; al perder la dominación política, España ha ganado la dominación espiritual: filipinos y cubanos han comprendido la magnitud de la obra civilizadora de los españoles de otros siglos, y, libres de prejuicios y recelos, nos entregan hoy p l e n a mente su alma. Estar en Manila o en la H a bana es estar en. una ciudad de E s p a ñ a nuestra vida nacional se sigue al día. Los periódicos La Tribuna e Informaciones, en M a n i l a Diario de la Marina y El País, en la Habana- -sirven d i ligentemente las noticias de la Península. T a m b i é n en N u e v a Y o r k hay un g r a n diario escrito en castellano, La Prensa, con muy c o m p l e t a información, y se editan revistas como Cine Mundial y algunas de deportes, destinadas especialmente a los lect o r e s suramericanós. -S í nuestros autores son conocidos y leídos en Norteamérica. E n Nueva Y o r k hay tres librerías españolas. Desde luego, en Filipinas y Cuba, como en todos los países de lengua hispana, el libro español figura en primer t é r m i n o junto a las producciones nacionales, merecedoras de m á s atención que la que por acá las c o n c e d e m o s H a y en esto una i n justicia, que debe ser reparada. E n el resto del mundo, por desgracia, nuestra literatura contemporánea es poco menos que ignorada. Sólo en una librería de Bombay v i traducida al inglés, una obra de Unamuno. -L o español goza de simpatía universal. E n Estados Unidos no hay ciudad sin una españolada (un restaurante, un dancing, un cine, un almacén) pastiches que repiten los inevitables elementos decorativos: la reja, el azulejo, el plato taiaverano, la mesa con -Poco teatro español por ahí fuera. -Y en general, poco teatro. A Filipinas no llegan compañías de comedia. Las obras españolas son conocidas por las compañías de aficionados y por la lectura (en Manila Gráfica, la librería de la calle de la Escolta, llovían encargos de la Santa Teresa, de Marquina) -E n Hollywood son figuras culminantes Catalina Barcena y Gregorio- Martínez Sierra. Con ellos, y con otros triunfadores- -Conchita Montenegro, José López Rubio, Julio P e ñ a- -r e c o r r i m o s la ciudad imantada que atrae tantas ilusiones juveniles. V i mos la primera prueba de Una viuda romántica, versión de Sueño de una noche de agosto, en l a que Catalina Barcena supera sus creaciones anteriores. Tres días v i v i mos la vida de los estudios, en realidad fatigosa e ingrata. L a impresión que me ha producido Hollywood difiere mucho de la divulgada por el mundo. De todos los españoles que han hablado y escrito sobre Hollywood, el m á s certero, a mi juicio, ha sido Jardiel Poncela; Jardiel Poncela- que con un contrato espléndido salió de allí corriendo y se volvió a España, porque la mágica ciudad de los encantos le resultaba insoportable. -N o han faltado vicisitudes, penalidades, riesgos, sobre todo desde que salimos de Italia hasta que llegamos a Malaca. Los Balcanes, Turquía, el desierto! la India... Jornadas abrumadoras, extravíos, vuelcos, accidentes... H a y bastante que contar. Y a contarlo dedicaré el invierno. Recorreré E s paña, haciendo el relato de mi viaje. E s cribiré en A B C una serie de artículos sobre diversos aspectos de la expedición; prepararé un libro que recogerá la vuelta al mundo en automóvil por cuatro españoles de buena voluntad. Para éste, y para ios artículos de A B G, dispongo de m á s de cuatrocientas fotografías, ¡hechas por mis compañeros. Ellas, con su interés, suplirán las deficiencias que pueda haber en mis pa! abra s. R. A L E N Z O Con Catalina Barcena y Martines Sierra, en Hollywood.