Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. M A R T E S 14 D E N O V I E M B R E D E ig 33. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 1? ornprofaaron bien pronto, pidió declaración explícita. E l Sr. Azaña, con ese fingido aire de sorpresa que suele emplear para empequeñecer un argumento polémico, se apresuró a las más terminantes protestas. ¡Quién pensaba en que fuese víctima l a Prensa! D e ninguna manera la Prensa, singularmente l a que vive a la luz del día. S i acaso, podían temer los libelos, los reptiles que viven en l a sombra Contra esos, sí. C o n tra esos vamos; no contra l a Prensa digna. E l corro periodístico adicto comentaba la declaración, resaltando su nobleza A las pocas semanas, el Sr. Casares nos comunicaba l a suspensión de A B C por término de tres días, según aplicación de la ley de Defensa por un adjetivo con que habíamos calibrado a l i grey parlamentaria. Días después, temeroso el Gobierno de l a campaña de El Debate al abrirse l a discusión del proyecto sobre Congregaciones religiosas, decidió deshacerse de esa molestia, suspendiéndolo indefinidamente; y con tan descarado propósito, que l a suspensión duró cerca de ti es meses, y no tuvo fin hasta después de promulgada aquella ley. L a campaña de El Imparcial contra el Estatuto se eludió descaradamente con l a misma medida. Y sucesiva o simultáneamente -que en esto de as suspensiones de periódicos y a perdimos la cuenta- -fué aplicándose l a receta a El Mundo Obrero, La Correspondencia Militar, Solidaridad Obrera y algunos otros de provincias, hasta el verano de 1932, en cuyo mes de agosto, aprovechando una coyuntura de falsificado ambiente, el Sr. Azaña suspendió de golpe la friolera de 114 periódicos. IJegó en l a cifra a l a proporción que dictador alguno había igualado, y en l a duración a plazos que intencionadamente i m plicaban la ruina de las. Empresas, y aun en el caso de resistencia económica, un quebranto de tal cuantía, que exigiera sacrificios de dilatada amortización para soportar las pérdidas L a s de A B C se cifraron en 49.261 pesetas por gastos y pérdidas diarias. Descontando 24.607 por ahorro de papel, productos, informaciones, colaboraciones y servicios, restaban líquidas 24.654. Y como la suspensión alcanzaba ciento doce días, la pérdida montó dos millones trescientas, noventa y un mil cuatrocientas treinta y ocho pesetas. tar el movimiento, y con tal premura f tan a rajatabla, que le concedió tres horas para lograrlo. S i en aquella ocasión n se pronunció la famosa frase n i muertas n i prisioneros el concepto venia a ser el mismo. E r a sugerir al jefe miijitar que procediese a sangre y fuego, sin emplear previamente táctica alguna para conseguir la rendición. P o r fortuna, el general se atuvo a su propio criterio, menos cruento, más hábil y más eficaz, y apeló a rodear, los poblados donde pretendían hacerse fuerte los sediciosos, con lo que los puso en fuga e hizo posible más tarde l a detención de. los principales sin feroces derramamientos de sangre. Había anunciado el Gobierno que ellos serían entregados a l a jurisdicción competente para su castigo. Con claridad do a entender que, reprimido el movimiento, i el Gobierno dejaría paso a los jueces para la sanción. Como de costumbre, se desmintió en los hechos. L a mayoría de los detenidos, luego d unos días de encarcelamiento, é fueron conducidos a bordo del Buenos Aires. No pesaba sobre casi ninguno de ellos acuL o s sucesos del L l o b r e g a t sación concreta Pero el Sr. Azaña, como en Los sucesos de la cuenca del Llobregat otros casos, decidió que el Gobierno sentensorprendieron al Gobierno, como tantos ciara e impusiera penas. Hacinados en el otros del mismo cariz anárquico. Aquéllos barco, permanecieron en aguas de Barcelona adquirieron desde el primer instante un varios días. De cómo estaban alojados pudo grave carácter de sedición. E l Gobierno no dar testimonio el propio conde de Güell, juzgó suficiente l a acción de las fuerzas quien visitó l a cárcel flotante y hubo de gubernativas y movilizó las del Ejército. disponer que se doblara el número de colLas palabras con que anunció esta determi- chonetas y de mantas. Zarpó, al fin, el Buenación fueron harto expresivas. Había ornos Aires; pero ocultándose el destino. E l denado- -dijo- -al jefe de la división aplasbarco iba a Fernando Póo. L a expedición iba a ser desembarcada en Bata. Pero no lo fué. Dificultades y razones de prudenF a j a s c a u c h o d a m a ¡Sin eoscia lo impedían. Como una embarcación t u r a s! E n t a l l a d a s F r a n c o s 46. P H dantesca, navegaba sin rumbo final, sin saber dónde dejar aquella carga humana. A l fifi l a soltó en V i l l a Cisneros, lugar a pro- pósito, precisamente por su aislamiento, su falta de agua, su calor tórrido y la ausencia de medios de vida, para que el trato Resultase más duro e inllevadero que el de un presidio. Quedaba solemnemente i n a u gurado el sistema y el lugar para cuando conviniese a la. cruel política represiva, que no tardaría en hallar nuevas víctimas. 0 0 bía operado en las urnas y se implantó sin resistencia. Y si en las detenciones se llegó a profusión no conocida en las más graves luchas del siglo pasado, en la penalidad de los confinamientos fué rebasado todo sentimiento, humanó. U n refinamiento i n compatible con la civilización occidental elegía los parajes más inhóspitos, más alejados de la vida social, más huérfanos de ele- mentos indispensables, a ser posible (y lo era) sin médico, botica, mercado ni pro- ducción. Verdaderos desiertos o aldehuelas montañosas en el desierto. A l g o que deprimiese el ánim con la equivalencia de una. mazmorra y que privase al confinado de l a asistencia y los elementos más indispensa- bles. E l caso del doctor Albiñana, que ha sido casi mortal, no es único, aunque sea el de más relieve. Y ni en éste n i en otros se cumplió siquiera lo que es obligatorio: el subsidio. Hasta en esto se quiso dejar l a huella del maltrato despiadado de una política sin entrañas. L o de agosto. Represión ilegal L o s confinamientos. L a s p r i s i o nes gubernativas N o queremos abusar de l a atención del lector ampliando estos recuerdos sintéticos. Haremos gracia de insistir sobre el tema de los detenidos gubernativos. Se ha llegado en ese abuso a l a cifra espantable de m i llares de ciudadanos. U n a denuncia anónima, una sospecha, una malquerencia bastaban para ultrajar l a libertad del ciudadano y sumirle en la cárcel. Casi, siempre sin acusación alguna. Y sin límite. Meses y meses de prisión, rebasando generalmente el tiempo de una pena de arresto menor. A l doctor Albiñana- -y a otros muchos- -se les retuvo un plazo que entraba y a en la pena de prisión correccional. N o se les hacía notificación alguna; no se les tomaba declaración; no se les comunicaba el motivo. E r a preciso rodearles de la indefensión más rotunda. Y así en Madrid, de orden del Gobierno, y en provincias, de orden de los gobernadores, y en los pueblos, a iniciativa de los alcaldes... E n l a historia de los Gobiernos déspotas no hay ejemplo que supere. Durante dos años y medio la libertad individual, el respeto al alberlrío y al hogar de los ciudadanos ha sido un mito. L o imponía la. campaña con, que se pretendía imponer el amor al régimen. A l g o así como el procedimiento de los chulos pasionales, que quieren alcanzar el amor a golpes. N i siquiera podían justificarse con estados de rebelión, porgue el cambio se ha- ES IMPORTANTE... que u s t e d c o n o z c a a l g u n o s p u n t o s e s e n c i a les d e l a t é c n i c a de l a o n d u l a c i ó n p e r m a nente E T J G E N E C a d a u n o de s u s m e c h o n e s d e c a b e l l o a n t e s de ser I n t r o d u c i d o en el t u b o c a l e n t a d o r debe e s t a r p r o t e g i d o de u n S A C H E F ETJGEXTE; en este p r e c i s o m o m e n t o l a sal u d de s u c a b e l l o e s t á en j u e g o R e c h a c e toda i m i t a c i ó n o falsificación. E x i j a S A C H E T E T J G E N E de él depende su p e r f e c t o r i z a d o P í d a n o s información g r a t u i t a S ó l o lo a p l i c a n los g r a n d e s p e l u queros. A los s e ñ o r e s p e l u q u e r o s c o n c e d e m o s f a c i l i d a d e s de pago p a r a l a a d q u i s i c i ó n de n u e s t r o s a p a r a t o s y secadores s i l e n c i o s o s x Vía JJayetana, 18. Barcelo ia A. -EUGENE N o hay que detallar los sucesos del 10 d é agosto. Pero, por l o que se refiere a Ja alocución, a toda aquella apoteosis de cartel que se hizo por las esquinas de M a d r i d para los guardias de Asalto y el tristemente famoso D A r t u r o Menéndez, valga l a consignación de este detalle: en l a batalla de la Cibeles no hubo n i una sola baja de las fuerzas del Gobierno. Y valga también el recordar, como matiz de aquella celebración del triunfo del Gobierno, la traducción que tuvo el júbilo oficial en Sevilla, donde, sin enemigo a quien combatir, se organizaron y consumaron tumultos e incendios bajo la protección gubernativa y con l a dirección declarada de tres diputados de l a mayoría; idos expresamente allí por los aires para acaudillar las masas vengativas. Pero importa aún más que todo eso rememorar cómp y erí qué gigantescas proporciones se desató, l a represión. E l señor Azaíía, una vez más, había declarado inte la Cámara que el Gobierno obraría estrictamente con l a ley. Y una vez más esa declaración fué l a señal de toda suerte de atropellos, vejámenes y desafueros. L o s encarcelamientos se contaron por millares; no hubo respeto n i consideración que detuviera el frensí policíaco, bien caldeado desde las a l turas y bien ayudado por l a más ruin soplonería. Los más bajos e infames pretextos sirvieron para mantener las detenciones semanas y meses, aun contra las resolucioines judiciales. L a falta absoluta de cualquier indicio o sospecha racional no servía para! nada.