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A B C MIÉRCOLES 14 D E N O V I E M B R E D E 1933. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 1 m e n t e q u e m a d a y ellos n o p r e s e n t a b a n quemadura a l g u n a E l jefe de las fuerzas de Asalto convino en liquidar todo antes de que fuera de día. L o s cadáveres de los once campesinos permanecían al lado de los. sitiadores. Volvió a reanudarse un fuego nutridísimo contra la choza de Seisdedos. Pedida de nuevo una tregua para que dejaran salir a las mujeres y los niños la fuerza accedió a que saliera sólo un niño. L a nieta de Seisdedos, asediada por su abuelo, también salió fuera; pero como la fuerza continuaba disparando sin cesar, corrió a esconderse detrás de un borriquillo. P o r fin, después de muchos trabajos, consiguió huir. E l animal había quedado acribillado a balazos. res de ios 1 La política de izquierdas ha arruinad a ios labradores y ha engañado a nos, hundiéndolos en i v m la miseria ¡Si quieres salvar a la agrio; ella la vida de tu pueblo, vota en candidatura de derechas in! ill! ¡illlil! ii! niillI! l! WI ¡IH silados y los arrojaron, en un montón i n forme, sobre los cadáveres ya calcinados. E l sol, en aquella trágica mañana, parecía que retrasaba su salida, como avergonzado de enviar sus rayos a aquel cuadro de espanto y apocalíptico. E n medio de un silencio escalofriante, el jefe de la fuerza de Asalto dio tres vivas a l a República, que fueron contestados por las fuerzas a sus órdenes... que la gravedad de lo sucedido en Casas V i e jas empieza cuando terminó la resistencia de los revoltosos, pues al pretender salir de la choza los revoltosos, se disparaba contra ellos. Afirma que el comisario de Policía de Sevilla decía a las fuerzas a sus órdenes que no debía haber prisioneros. También dijo que al preguntarle por teléfono desde Huelva el Sr. Rey M o r a al m i n i s t r o de la Gobernación, Sr. Casares Q u i roga, qué ocurría, contestó: N o se hagan ustedes ilusiones: P o r ahora, no hay revolución. L a nota de emoción de esta tarde la dio el señor Balbontín, diciendo que la Cámara entera tenía la íntima convicción de que fueron asesinados y quemados los rebeldes. Con palabras patéticas, pintó el cuadro de l a muchacha que salió de la choza con las ropas ardiendo, cayendo ametrallada. E n esa misma sesión, a preguntas del señor Barriobero, dijo el señor Azaña: ¿Dónde está la represión? E l subsecretario de Gobernación, señor Esplá, dijo que en Casas Viejas no hubo nada anómalo. E l señor Moreno Mendoza manifestó qué en Casas Viejas se encontraron once cadáveres sobre las cenizas de la choza del Seisdedos, pero sin quemaduras y acribillados a balazos. T r á g i c o fin de los sitiados. Las fuerzas de A s a l t o con ametralladoras, bombas de mano y gasolina, incendian la choza, pereciendo carbonizados sus ocupantes C u a n d o e l jefe de las f u e r z a s se decidió a i n c e n d i a r l a c h o z a l l e g ó u n a a m b u l a n c i a e n l a que i b a n u n d e l e g a do d e l g o b e r n a d o r c i v i l de C á d i z y t r e s g u a r d i a s de S e g u r i d a d Se d i s p u s o p o r fin e l a t a q u e P a r a petadas las fuerzas, tiraban contra l a c h o z a b o l a s de a l g o d ó n i m p r e g n a d a s e n g a s o l i n a y se l a n z a r o n o c h o o d i e z g r a n a d a s de m a n o a l t e c h o de l a c a s a E n e l m o n t e de f r e n t e se i n s t a l a r o n ametralladoras y las fuerzas rodearon la choza. L a s llamas empezaron a apod e r a r s e de l a m i s m a Se o í a n ayes l a s timeros pidiendo auxilio. L a t e c h u m b r e de l a c a s a q u e d ó dest r u i d a p o r c o m p l e t o L o s g u a r d i a s de A s a l t o seguían echando tablas y troz o s de m a d e r a i m p r e g n a d o s t a m b i é n en gasolina. L a c h o z a ardía p o r l o s c u a t r o c o s t a dos. L a s l l a m a s s u b í a n a g r a n a l t u r a y con le la I L a caridad cristiana y la crueldad demagógica U n a vez que la fuerza pública se retiró de aquel lugar, y mientras los guardias reponían sus fuerzas, tomando café, invitados por el alcalde, en ninguna casa del pueblo se ignoraba el trágico fin de los sucesos. E l luto se enseñoreó de aquel rinconcito andaluz. Habían quedado también reducidos a pavesas como la choza de Seisdedos, muchos hogares. Viudas y niños huérfanos, desesperados, se revolvían contra aquéllos. N o encontraban consuelo en sus afliciones y en su pesar. L o s demagogos y los predicadores de aquellas teorías, que habían envenenado a sus maridos y a sus padres, los abandonaron, como siempre, en el momento de peligro. Pero en el pueblo vivía un señor, qué se llama D Andrés V e r a que no es maestro laico, no está enrolado en ningún partido político. E s el párroco del, pueblo, un modesto cura rural, qtie, sirviendo la doctrina de Cristo, consoló a los afligidos, derramando consuelos en aquellos hogares y recogiendo lismonas para repartir socorros a los desamparados. Ejemplar enseñanza para algunos de esos superhombres, que pretenden ignorar que sólo l a doctrina de Cristo hubiera hecho imposible los sucesos dé Casas Viejas. U n h o m b r e y una mujer que p r e tendieron huir de Sa choza incendiada fueron muertos p o r una descarga de ametralladoras. C u a tro hombres y una mujer arden vivos L a s c o m p a ñ í a s de A s a l t o e s p e r a b a n firmes p a r a i m p e d i r que se s a l v a r a n a die. L a m u c h a c h a F r a n c i s c a L a g o se a s o m ó p o r e n t r e las l l a m a s c o n l o s b r a z o s e n a l t o d a n d o g r i t o s de d o l o r U n a d e s c a r g a de a m e t r a l l a d o r a dio fin de ella. E l p a d r e de ésta t a m b i é n q u i s o h u i r p e r o o t r a c e r t e r a d e s c a r g a l o dejó m u e r t o e n e l acto. Y a n o se o í a n q u e j i d o s n i l a m e n t o s T o d o s l o s c u e r p o s de l o s q u e allí est a b a n q u e d a r o n a b r a s a d o s U n o de ellos tenía l a c a b e z a s e p a r a d a d e l tronco. Cuatro hombres y una mujer ardier o n vivos bajo l a terrible h o g u e r a el S e i s d e d o s dos h i j o s s u y e r n o y s u n u e r a D e l c u e r p o de l o s c i n c o c a d á v e r e s salía g r a n c a n t i d a d de h u m o 1 E l señor Azaña dijo en el C o n greso que en Casas Viejas pasó l o que tenía que pasar E n la sesión del día 2 de febrero se opuso el Sr. Azaña a dar ninguna clase de explicaciones pero, vista la actitud de la Cámara, entró de lleno en el examen del movimiento revolucionario. E l Sr. Azaña, en su discurso, al relatar los sucesos, provocó varios incidentes, sobre todo cuando afirmó que en Casas V i e jas pasó lo que tenía que pasar Después de la intervención de varios oradores se presentó una proposición incidental, pidiendo a la Cámara que declarara haber visto con disgusto el silencio del Gobierno en el asunto de Casas Viejas. Siguiq diciendo el Sr. Guerra del Río que en Casas Viejas hubo diecinueve muertos y ni un solo herido. Las fuerzas que fueron a Andalucía llevaban la convicción de que su intervención debería ajustarse a la orden de no hacer prisioneros. U n diputado- -añadió- -ha dicho que, hablando con oficiales de la Guardia civil éstos declararon que llevaban tal indicación de la superioridad. Interviene nuevamente el Sr. Azaña, para decir que ningún ministro de la Gobernación hubiera procedido de otro modo en aquellos sucesos. E l asunto de Casas Viejas toma estado parlamentario. Azaña rehusa dar explicaciones E l día primero de febrero ios sucesos de Casas Viejas toman estado parlamentario. Se inició el debate con escasa altura: Los primeros oradores se enzarzaron en discusiones bizantinas, sobre la veracidad o i n exactitud de los informes que corrían de boca en boca. E l Sr. Guerra del Río tuvo frases de dura condenación para el Gobierno Azaña, a quien acusó de haber dado órdenes á la fuerza pública para que en la represión no hubiera ni heridos, n i prisioneros Dijo, además, Consumatum est T r e s vítores a Ja República L a obra trágica y terrible había terminado. Los guardias de Asalto cogieron los cadáveres de. aquellos detenidos que fueron íu- LHO y liO IAC
 // Cambio Nodo4-Sevilla