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31- 5. ¡7 a cr i? fa destruida. ¿De dónde? ¡Qué importa! Las turbas incendiarias y los solitarios forajidos disfrutaron de amplia libertad para buséar escenario a sus maldades. ÍT Jt C A Í 5 p ror rfe íoi desalmados nada fespeta. Impunemente arden sobre él mapa de España, en unas y otras provincias, magnificas iglesias y modestas ermitas pueblerinas. El vecindario de Málaga presencia, indignado, cómo las turbas destruyen por el juego los templos más caros a los sentimientos religiosos y a la fe. Y en Sántnrce (Vizcaya) he ahí lo que queda del altar mayor de la iglesia, después de la salvaje hasaña de su incendio. íf I3 F ra Los incendiarios de templos obran a placer. Las autoridades no los buscan ni los castigan. En cambio, los cañones de España, mudos, afortunadamente, en tierra enemiga, desde que el régimen anterior terminó con la horrible Pesadilla de Marruecos, se emplean aquí contra tas casas de nuestro suelo. Así, como refleja la foto quedó en Sevilla la famosa casa de Cornelia.