Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
M 5 O v f a tí 3 S 9 don Juan de Garcr V o z de mando en la trompeta y trueno en el redoblante. C o m o un s o l l a Madre España se a l z a entre los pueblos grandes; n o h a y corona de grandeza q u e a su grandeza se ¡guale. T a n v a s t o s son sus dominios, q u e e l sol llega a fatigarse c u a n d o al cruzar hemisferios en su carrera incesante, borda, recama y envuelve p o r siempre ei mismo estandarte, con guirnalda de leones y castillos seculares. Susurra el Plata muy cerca perdiendo en el mar su cauce, busca un cóndor en la altura la ruta azul de los A n d e s en un silencio que tiene a emoción de lo inefable, con la Cruz como testigo y con voz pausada y grave, don J u a n manda alzar el rollo que jurisdicción señale; tira ñeras cuchilladas contra futuros rivales, corta manojos de hierbas y, muy luego, los desparce, y, en nombre del Rey de España, él Capitán arrogante dice así: -F u n d a d a queda la cibdad de Buenos A i r e s yo la pongo bajo el manto de la Santísima Madre U L A FUNDACIÓN D E BUENOS A I R E S CUADRO D E MORENO CARBONERO. (FOTO ROIZ V E R N A C C l) del Redentor de los hombres... Y E l l a por siempre la ampare. V o z de mando es l a trompeta, ronco trueno el redoblante. E r a un surco, sólo un surco al pie de los matorrales, lo que Garay, junto al Plata, trazó con hierro tajante. E r a un surco: pero el surco guardaba la fe adorable de la España redentora, con aliento de titanes, de locura en sus caudillos, de abnegación en sus mártires y de epopéyica gloria en sus Sacras Majestades. Y de la humildad del surco nació l a ciudad pujante, como del grano de trigo surge el mar de los tr gales. N o la codicia del oro, no las conquistas de. sangre, no tormentas de aventuras ni destructores ultrajes llevó España a los dominios que hizo brotar de los mares. E r a sol, y llevó luces, que son faros rutilantes; era de las Artes trono, y allí dio trono a las A r t e s era el verbo ennoblecido por pensadores geniales, y dio su verbo a ese mundo para gloria perdurable. Y hoy que los hombres ciegos por viles afanes; hoy que ni sueñan grandeza n i saben forjar ciudades; hoy que faltan sembradores porque sobran los rufianes, puede l a España antañona con noble orgullo ufanarse rememorando blasones forjados en tiempos grandes: que al grito de una trompeta y al trueno de un redoblante, brotó en l a orilla del Plata el alma de Buenos A i r e s M. R. destruyen, BLANCO- BELMONTE
 // Cambio Nodo4-Sevilla