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C A S T E L A R, PATRIOTA H ni después del peligro de que don Carlos pueda vencer imponiendo el absolutismo, y dice: una cosa puede hacer, sin embargo, que eso suceda transitoriamente, pero que suceda. Puede haber un paréntesis de algunos días, de algunos meses; puede llegar el pretendiente a esq Palacio de Madrid, como llegó el Rey. José al Palacio de Madrid, a pesar del heroísmo de nuestros padres. ¿Y sabéis cómo se puede hacer esto? Pues no lo puede hacer más que una cosa: la insensatez de los republicanos, la desmentía de los republicanos. ¡O h! ¿Había- yo de estar veinte años de mi vida trabajando con el desinterés mayor del mundo, desinterés que conservo ahora, porque el Poder en España me repugna; había yo, que tanto aplaudo y que tanto alabo el generoso esfuerzo, el martirio verdadero que esos hombres Jlustres están sufriendo en ese banco lleno de tormentos; había yo de querer nada por ambición, ni por honores, ni por riqueza, ni por mando? N o lo quiero todo por la República, porque tengo un nombre que conservar, un nombre querido en Europa, un nombre respetado en América, un nombre que está indisolublemente unido a la República, mientras esos sublevados anónimo se pierden hoy en su irresponsabilidad y se perderán mañana en los abismos obscuros de donde o han- debido salir jamás y de donde los ha sacado el antojo de las ciegas revoluciones. Y voy a dirigiros una última Observación. ABLA E l Rev Amadeo- no Cayó, no, porque fuese anticonstitucional; no cayó porque fuera de esta o de la otra, suerte; después de todo era y es un hombre valeroso y leal; el Rey Amadeo cayó, ¿sabéis por qué Pues cayó por la susceptibilidad de nuestra nación. Los, españoles se creian rebajados teniendo un Rey extranjero; y ¿qué queréis que diga el pueblo español dé Un partido que aparenta desmembrarle, que aparenta romperle en mi! pedazos, que aparenta destruir esta unidad que llevamos en ria. (2) DON FRANCISCO SANTA C R U Z MINISTRO D E L A GOBERNACIÓN Et, nuestros huesos y en nuestras Los desengaños acibararon su AÑO 1854. i- venas, -que sentiitl s desde el vida, pero encontró algún desquiAsia hasta América; esta unidad te, saboreando complacencias, que nos hac; e decir en el extranjero soy y antes que a Ja libertad, antes que a la que acaso nadie gustó con intensidad tan español coineí mismo orgullo con que. deRepública, antes que a la federación, antes singular y desmesurada; cía el romano civis roma ñus sumf Eso no que a la democracia, pertenezco a mi idoUnas, horas antes de pronunciar su famopuede perderse; él partido que aparente in- latrada España. Y me opondré siempre con so discurso en el teatro Real, su apellitentar ¿so está, perdido; lo rechazará la todaa mis fuerzas á 1 a más pequeña, a la do era ignorado, y el éxito fué tan rápido ¿fón entera cómo a un reprobo. más mínima desmembración; de este suelo, y sorprendente, -que a los pocos días era Aquí sentimientos de la vida, hogar, fa- que integro recibimos dé las generaciones llamado por el Gobierno para ofrecerle una pasadas, que. íntegro- debemos legar a las espléndida pensión que íe permitiera ammilia, afectos, oración, en los labios, ideas en la mente, desde el alimento que es grato pliar sus estudios en el extranjero. Aparenefaciones venideras- y que íntegro deal paladar hasta la obra de arte que nos erriOs organizar dentro de una verdadera te de ser notorio este suceso, está consigabre las puertas de lo infinito; todo esto nado por él en una carta que escribió a su federación. Y el movimiento cantonal es lleva en si, como el árbol la savia, el jugo madre, rje tenido en mis manos tan inuna amenaza insensata a la integridad de de la tierra española. estimable documento, -que no sé quién sea la Patria y al porvenir de la libertad. Mienhoy el afortunado que lo posea, pero del Y o quiero ser español y sólo español: tras unos cantones incendian, mientras otros que conservo copia textual, qué dke a s í toman las naves, y piratean, mientras diyo quiero hablar el idioma de Cervantes; Querida mamá: E l otro día tuve en niis viden y fraccionan la unidad nacional, quiero recitar Iqs versos de Lope y de Calmanos la suerte de toda la familia, y re- derón; quiero teñir mi fantasía en los co- mientras indisclplinan el Ejército, mientras nuncié- a ella por el placer de conservar lores que llevan disueltos en sus paletas cometen tropelías sin número, los carlistas Murillo y Velázquez; quiero considerar avanzan hacia Bilbao, el baluarte de la l i- pura mi conciencia. A l día siguiente de mi bertad avanzan hacia Logroño, el asilo del como mis. pergaminos dé nobleza nacional héroe de toda nuestra epopeya de la guerra la historia dé VJ riato y del C i d quiero (1) Sesión dM 6 á e abril de 1876. llevar como blasones de mi escudo las na- civil; perturban a Cataluña, tierra de la Sesión del 16 de marzo de 1878. (2) República; y nosotros, generación infortuves de los catalanes que conquistaron el Orientej y las naves de los andaluces que nada que hemos tenido nuestra cuna medescubrieron el Occidente; quiero ser de cida por el oleaje sangriento de una guerra civil, vamos a tener por otra guerra civil toda esta tierra que aúri me parece estrecha; sí, de toda esta tierra tendida entre los deshonrado nuestro sepulcro. riscos de los montes Pirineos y las olas Nunca la palabra humana llegó a iguadel gaditano mar; de toda esta tierra un- lar tales elevaciones. E l águila voló aquel gida, santificada por las lágrimas que le día memorable en increíbles alturas, más costara a mi madre mi existencia; de toda augustas aún que al pronunciar la célebre esta tierra redimida, rescatada del extran- rectificación del i de abril de 1869, disjero y de sus codicias, por el heroísmo y cutiendo con Maníerola. Escuché de labios el martirio de nuestros inmortales abuelos. de mi inolvidable amigo Celleruelo, testigo presencial de escena tan imborrable, que la Y tenedlo entendido de ahora para siempre: yo amo con exaltación a mi Patria; emoción del auditorio fué tan profunda y unánime, que aplaudieron entusiasmados hasta los representantes extremistas que estaban contagiados de la vesania cantonal. Un cambio de rumbo fué generoso y altruista. No le movió la codicia; lo empujó el patriotismo que inundaba su alma; pudo ser ídolo de las multitudes desbordadas y frenéticas; tuvo en sus manos arrastrarlas hacia donde le hubiera sugerido su antojo, y es tranguló sus ambiciones, si es que le tentaron, para procurar la salvación de España, que se hundía en un tenebroso abismo. Más tarde, cuando en las primeras Cortes de la Restauración le- recordaron, en tono de censura, las que llamaban sus claudicaciones, contestó con sincera arrogancia: Cuando yo he a l terado mis creencias, las he alterado delante de una Cámara en que aquellas creencias estaban en mayoría: a otros el alterar las suyas, les ha valido subir al. Poder (1) Y tdías antes, rememorando él pasado que con triste experiencia había abierto sus ojos a la realidad, prevenía a sus adversarios- -que se dormían en los laureles, sin pensar en futuros peligros- con una videncia verdaderamente profética, que penetraba en las lejanías del porvenir: ¿Tan felices os creéis, que nada puede turbar- vuestra felicidad? S i no temáis las catástrofes de mañana, muy desmemoriados andáis, no recordando las terribles catástrofes de ayer. Y o de mí sé decir que no se, apartan un momento de mi corazón y de mi- memo- 1 f 1
 // Cambio Nodo4-Sevilla