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discurso se presentó en casa de M i g u e l (i) P. A. D. -Pedro, que reciba ésta como un coronel o edecán, diciéndome que a las suya. H o y me dan un convite de 200 cunueve y media estuviera yo en el ministerio biertos en el Ateneo. de Hacienda. Entre, en efecto, y a m i nomE l despego que siempre mostró por toda bre todas las puertas se abrieron, hasta que clase de provechos materiales y el culto que llegué a un salón tapizado de terciopelo carprofesó a las ideas están palpablemente demesí y alumbrado con infinidad de bujías. mostrados en l a manera delicada y señoril Salieron al instante Luxán (2) Santa C r u z- -p e r o enérgica y firme- -que empleó para (3) y Collado (4) Este último me gustó m u rechazar una merced que sin desdoro pudo chísimo. L u x á n me d i j o Queriendo dar a admitir y que otros no hubieran vacilado aceptar, usted una prueba de afecto, el Gobierno h a decidido mandarle a estudiar a Alemania Pero el regocijo mayor que el Destino le con 50.000 reales de pensión. Y o con esdeparara fué el qué disfrutó el 23 de mart é N o puedo aceptar tal cargo, porque zo de 1873, cuando la Asamblea soberana creerían que m i discurso había sido un nieque había proclamado la República, domeñada por su elocuencia arrebatadora, que, morial y luego había vendido mi concienvenciendo con su exclusiva eficacia toda escia. Acéptelos usted de nv- -añadió C o l l a d o- Y o no soy ¡Rothschild, pero tengo lo suficiente para mandarle a A l e m a n i a acéptelos, no del ministro, sino del hombre particular. Y o no puedo distinguir al hombre del ministro. Pues pida usted para su famil i a M i familia es pobre, pero no quiero nada para ella. E n aquel momento mis tíos, mis p r i mos, pasaron ante mis ojos, pero me acordé que antes que todo es la virtud, antes que todo el buen nombre. Después me dijo L u x á n E l Duque (5) no ha podido venir a ver a usted; está malo. ¿Quiere usted venir a casa del D u q u e? ¿Q u é hora tiene usted? pregunté a Santa Cruz. Tengo las once y media (dos horas habían pasado en compañía de los ministros) N o puedo i r con Usted, porque en casa me están esperando. Están acostumbrados temprano y tendrán ¿j sumo cuidado si falto. E n t o n fices renuncia usted a ver a l D u W que. N o renuncio, es que no jf puedo. M e despedí, habiendo me dicho Collado que contara con él, que, fuera ministro o no fuera ministro, tendría un g r a n placer en protegerme, en ser m i amigo. Y o le d i las gracias, conmovido, porque sus palabras respiraban honradez y ternura. M e encargaron silencio, yo se lo prometí. S i acaso díganselo ustedes a los amigos, exigiéndoles la más completa reserva, para que no cunda l a noticia. Maña na voy a vender la novela. E n seguida les mandaré el dinero para que vengan y se traigan a l a Rafaela o a l a V i r g i n i a V e remos qué da esto de sí. Y o ansio que ustedes vengan, con todo mi corazón, con toda mi DON FRANCISCO D E L l T X A N MINISTRO D E F O M E N T O E N E L alma. L a s ovaciones públicas, (FOTOS MORUNO) el aprecio de todas las personas sensatas, las distinciones pecie de obstáculos- -que eran muchos y congenerales y universal de la Prensa, de los hombres siderables- acordó por aclamación, entre públicos, no me engríen, no me satisfacen delirantes ovaciones, l a abolición de l a escomo la presencia de m i madre, de m i herclavitud en Puerto R i c o mana, de mis tíos. Cuando yo les decía a us- Veamos cónio lo refiere en uno de sus tedes qué necesitaba venir a M a d r i d se libros reían; vean, ustedes cómo nunca les enga Poseído por completo de todas estas ideas ño. E l úo está muy expuesto a quedarse y de todos estos sentimientos, llegué a la sin destino. Trabajo cuanto puedo para que mavor dignidad que puede alcanzar un c i u no suceda tan horrible desgracia. M u c h o dadano en su P a t r i a llegué a obtener la reme temo que sean inútiles estos trabajos. presentación del pueblo en las Cortes, y no Esto acibara mis tiempos. Y a le mandaré perdí ocasión de combatir l a esclavitud. A ú n a la familia mi retrato litografiado. Adiós, recuerdo la porfía que tuvimos por la abomamá; y a saben ustedes cuánto les quiere lición inmediata en l a primer Asamblea su hijo, hermano, primo y s o b r i n o -constituyente. L a reforma prevaleció entonEmilio. ces; pero D i o s quiso prosperar sus días y obtuvo señalada victoria con la presentación, (1) Miguel Morayta. allá en diciembre de 1872, del proyecto que (2) Ministro de Fomento. redimía inmediatamente y sin restricciones (S) Ministro de Gobernación. a los esclavos de Puerto Rico. Pocas veces (4) Ministro de Hacienda. los elementos reaccionarios y los elemento (5) Espartero, dunue de la Victoria, progresivos se complacieron como en el día presidente del Consejo de ministros. sublime de aquella ley redentora. Presentóse un voto de gracias al Gobierno, y lo sostuve yo con todo el ardor de mi fe y toda l a exaltación de mis sentimientos. A ú n recuerdo l a siguiente invocación a l a libertad, recibida por toda la Cámara con jubilosos gritos de ardentísimo entusiasmo. L a copio porque, después de tantos años transcurridos, no me atrevería hoy a quitarle, no, u n t i l d e L a sociedad se rige por ideas, y l a idea más v i v a del mundo moderno es l a idea fundamental de nuestras doctrinas. S i lo que distingue al hombre de los demás animales, muchos de los cuales nos son superiores en fuerza, en duración y en agilidad, es la soberanía de la inteligencia, lo que distingue a los pueblos progresivos, a los pueblos h u manas, de los pueblos dormidos en el seno fatal de la materia; lo que distingue a Suiza de Turquía, a América de C h i n a es l a libertad que aisla a cada hombre en el seguro inmortal de su derecho, que junta todos los hombres por la autoridad de l a ley, bajo l a severa disciplina de los deberes y de las autoridades sociales. ¡O h libertad, libertad querida! (Hoy, que tantos te desconocen o te maldicen hoy, que tantos de tus hijos te abandonan; hoy, que tantos de los que fueron tus héroes y hasta tus mártires te profanan, porque, paciente e inmortal como la Naturaleza, no te prestas a la realización de sus ensueños o a la satisfacción de sus ambiciones, yo te veo serena sobre nuestros desórdenes, inmaculada sobre nuestras f a l tas y nuestros errores, tranquila sobre nuestras tempestades, como la mujer simbólica del gran pintor sevillano, con la cabeza perdida en la luz increada, las plantas sobre la serpiente del m a l virgen purísima, concibien do las ideas que han cíe ser nuestro consuelo y nuestra g l o r i a madre fecunda engendrando las generaciones que han de continuar l a serie maravillosa de los humanos progresos sobre la faz v de la t i e r r a! Q u i s o el cielo que fu aquella ley no pudiera votarse, n i aun discutirse, bajo el M i nisterio progresista en 1872, y que se discutiera y se votara bajo el M i n i s t e r i o republicano en r 873 L a Asamblea nacional debía disolverse y nó era posióle aquella disolución necesaria sin que votase antes el proyecto AÑO 1854 referente a l a esclavitud. M u chas, muchísimas resistencias se conjuraban a impedir el justo logro de tan humanitaria reforma. Pero me levanté yo, dije algunas palabras encendidas en el sentimiento de toda m i existencia e iluminadas por la idea más vida de m i alma. y, al sentarme, se levantó l a Cámara, como si un solo espíritu la moviera, y votó por aclamación el fin de la esclavitud en Puerto Rico. T r e i n t a y cinco m i l hombres fueron libres en aquel sublime instante de nuestra historia contemporánea. Cuando mis días estén contados y me presente al Eterno juez a darle cuenta de mis obras, ¡o h! llevaré este único día como escudo de toda m i vida y como blasón para merecer l a divina misericord i a (1) Qué pocos seres habrán contado en su vida día tan g l o r i o s o! v k NATALIO 1 1 to RIVAS y Rjyip- La tío- ras j (i ¡1 X. de América págillHK
 // Cambio Nodo4-Sevilla