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Sanjurio, en el banquillo. En esta frase está dicho todo. El héroe y pacificador de Marruecos, en el ban ¡iiiüo. Cuando se levanta de ese asiento, una pena de muerte, para glorificarle aún mes, pesa sobre él. Le acompañan el hijo ejemplar y dos caballeros militares qti- e, contó su jefe, se honran hoy con el uniforme de presidiarios: García de la Herrén y Esteban- Infantes. m oti vos del s u f r a g i o. ios Dolor de un pueblo y espanto de la conciencia universal. ¡Casas Viejas! ¿A quién claman esos cadáveres? ¿Qué conciencia se siente atenaceada ante la espantosa visión? ¡Casas Viejas! ¡Casas Viejas. El nombre del modesto pueblo es hoy m arito de angustia. Y en los mítines y en todos sus actos de propaganda los fiobernanles de aquella época horrenda oyen constantemente: ¡Casas Viejas.
 // Cambio Nodo4-Sevilla