Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Frente a nosotros, alta l a frente; i iijmpia la mirada, tendiéndonos Sus manof leales, está ¡el excelentísimo Sr. D José Sanjurjo y Sacanell, teniente general de los E j é r c i tos de España, -dols veces laureado y ¡trescientas digno dd haberlo sido. Viste el traje de pañoi pardo ¡de los penados, pero i ese paño pardo ¡que: cubre al grañ ¡soldado español no mefrfla un ápice la dignidad de su figura por el contrario, el hecho efe que; lo vista quien: lo! viste le da a ese paño pardo calidades de hábito de Santiago o Cálatrava. S i es justo que a l gunos hombrejs puedan pasearse íejí los autos oficiales; mientras el general Sanjurjo es el penado n ú meo- 52, creo que el estar en presidio; debe ser una razonable aspiración de todos los españoles honrados. 1 1 1 ¿Por qué? parecían preguntar las miradas inquietas, tintada de recelo, del nene. ¿P o r qué? ¡A y! S i E s p a ñ a no se apresurara a resolver la duda del pequeño. ¡A y! si aguardamos a que el hijo sea hombre, para que pida cuentas de lo que se hizo con su padre. ¿Cómo podremos contestar al por q u é apremiante del hijo, de este hijo q- ue ve correr su infancia, entristecida por los muros sombríos de una prisión? ¿C ó m o podremos devolverle la alegría de niño a que tiene derecho y de la que le privamos, juntamente con la libertad de su padre? M á s que el dolor de la esposa, m á s que el del hijo hombre, m á s que el dolor de- todos los demás, me impresionó el dolor que, como un sentimiento difuso e impreciso aún, ensombrece ya el alma de aquel niño, y recordando mi parte de responsabilidad, al tiempo de besarle, con el alma de hinojos, yo le decía in mente: T ú P e p i t o Sanjurjo, p e r d ó n a m e u genera) Sanjurjo puede que no sea diputado M i amistad y mi admiración permanecen inalterables. Como en los días duros, bajo los soies del rojo verano de Á f r i c a como en las noches claras en que l a muerte acechaba el revuelo de un rayo de luna, como en los dias y las noches en que las horas- se enrojecían de sangre y se esmaltaban de heroicidad y- sacrificio; como en los momentos de inquietud y en los instantes de triunfos de las jornadas gloriosas... M i admiración y mi amistad, como fué en un principio, ahora y siempre. Y como siempre, ahora- -aunque no sea usted diputado- vo tengo que decirle: ¡M i general, a sus órdenes! JOSÉ S I M Ó N VALDTVIELSO L o s partidos políticos están m á s atentos ai interés de sus respectivas banderías que al de esta obra de reivindicación del j sentimiento de la g í a t i t u d ¡51 que fué teniente general, marqués del nacional. Antes que Rif, es hoy el penado 52. ¿Será mañana, librar- a E s p a ñ a del a pesar de todo, el representante en Coroprobio de que, man- tes, de Melillat Si tantas veces 14 defentenga entre los ¡muros- dió contra el enemigo en campo abierto, de un -presidio al m á s j por qué no habría de defenderla mia ves esclarecido de sus sol- más en el hemiciclo? dados, al que n í a s v e ces dió su sangre- -no en tropos ni en meta foras, n i en figuras retóricas, sino de verdad, dejándola escapar a borbotones por las desgarraduras de su carne- -por defenderla, tienen que atender a conseguir el mayor n ú m e r o de votos en el futuro Parlamento, porque, ¡c a r a y! a lo peor se presenta luego un quorum, y ya saben ustedes las fatigas que pasaba Azaña. Tantas, que tuvo qué Vender E s p a ñ a a los catalanes por los diez o doce votos necesarios para salvar uno de esos quorums fatídicos. E l Gobierno ha puesto de su parte todo lo posible para evitar la pavorosa contingencia de que Sanjurjo sé sentara en los escaños del Congreso ¡j es posible que el general: no sea diputado. Y está bien, adérriás, que- no lo sea. Sanjurjo no puede ser lo que ha sido y l o q u e quizá sea de nuevo. B r u ñ o Alonso, como Bruno Alonso no podrá ser ¡j a m á s! lo que ha sido el general Sanjurjo. Bien está que Sanjurjo no sea diputado. Con que recobre su mando: de general ¡tienen bastante el general y E s p a ñ a 1 1 1 En penal he visto un niño E r a un buen mozo; rubio, que aquel día justamente cumplía sus tres años. ¡Me dio; una pena! H a b í a una expresión desorpresa en las azules pupilas infantiles, y es tan triste ver sombras en el candoroso mirar de i un niño de tres años. E l n i ñ o era, junto a l a arquitectura abrumadora del pen a l m á s tierno aún m á s débil, m á s delicado, m á s m í n i m o -y si, n embargo, ¡había. como una anticipación varonil que agrandaba, hasta agigantarlo, ¡a! peqneñuelo rubio. 1 W Ved al pequeño. Pepito Sanjurjo, cuya infancia transcurre junto a los muros sombríos del penal; Sus tres añitos tristes tiein preco; ¡da frío.
 // Cambio Nodo4-Sevilla