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N U M E R O EXTRAORDINARIO 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMO Ü ¡5 DE ARTE NOVENO. B NUMEROEXTRAORD 1 NAR 1 Q 20 C E N T S AÑO V 1 GES 1 MO jg NOVENO. M P R E S I Ó N ES EXPOSICIÓN A Arquitectura es a un tiempo la más estática y la más dinámica de todas las bellas artes, pues si no reproduce el movimiento, ni copia el color, ni finge el sonido, ni el ritmo, como sus nobles hermanas, las acoge, sin embargo, y sin ella no hubiesen podido producirse y florecer, ya que el hombre, para crearías, necesitó del cobijo de un techo y de unos muros, y que el arte rupestre, primer balbuceo de todos, precisó el abrigo de una caverna, para en aquel refugio trazar los iniciales dibujos y modelar las rudimentarias esculturas q e en las cuevas prehistóricas s e u encuentran. A l amparo de la inmóvil arquitectura, se albergaron los hombres, y allí, resguardados de las inclementes estaciones, de la hostil obscuridad de la noche y de las asechanzas de los enemigos, pudieron, en paz, esculpir, pintar, rimar los versos sonoros y tafiir los dulces instrumentos músicos. Por eso la Arquitectura fué el primer arte, y la choza, tosca y bárbara, tuvo, al alzarse sobre lá superficie de la tierra, la misma importancia que el Partenón, albergue de dioses, y asimismo la vibración de las artes por ella cobijadas prestó a los materiales inertes que la Arquitectura emplea, algo de su dinamismo, de su palpitación, como presta el ave a las secas ramas del nido el suave calor de su cuerpo vivo y vibrante. Hoy en día, esta vida de la Arquitectura es más palpable y evidente. L a inquietud moderna agita tambi én muros y tedios, paredes y cimientos. Forman conjuntos armoniosos, casas y jardines, piedras y aguas, que tienen que vivir juntos; en coexistencia EMILIO TERRY L L A CASA D E LAS ROCAS Y 1) E LOS PLEGADOS E L P U E N T E D E LAS CONCHAS estrecha, y asi vemos vergeles en los teja dos y piscinas en los sótanos. Ejemplo de esto es la Exposición de A r quitectura que en la calle de la Boetie ha presentado últimamente Emilio Terry, exquisito espíritu artístico, que disfruta en París de bien ganada fama por sus refinadas obras. Emilio Terry es autor de alcázares de ensueño. Sus casas y sus palacios son para principes de las mil y una noches o para multimillonarios norteamericanos, que resultan, a la hora actual, los reemplazantes de aquéllos. U n depurado buen gusto resguarda de extraA agancias las creaciones de Emilio Terry; Así sucede en la casa de los plegados y de las rocas, donde un atrevido templete de m dosajÉf scos parece sujetar la gracia femenil I P ü n a tela t ¡ue recubre la construcción toda, dejando adivinar, cual; al través de un velo, las sólidas líneas, las ventanas, las puertas. La tela semeja revolar al antojo de un indec so viento, y en lo más alto del edificio se alza un copudo árbol, penacho inquieto de la casa, a la que remata con la gracia de una garzota a un turbante. Esta casa armoniosa debe seguramente alzarse en algún vergel, en el cual la fantasía del arquitecto ha emplazado el puente de las conchas, dondé éstas disimulan, con la elegancia de las volutas de sus valvas, la recia fábrica del arco, bajo el cual fluye la limpia corriente de Vi riachuelo, medio ocultando los capí-
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