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PARSIFAL Y EL ANILLO EN BAYREUTH del Anillo del Nibe tungo. Lo más wagneriano de Wagner. Qué prodigio de escenificación el p r i mer cuadro de Oro del R hin! Esta escena de las inquietas y frivolas ondinas nadando en el fondo del río, no puede hacerse de manera más perfecta. Emociona el efecto plásticodi ¡ná. mico tanto como la música. ¡Y qué gracia y agilidad de espíritu en la concepción wagneriana! Los efectos de nubes del cuarto cuadro son realmente maravillosos, pues no se puede imitar nubes con artificios ópticos que más se parezcan, hasta en los movimientos, a las verdaderas. Y según me dijeron, el apara- EL PUBLICO ACUDIENDO A L F E S T P I E L H A U S D E BAYKEUTII de oír Parsifal y la ciclópea Tetralogía del Anillo del Nibelunffo, en el Festpielhms, de Wagner, sobre esta colina del pulcro pueblo de Bayreuth, donde el gran músico en contró paz para el espíritu y lugar para el desarrollo de sus más caros ideales. Estas blandas y amables campiñas de la Franconia alemhna predisponen bien el alma para gustar las mieles del Arte, Esctibo estas líneas en plena saturación c e emociones estéticas, sin tiempo aún de haberlas sedimentado en el hervidero de mi alma, rebosante de jugos místeos y cegada todavía por las nubes, que, a fuerza de conjuros artísticos, me separan del llamado mundo de la realidad. Con un lleno rebosante, hemos asistido al ritual wagneriano. Concurrencia cosmopolita: mayoría de alemanes, entre ellos el ex kronprinz, algunos italianos, menos franceses y un solo español que yo haya visto (y al espejo) E l pueblo asiste al espectáculo previo de ver subir a la gente bacia el teatro por la frondosa Avenida de Siegfried Wagner. Falta un cuarto de hora para comenzar y se oyen en el exterior los toques de las trompetas del Gral que se repiten un cuarto de hora antes de comenzar cada acto. Entramos por la puerta que nos corresponde. E l teatro de Wagner es liso, gris, con sólo butacas, y su severidad se rinde solamente ante la gracia de unas columnas corintias que sostienen los contrafuertes cíe la ingente construcción. Está hecho para que la atención se enfoque exclusivamente en la escena. N i la orquesta se ve; queda cubierta por ün gran tornavoz que funde las tonalidades diversas y los movimientos musicales en una unidad insinuante de orden superior; esencia de música. La impresión de Sublime grandeza rel giosa que nos ha producido quedará como piedra básica de nuestra psiquis. Pero convengamos en que, en Madrid, hemos oído Parsifal, casi tan bien representado como en Bayreuth. Ricardo Strauss ha dirigido la orquesta magníficamente, pero con tendencia a correr en algunos pasajes, especialmente el preludio, que nos hubiese gustado oír más despacio. N o obstante, cinco horas de música ekste. interrumpida por entreactos de cuarenta y cinco minutos, que aqtieJIos incomprensibles alemanes de smoking, aprovechaban para deglutir salchicha frita y bo ks de cerveza. Incomprensible y herético para mí, después de hai er oído 1 a Consagración del Gral. Parece ser que Toscani, el director de orquesta anunciado para dirigir la Tetralogía, les dejó plantados en vista de la expulsión de los judíos de Alemania, y hubo que echar mano de Elmendorfí, con lo cual creo que, si hemos perdido quizá en técnica, hemos ganado en alma. ¡A h! Este alma tan geuuinamente wagneriana CABO T c A Una visita a las tumbas de Wagner y Liszt. U N GRUPO D E TÍPICAS CASAS E N L A F H I E D R I C H STEASSE, Y A L FONDO, LA IGLESIA PROTESTANTE