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EICAKDO W A G N E K lo con que esto se realiza se debió a la invención de nuestro Fortuny. De la música y cantantes o hay que hablar: Todo estupendo. ¡Qué actores lían enormes y que voces! ¡P a r e c e n realmente dioses! Wagner no los soñaría mejores. En la Walkyria, quizá! a obra maestra de Wagner, la emoción estética ha traspasado nuestro s r. L a escena final del fuego está reali ¡tada t a m b i é n por medios ó p t i c o s con una grandeza que corre parejas con la de la música. Este sí que es un fuego digno del dolor de Wotan, de la justificación de Brunhilda y del valor de Sigfredo. ¡El f u e g o ideal del ideal! E l fuego de la p a s i ó n que han de atravesar sin quemarse los eternos S i g f r e d o s buscadores de la trascendente walkyria de la espiritualidad! la más larga de las obras wagnerianas; El crepúsculo de los dioses. Aquí ha culm i na do la emoción de estas audiciones. E l primer acto, entre explicaciones de H a g e n y Gunter, Brunhilda y su hermana: y Brunhilda y Sigfredo, amén del proemio de las Nornas, dura ¡dos horas y diez minutos! U n monumento de música. E l tercer acto es de tina grandeza y profundidad de Sentimientos soberanos. L a conocida marcha fúnebre que acompaña al cadáver de Sigfredo se m u l t i p l i c a en su efecto emotivo por la maravillosa escenificación. Y el final de la obra (y de está monumental Tetralogía) es abrumador. Todo el palacio de los Gibickungos desaparece por los escotillones del escenario, y una enorme tela se extiende sobre el suelo de éste con simulados oleajes, que por medios ópticos dan la perfecta sensación de la anegación t o t a l de aquel mundo de ensueño. Y en el fondo se ve arder la W a l h a l l a que desaparece entre el fuego y el agua. Este contraste final, en el que no se ve en el escenario más que la soledad inmensa del agua y del fuego después de haber visto y oído tan sugestivas historias míticas durante el curso de esta producción colosal, es de un efecto grandioso y profundo, que llega a su culminación al oírse en la orquesta el tema brillantísimo de la Redención. No puede darse manera más elocuente de pintar el triunfo del espíritu sobre el caos del mundo material, reducido a sus elementos primordiales: agua, fuego, tierra y aire. Aunque me parezca mentira, estoy paseando por Bayretitlij el pueblo alemán especie de Jerusalén wagneriana, donde el culto al inmortal creador de Parsifal es la esencia de su vida misma. Todo aquí constituye un recuerdo vivo de Ricardo Wagnér, hasta un extremo insospechado. No hay tienda que no tenga algo que nos hable del maestro y su obrai. N i casa ni piedra que no se haya impregnado del potente aroma que destila la producción del artista excelso. Vivimos en plena embriaguez de wagnerismo, acrecentada por la casi diaria representación de sus dramas líricos. Para mí constituye esto la realización de un sueño casi mitológico. ¿Es posible cjue el artista que ha dado vida a Iseo, a Wotan, a Siglinda, haya sido un ser que ha vivido en esta ciudad, que ha andado por estas calles, que ha reposado bajo estas frondas, que ha dirigido, en fin, la edificación de este gran teatro Festpielhausf Para convencerme me dirijo hacia la tumba del maestro. Marcho ñor las calles de Bayreulh, ahora plagadas de banderas rojas con svásticas sobre círculo blanco: Restaurante Siegfried, Restaurante Tannháuser, Restaurante Lohettgrin. Restaurante Rheingold, gran número de tiendas con inmensidad de partituras, libros, biografías y críticas wagnerianas, postales a montones de Wagner, su familia y sus personajes; lan as de Wotan, con sus runas copiadas de Ja original del Festpielhatis a guisa de pisapapeles; espadas Nothung sirviendo de imperdibles, cortapapeles y adornos; cucharillas con escenas o personajes de los dramas wagnerianos; medallones, cerámicas, grales, dibujos, papel de Tras la representación de Sigfredo, maravillosa y justa como las demás, nos rilan un día de vacación, para digerir el fuerte plato y preparar la audición de E L T E A T R O D E W A G N E K D U R A N T E U N E N T R E A C T O (VJSTA POSTERIOR)
 // Cambio Nodo4-Sevilla