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E L RINCÓN D E L PIANO E N E L SALON- BIBLIOTECA D E WAGNER, E S V I L L A WAHNFRIE cartas; todo, sin excepción, contagiado de la divina locura. Entro en la calle de Richard Wagner, la recorro hasta el final y al terminar, a mano derecha, me encuentro con Villa Wahnfried, la casa que habitó el maestro. Penetro en el frondoso jardín y contemplo la fachada. Allí, dos inscripciones rezan: Hier wo mein Wahnen Frieden fand, Wahnfried seí dieses Haus pon inir benannt (Ya que aquí, mis inquietudes hallaron paz, sea esta casa por mi llamada Wahnfried) Gracias a ¡a presentación del ilustre músico wagneriano español maestro Antonio Ribera, mi gran amigo, que vivió dieciséis años en esta población, la Sra. Winifred de Wagner, hija política del gran maestro, me abre amablemente las puertas de su casa y puedo, a mis anchas, saborear durante un rato la satisfacción, tantas veces añorada, de estar en el ambiente donde Wagner trabajaba, y ver el magnífico piano que, pulsado por sus manos. conoció las primicias de la Consagración del Gral. Pinturas, obras de arte, telas valiosas, muebles suntuosos, una colección de mariposas exóticas, repleta biblioteca... Ambiente para labor serena, rodeado de amplios ventanales que dan a las frondas del jardín. Salgo con unción de la estancia, atravesando el hall destinado a las audiciones musicales. Rodeo la casa, plagada de geráneos, admirando su vegetación señorial. f que sirve de mirador, para que el público pueda rendir su fervor ante los restos venerados. Abandono el jardín donde multitud pájaros parecen inquirir desde el boscaje el numen que dio vida a Sigfredo y a B r u n h i l da, y tras su canto me pierdo yo también entre los árboles, cual el héroe vagneriano lo hiciera en busca de la montaña donde reposaba, e n t r e llamas, la virgen walkyria, buscando a mi vez en las celestes armonías wagnerianas el despertar a las realidades de nuestra interna Waíhalla del espíritu. Tras de haber v i sitado el lugar donde reposan los restos del maestro de Bayreuth, me encamino, por las Maximilian Strasse y E r langer Strasse, al cementerio municipal, donde están las sepulturas de Franz Listz, Hans Richter, el gran director de orquesta que estrenó el Festpielhaus. dirigiendo la Tetralogía Jean Pau! el poeta, y Siegfried Wagner, el hijo del maestro. Multitud de personas riegan fervorosamente con regaderas de mano el sinfín de flores y plantas que adornan este jardín del des- canso eterno, pulcramente cuidado, como en sagrada misión. No puede por menos que agradarme este sentido de amable convivencia con la muerte que he podido observar en Francia y Alemania. Los niños juegan en los cementerios. Con los pájaros y las flores, forman esa trinidad de belleza y vida que se sobrepone a la muerte y adorna y arrulla su tranquilidad. La vida canta a la muerte su himno de constante renovación. Fácilmente doy con la sepultura de Liszt, abrigada por un templete, obra de Sigfredo Wagner, que se destaca sobre lápidas v cruces. Aquí descansa el viejo abate autor de las Rapsodias y protector de Wagner. Sobre la losa sepulcral dice solamente en grandes y dorados caracteres: i R A N Z L I S Z T A la cabecera de la tumba y en una caja, se destaca la mascarilla mortuoria del venerable compositor, que da una nota de imponente realismo a su última morada. En el arco interior del templete dicen dos inscripciones: Habitabunt redi cum vultn tito. Die Frqmp en werden von deinen Angesicht bleiien. Los justos permanecerán delante de tu rostro Plantas y flores bien cuidadas rodean la losa. He cumplido con mi deber de reverente gratitud hacia el gran compositor y pianista que tantas veces nos deleitó con sus obras de eterna recordación, y que parece que aún aquí sueña deleitoso con las m, elod as de sus Juegos de agua y su Sueño de amor. Y ya estoy ante la gran losa que cubre los restos del músico inmortal y de su esposa Cósima, la hija del gran Liszt E n el más apartado rincón del jardín, detrás de la casa y lindando con el parqué de la ciudad, reposa su sueño eterno el titán. Frondosísimos árboles cubren la sepultura en un ambiente casi selvático, como el que tantas veces soñara el maestro para cantar las proezas de su joven Sigfredo, matador de dragones y degollador de nibelungos. L a umbría, el suave ambiente, la severidad de la vegetación ausente de los tonos encendidos de las flores, todo predispone el ánimo al silencio y al recogimiento. Alrededor de la tumba de Wagner la Naturaleza ora en honor a sil cantor. Besde el precioso parque lindante puede verse la tumba sin necesidad de penetrar en el jardín de Villa Wahnfried, y a este efecto se ba acondicionado una pequeña plazoleta BELLÍSIMO suecos D E S D E L A PLAZA DE TEAS PAUL, F STRASSE LA LUDWIG