Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
CUENT OS DE HUMOR LA V E R D A D S O B R E MI E S C U E L A DE T O R E O P O R C O R R E S P O N D E N C I A o no sé exactamente lo que me había llevado a N u e v a Y o r k Quizá el afán de aventuras; a lo mejor, el deseo- de comprobar sobre el terreno que un americano y u n i n glés se parecen en todo menos en el idioma. E l caso es que a los seis días de haber desembarcado en aquella melancólica c i u dad y de haberla recorrido en sus tres niveles- -subsuelo, suelo y elevado -me di de cara con un angustioso problema, que, a juzgar por l o que pude apreciar luego, era muy frecuente. Se trataba d e n o tener dinero. M i s precarios conocimientos sobre el poder adquisitivo de l a moneda en los diferentes países del globo me habían conducido a calcular que podría v i v i r más de ocho meses con lo que me había durado seis días y unas horas. Cuando hice aquel triste balance reconocí m i error y renuncié a enamorarme de l a rubia platino que, encargada de pilotar uno de los ascensores del hotel, tenía, por lo visto, l a misión de hacerme creer que subíamos al cielo, cuando ascendíamos a l piso 86 bis... M i situación no podía ser más difícil, porque en N u e v a Y o r k además, se necesita tener un corazón de leopardo y un alma heroica para decir én u n restaurante, después de haber comido y libado copiosamente: -U n o es distraído y se ha o l vidado la cartera en casa. L e pagaré a usted otro día. L a s estadísticas señalan que el 95 por i o o de los servicios de emergencia que realizan las ambulancias de la ciudad los llevan a cabo estos automóviles blancos y rápidos e n los litorales de acera más próximos a los negocios del hambre, Y todavía nadie l i a presenciado en Madison Square Carden un cómbate de boxeo en el que no haya vencido por k. o. en el primer asalto el propietario de una casa de comidas. Y o estaba en l a flor de la edad y he de reconocer que entonces me aterrraba l a idea de parlamentar con l a Muerte. Decidí hacer algo. Entonces pensé en l a posibilidad de que fuera un buen negocio l a creación de una escuela de toreo por correspondencia. Y así nació l a famosísima Bull- fight hiqh school by correspondance Corporation Y de ingeniero de escaparates. Pero m i primer diplomado, provisto de su diploma, se trasladó a M é j i c o con el propósito de ejercer inmediatamente su profesión. Y a se comprenderá m i espanto. Y es que en realidad yo no estaba muy seguro de que m i método, impecable en teoría, pudiera llegar en la práctica a las realizaciones previstas. Y o no había sido torero nunca, y, lo que es peor aún, y o no había sido toro jamás. Pensé en huir, en abandonar mi escuela, mis libros de texto, mis mecanógrafas sentimentales, mis gramófonos y m i oficina de Times Square. N o solamente iba a ser responsable de la muerte de u n americano, en cuyo caso rio podía calcular cuántas escuadras yanquis enviarían los Estados U n i d o s a las costas de m i patria, sino que m i negocio quedaría arruinado. U n torero español puede morir en la plaza de toros porque es un improvisado y un profesional del instinto; pero un torero americano, con sus cuatro años de carrera y su diploma, no puede, no debe ser herido por la fiera. E l no ha gastado sus dólares y su tiempo en libros de geometría del espacio y en discos para que su título de ingeniero taurino le conduzca a la catástrofe. P o r fortuna, antes de que yo me decidiera a la evasión m i d i plomado toreó su primera c o r r i da en Piedras Negras. Se había adelantado quince días la fiesta, porque el domingo anunciado en principio para su debut coincidía con la fecha escogida para l a mejor revolución del mes, y los empresarios temían una seria competencia. M i alumno triunfó en absoluto. Reconozco que no lo esperaba. Reconozco que lo que y o esperaba era otra cosa. Imagínense ustedes m i alegría, m i alborozo, m i júbilo... N o solamente, el. diplomado había salido i k s o sino que había estremecido de emoción a las gentes, puestas de pie en los tendidos, con las precisiones de su lidia axiomática. Nunca se había visto una cosa igual. M i Academia acababa de inventar- -un poco por milagro, como sucede en tocios los grandes inventos- -el estilo ortopédico, que tanto se ha vulgarizado después y que tantos y tan decididos partidarios tiene. P o r el momento, paso una corta temporada en España. Deseo descansar y no hablar de negocios. Se han dirigido a mi buen número de muchachos sevillanos, cordobeses y róndenos, en súplica de matriculas. Pero es necesario que ellos se dirijan a mis oficinas de Nueva Y o r k desde donde se les enviarán toda clase de precisiones y de folletos. M i intención es salir después para Oslo, en donde debo organizar una sucursal de m i Escuela, accediendo así a las invitaciones que he recibido de un grupo de jóvenes de aquella capital que se proponen organizar una cuad r i l l a de niños noruegos. J. MIQÜELARENA (Dibujo de Barbero. reja, tenía una actitud de abandono. A l pie del grabado, este epígrafe: The girl. -I loze yon, my courageous man- M i curso era un curso racional. Empezaba con una H i s t o r i a del arte de luchaí con toros, a pie y a caballo y continuaba con u n a Geometría del espacio al servicio de la arena Había una asignatura de d i bujo lineal, otra de Estrategia de h u i d a y, p o r fin, m i gran texto de fondo: L o s tres m i l quinientos del toro de combate y las tres mal quinientas maneras científicas de soslayarlos ilustrado con gráficos y con demostraciones matemáticas de que l a muerte de todos los toreros se ha debido siempre a errores de trayectoria y al empleo de contrapartidas de agilidad i n adecuadas a l momento. L o s estudios se terminaban con gramófono: discos que enseMás que un éxito fué una locura. E s ñaban a l alumno el vocabulario español de verdad que mis anuncios en l a Prensa no uso más frecuente para sugestionar a l a bespodían ser más sugestivos. Recuerdo uno... tia durante la lucha v discos de la ópera U N A N O C H E E N S E V I L L A -H a terminaCarmen para que el alumno pudiera cantar do l a lucha en la arena, y el luchador, descanciones apropiadas en las fiestas que se pués de haber cobrado su magnífica bolsa organizan frecuentemente en honor de ios- -que muchas veces pasa de los cien m i l toreros. dólares- se despoja de su uniforme cenH i c e rápidamente una fortuna. E n cuatro telleante y pasea por las calles históricas de l a ciudad. E s entonces cuando las m u- años. chachas más bellas y más apasionadas se asoman a sus rejas y suspiran al paso del A los cuatro años, salió el primer diplohéroe... Flores, sonrisas, besos, bajo u n mado. E l negoció tenía, a l parecer, esta cielo constelado de estrellas. Muchas veces, quiebra: os diplomados. S i n gran convicel amanecer sorprende al torero junto a la ción, es cierto, y o me había hecho a la idea amada predilecta. de que mis alumnos americanos estudiaban E l dibujó que ilustraba esta b a r a t u r a era esta carrera por lujo, como se estudian tanuna maravilla. L a amada predilecta, en su tas otras: l a de abogado, por ejemplo, y la