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MOMENTOS VALENCIANOS EL T U R I A RIO CAUDALOSO D luego, una a n t o l o g í a de las cosas que se han dicho ridiculizando al río T u v i a por entender que lleva escaso caudal, no podría compet i r- -n i en calidad n i en cantidad- -Con una antología similar referida a l río M a n z a nares. P e r o es lo cierto que el G u a d a l a v i a r- -que así se llama también al T u r i a- -h a sido sobremanera vejado por considerarle inope. Y a el viajero inglés Ricardo F o r d- -que estuvo por España a fines del reinado de Fernando V I I- -e s c r i bía: E n Madrid y V a lencia, los amplios lechos del Manzanares y del T u r i a suelen estar tan secos como las playas en l a bajamar. P a r e c e que se les ESDE IT El. R I O T U R I A P A S A N D O CÍON U N L L E N A Z O BAJO E L PUENTE PUENTES DE ARA- GÓN, Q U E ES E L MAS MODERNO D E SUS AZULEJOS INDICADORES D E L N I V E L ALCANZADO POR LOS DESBORDAMIENTOS E N L A JPHESA D E MANISES. E L AZULEJO SUPERIOR FAMOSA AVENIDA D E 1897 RECUERDA LA llame ríos sólo por cortesía hacia los magníficos puentes que hay edificados sobre ellos; tanto, que una broma de los forasteros es presentar a los vecinos tratando de vender un puente para comp r a r un poco de agua; fiero si cae una lluvia fuerte en las montanas pronto se demuestra la necesidad de su solidez y amplitud, de. la anchura y altura de sus arcos y sus estribos, que al principio más parecieron antojo de una arquitectura monumental que obra de utilidad. P o r su parte, Teófilo Gautier- -que viajó por España en 1840- -escribía: E l Guadalaviar, atravesado por cinco hermosos puentes de piedra y orillado por u n soberbio paseo, pasa muy cerca de l a ciudad de Valencia, casi al pie de las murallas. L a s numerosas sangrías que se practican en su caudal para el riego hacen que sus puentes sean las tres cuartas partes del año. un objeto de lujo y adorno. Estos ejemplos, sin embargo, lio son completamente típicos, por cuanto el autor citado en primer término a ude a las copiosas avenidas del T u r i a y el otro, aunque observa sequedad en el cauce, lo explica por las derivaciones hechas para el riego. Más desdeñosos se muestran otros autores. S i n i r más lejos, un renombrado novelista escribía hace pocos meses: Todos los ríos para hii tieben u n i r á n atractivo; que el agua sea transparente y ciara u obscura y turbia, que tire á azul, a verde o a rojo, m parece b i e n lo que no me parece bien, á pesar de todos los razonamientos utilitarios, es que el cauce esté seco y sin agua, como pasa con el T u r i a de V a l e n c i a P o r lo tanto, convierte poner de nuevo los puntos sobre las íes (y Sobre las jotas) aun a trueque de repetir razones y a alegadas. E n primer término, cuando se dice que el cauce del T u r i a suele llevar poca agua, debe concretarse que acontece ello a l pasar junto al casco de la ciudad de valencia y nada más que entonces, pues pocos kilómetros antes es lo bastante rico para que le nazcan acequias, y en el mismo término municipal, junto a l barrio de Monteolivete, aumenta su caudal hasta el punto de que allí mismo se creó en 1829 una nueva acequia que u n i r a las que entonces ya eran históricas. Con ésta, las famosas acequias resultaron nueve: Moneada, Cuarte, Tormos, Mislata, Mestalla, Fabara, Rascaña, Robelláj y O r o que es la recientemente aludida. N o se trata aquí de ponderar la importancia de estos, canales que i r r i g a n llanuras valencianas, produciendo en ellas una riqueza considerable. N i se trata de evocar el régimen de l a mayor parte de ellas, con ese T r i b u-