Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
libro está bien escrito; pero es un mal libro. E s un libro de amor escrito por una mujer muy inteligente y muy artista. Pero demasiado artista y demasiado inteligente, y yo censuro esas demasías cuando se producen a expensas del corazón. H e escrito m a l cuando se producen sin que el corazón intervenga, por defecto de él, he querido decir. M a l libro un libro de amor sin corazón. Pero no crea nadie que en las confesiones de madame Leblanc la voluptuosidad y el deseo se substituyan a 3 a pasión. N o ni eso. L o que hay es pasión disfrazada y postiza: vanidad y literatura. Y ninguna sinceridad. Siempre pasa lo mismo en estas confesiones literarias, y si no son absolutamente sinceros los hombres, n i siquiera Juan Jacobo, ¿cómo han de serlo las mujeres, maestras de coquetería, educadas en el arte de agradar, que no pueden nunca presentarse en público sin afeites? Además, la literatura sirve al amor del hombre y estorba al amor de la mujer. Porque en l a mujer normal, el sentido estético no interviene en su amor, que está hecho de piedad y de ternura; mientras que en el hombre está hecho de codicia de belleza y se exalta de poesía y de l i r i s m o ¿e s chants desesperes sont toujours les plus beaux -dijo Alfredo de Musset. Sólo una enamorada a lo divino, con amor e. xtraterrestre, amor místico y no pagano, Santa Teresa de Jesús, se elevó a literata. Pero como todo era en ella obra de milagro, se le dio tamb i é n e l de la sencillez, santa y encantadora sencillez admirable, que no quería, que no necesitaba mentir literatura, y era azul y clara, y simple como el cielo. E n las enamoradas de lo terreno que hacen libros de amor, como George Sand, en lo grande, y esta Georgette, en diminutivo, la literatura es verdad, y el amor es mentira. Porque es amor de sí mismas. Además- -excepciones aparte, que confirman la regla- las mujeres no deben. escribir libros. Deben votar... ¿V e el lector? ¡N o puedo pensar! ¡L a obsesión, la obsesión de las elecciones! ¡Imposible sustraerme! Pues sí, a lo que iba. L a mujer debe votar, porque un voto es una opinión; pero no debe escribir l i bros, porque un libro es una creación. Y lá mujer c r í a pero no crea. Es intérprete admirable, esto es, inspirada por la idea del creador de la obra de arte, y la obra de arte tiene padre y madre en una sola persona, que a l a vez crea y concibe. L a mujer es sólo madre. N o me gusta el libro de amor sin amor- -vanidad y literatura- -de madame Leblanc, demasiado artista y demasiado inteligente. E l artículo de D Francisco de Cossío, hombre ágil de mente y de puma, y se titula El juego y los mirones. Se publicó hace unos días en estas mismas columnas. ¡M a g nífico artículo! Bueno de toda bondad. P o r el aire antiespañol y correctivo de su profundo españolismo; por la exactitud de la observación; por la nobleza de la enseñanza para los lectores que no quieren serlo, que es una alta lección de civismo. S i n que el maestro Cossío lo diga, se desprende de su crónica, que en todo m i r ó n hay, además de un tuno que nada y guarda la ropa, un derrotista. F e activa- -es lo que pide el gran escritor- activa y con responsabilidad. S i n embargo, había de convenir conmigo en que hay cierta utilidad en el mirón puro que contempla el espectáculo de la vida para darle un objeto y un fin a su curiosidad. Ese es el m i t ó n que mira sin opinar, sin aconsejar a quien m i r a para experimentar en quien mira y ser luego mirón y consejero responsable de sí mismo. Porque el Sr. Cossío ha sido y es él mismo un buen mirón, nos devuelve así, en actividad de artículos maravillosos, sus miradas. ven, José Rivero. E n el último acto pregunta desesperado el protagonista: ¿Dónde está Dios? Y otro personaje, la bondad y la razón de la otra, lé responde: ¡Dios está en todas partes! ¡Ay, D Miguel de mi alma; sabio caprichoso; tan viejo y tan n i ñ o cómo había usted de ser. tan grande artista si no fuera profundamente religioso! Después, con la obsesión de estos días, le pregunté a la puerta del teatro a un amigo que nunca quiere hablarme de política: ¿Por quién va usted a votar? ¡Por Dios, que ha creado la cabeza de Jacinto Benavente, y de Miguel de Unamuuo, y de... ¡Y la de usted! ¡Bueno, sí, y la m i a! ¿Y qué? Y o se lo agradezco. ¡N o voy a dar yo mismo contra mi propia cabeza! Se me hace m a r a ñ a s el pensamiento otra vez: L a confusión perezosa que de s u e ñ o m e servía... v ¿Y A y lector, de veras, qué sueño tengo! tú? FELIPE SASSQNE EL CUADERNO D E L A MAESTRA E n la visita a las escuelas, que los buenos amigos de esta villa castellana me enseñan con legítimo orgullo, la maestra me ofrece un cuaderno, en cuyas páginas desarrollan diversos temas las alumnas. Hojeo con interés el librito. Con los renglones de esa letra, ancha y- picuda, que hemos convenido en considerar aristocrática, marca Sacre CmiTj alternan las líneas de signos menuditos, apretados, que llenan el pape! sin respetar m á r g e n e s la grafología interpret a r á sin duda, esta escritura como revelación de un espíritu recogido, económico, de mujercita casera, que gusta de aprovecharlo todo; buena administradora del hogar. Los temas son, unos abstractos; otros, geográficos, históricos, literarios; todos bastante amplios para que las niñas, libremente y a solas, siguiendo su propia inspiración, puedan mostrar hasta dónde llegan su inteligencia y su cultura. M e fijo preferentemente en dos; Uno, L a actividad del genio otro, E l descubrimiento de A m é r i c a A l frente de cada página aparece una ingenua viñeta, alusiva, trazada por la misma mano infantil que desarrolla el tema. Leyendo lo que las niñas han escrito, sorprende gratamente, más que la corrección gramatical, lo atinado de las observaciones y los juicios. Son niñas de ocho a doce años las que han escrito todo aquello; niñas pueblerinas, que probablemente han de pasar toda su vida entre los pliegues de esta serranía, siendo esposas obscuras de labradores o de pequeños industriales, cuidando de la casa humilde, sostenida por el trabajo del arado, la lanzadera y el batán. Y lo que estas niñas, en su corta edad y con su modesto porvenir, saben y dicen de la significación que tienen para la sociedad los hombres geniales, de la trascendencia de la proeza colombina, excede en mucho a lo que se exigía en los ejercicios. de oposición a premio cuando yo era estudiante del Bachillerato. constructores (destructores, más bien) de la- segunda República española. Triste es, tristísimo, que de la escuela haya desaparecida la imagen de Cristo Redentor, que era, ante los ojos de los niños, consuelo, ejemplo, guí? de conducta, promesa de premio al bier obrar, lección de amor y sacrificio. Pero es más triste y mucho más pernicioso que de la enseñanza se haya excluido la idea Dios. Todo el problema, el más grave de cuantos plantea la realidad política porque de él depende que la E s p a ñ a futura siga siendo cristiana o se descristianice pot completo, está en el cuadcniito que ha puesto en mis manos una maestra culta, activa, celosa, inteligente, pero cohibida por las disposiciones oficiales que decretan el laicismo E l cuaderuito es un cuadernito neutral Pero la neutralidad en la enseñanza es prácticamente imposible: ignorar la religión ef ofenderla, y ofender al mismo tiempo a la verdad presentando una verdad a medias, una enseñanza deformada y mutilada, por que la religión es un hecho histórico de) que no se puede prescindir. S. e comprende que pueda hablarse del descubrimiento á América sin mencionar el carácter católico de la empresa? Callando el deseo ae propagar la fe, aliento espiritual y generóse que lievó a los Reyes Isabel y Femando? proteger los sueños del nauta genoves, la hazaña de Colón queda rebajada a la categoría de una expedición de aventurero? que buscaban el oro de las indias. N o se puede hablar del genio reduciendo los ejcmploí a Cervantes, Pestalozzi y Ramón y Cajai: ni es licito presentar como cualidades apetecibles el valor, la honradez, l a veracidad, omitiendo la aspiración a la santidad, compendio y colmo de virtudes. Entra el sol por las rasgadas ventanas: hay brasas en la estufa, pero en la esctK- 1? hace frío, mucho f r í o la r á f a g a heladora del laicismo pon- e por debajo del cero el ambiente espiritual. ¡Y cuándo se hace esto! Se hace cuando florece todo el mundo en un renacimiento de espiritualidad. Cuando se cumple s ¡uella afirmación, acaso prematura, de Vallery- Ra- dot: L a Filosofía será mística o no s e r á cuando Bergson, en E u ropa, afirma la religión como base necesaria e indestructible de l a moral; y los discípulos de James, en Norteamérica, haciendo curva en el, camino pragmatista que mareara el maestro, emprenden resueltamente ia ascensión hacia las cumbres, desde las cuales se divisa lo que está por encima del mundo y del hombre en lo que el hombre tiene de perecedero y terrena! Una vez m á s nuestros progresistas rezagados, copiadores de figurines de antaño, aplican a nuestro país, en lo pedagógico como en lo político, lo económico y lo social, ideas y sistemas que en todas partes han caído en desuso y fracaso. A la hora en que el mundo entero vuelve a Dios y busca en la religión consuelo y remedio, nuestros reformadores pretenden arrojar a Dios de la escuela y formar el alma de los niños sin norma religiosa. A evitarlo hay que atender antes que a nada. Porque nada hay que importe como eso. Bueno es, ciertamente, preparar unas elecciones y ganarlas. Pero no creamos haberlo hecho todo con ello ni agotemos en la campaña electoral toda la preocupación, y todo el entusiasmo. L a s elecciones y lo que de las elecciones se deduzca, no será nunca más que algo procesal, instrumental y adjetivo. Pero el que en unas Cortes efímeras se sienten ciento o ciento cincuenta diputados de los llamados derechistas, habrá servido de poco si no sirve, como debe servir, para que en los cuadernitos que escriben las niñas y los niños de la escuela resplandezca de nuevo el nombre de Dios, y junto a él, como un camino luminoso que lleva a la bondad y al perfeccionamiento, los nombres de los héroes y de los santos, que nos enseñan a poner fuera del ínteres nuestra aspiración y m á s alia de la vicia nuestro destino. FEDERICO SANTANDER. A l g o hay, sin embargo, en el cuaderno, que nubla mi satisfacción. Inspira todas sus páginas un racionalismo tenaz: las niñas hablan de la bondad natural y del talento de! trabajo y de la filantropía; escriben con frecuencia las bellas palabras Patria, justicia. Humanidad; pero ni una sola vez brota de su pluma la palabra que está sobre toda E l drama es D Miguel de Uuamuno, y palabra, la que en el dogma cristiano es es el arreglo de Julio de Hoyos, de la nopor excelencia el Verbo supremo y creador: vela Nada menos que todo un hombre, que Dios. le acabo de ver interpretar con comprensión E s aquí, en este cuaderno donde se de sy eficacia de gran artista, superior a intér- ¡pretes anteriores- -y que perdonen: Ernesto i éfibre c a m í H t á a t f l é s p b r v e r á t d i á l F e l ateísmo oficial impuesto a l a escuela por los ¡Vilches y Femando Soler- -a un actor j o-
 // Cambio Nodo4-Sevilla