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ABC. D O M I N G O 26 D E N G V I E M B R E D E 1933. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 43. NUESTROS EL Ya VINOS EN MERCADO YANQUI se está bebiendo en N u e v a York N o se ha esperado al 5 de diciembre. H a ce días, el periódico hispano de Nueva Y o r k La Prensa, publicaba las siguientes lineas: E n muchos de los hoteles y restaurantes de esta ciudad puede ahora tomarse un cock- tail antes de comer, sin la menor dificultad o sigilo. L a mayoría de las tabernas clandestinas han abierto sus puertas de par en par, y cualquiera puede entrar y pedir lo que desee beber, sin tener, que conocer ai cantinero ni identificarse con una tarjeta de presentación. Por paradójico que parezca, esta libertad cesará el día mismo en que se promulgue la abolición y en que automáticamente comenzará a regir la reglamentación acordada ya por la Cámara del Estado de Nueva Y o r k Según esta, ley, quedan prohibidas las antiguas cantinas o tiendas de beber y así, los neoyorquinos podrán pedir sus Martinis o sus Bornxs, sólo c: i hoteles, restaurantes, clubs, coches- comedor y vapores, con patente que sólo se concederá a los establecimientos que prueben que recogen la mayor parte de sus ingresos del servicio de comidas. Según los preceptos de esta reglamentación en ninguna otra parte, excepto en las mesas, podrá servirse y venderse vino y l i cores a los clientes, no siendo suficiente que vendan solamente emparedados y ensaladas. N i las tiendas de provisiones- -agrega el reglamento- -ni ninguna otra clase de establecimientos ¡podrán vender vinos o licores. Las farmacias podrán vender bajo receta una pinta de vino o licor. L a patenté anual costará en Nueva Y o r k 1 5 0 0 dólares, y entre 750 y. I.200, en. las demás ciudades del E s tado; los mayoristas pagarán 4.800. Se ha constituido una Junta de Control de Bebidas Alcohólicas y se ha nombrado presidente a míster E d w a r d P Mulwoney, que fué comisario de Policía en Nueva Y o r k y que sé distinguió por su encono contra los clubs y cafeterías donde se infringía la ley Volstead. E n l a comunicación que ha dirigido al gobernador del Estado míster Lehman, le dice textualmente que la Junta se propone imponer la templanza, impidiendo que en los despachos de bebidas se utilicen trastiendas, puertas giratorias, mamparas, biombos, cristales de colores y otros impedimentos de Vigilancia. E n cambio, al Gobierno sólo le prepeupi el aspecto fiscal de la reforma. Los diarios de Nueva Y o r k recibieron de Washington extensa referencia telefónica de la larga, sesión que el presidente Roosevelt dedicó a este asunto en unión de delegados técnicos de los departamentos de Comercio, Tesorería, Agricultura y Justicia. E n esta sesión se acordó l a respuesta que había de darse a diversos Gobiernos europeos que habían pedido aclaraciones o formulado propuestas. Se reiteró a diversos países exportadores que hasta que la enmienda Volstead no sea abolida se considerará ilícito todo desembarco de bebidas en los puertos de la Unión. Preocupa al presidente el efecto depresivo que pueda tener en la balanza de comercio una llegada excesiva de vinos y licores extranjeros y para contrarrestarla se ha autorizado a las destilerías a acelerar la profacción hasta el límite máximo de su capacidad, librándolas del veto que antes les impedía fabricar más de lo que se necesitaba para usos medicinales. Según los datos que los técnicos aportaron a la sesión presidencial, la capacidad probable para el 1 de enero se ha calculado 1 en 125.000.000 de galones, pero este producto debe envejecerse cuatro años antes d- i ser puesto en el mercado. E l Gobierno lia dado orden ya de que en- los primeros momentos de la libertad del tráfico se lansen al mercado 50.000 cajas dé whiskey, proc; dentes de embargos hechos; por la Policía de prohibición. Se dispone yá, una subasta entre comerciantes con patéate. E n cuanto al vino, el Gobierno ha recibido de California un informe oficial, asegurando que se dispone de treinta millones de galones listos para ser distribuidos entre los Estados que no permanecerán secos. Roosevelt cuenta con estas dos murallas para contener una inundación de bebidas extranjeras. N o se beberá por ahora en todos los Estados L a derogación de la enmienda 18 no producirá efecto el 5 de diciembre más que en veintiún Estados, que son: Arizóna, California, Colorado, Connecticut, Délaware, Illinois, Indiana, Luisiana, Maruland, M a sachusets; Montaña Nevada, Nueva J e r sey y Nuevo Méjico, Nueva Y o r k Ohio, Oregón, Pensilvania, Rhode Island, W a s hington y Wisousin. Los restantes están sujetos a prohibiciones estatutarias, que han de modificar ahora las Cámaras respectivas y que serán substituidas por reglamentos severos. De momento en el departamento de Agricultura se ha constituido una oficina de bebidas a la que va a darse el control del consumo y tráfico en todos los Estados que no tengan aprobada y sacionada una reglamentación especial. L a primera gestión realizada ipor esta Oficina ha sido convocar una reunión de cerveceros y destiladores para que acepten una imposición que quiere llevarse a aquellas reglamentaciones L a de que no utilicen en su producción más que. productos agrícolas nacionales. Y se intenta. también en esas reglamentaciones limitar a los minoristas l a adquisición de bebidas extranjeras, a un porcentaje pequeño de las adquisiciones que hagan de vinos y licores nacionales. A la vez surgen numerosas sociedades de temperancia, que se ofrecen a. contribuir- i la policía de bebidas, obligando a todos los mercaderes a, -cumplir los reglamentos que se dicten. Surgirán ahora los dos adversarios que antaño lograron suprimirlo: L a moral y el nacionalismo. Así, por ejemplo, el Estado de Kentucky, al mismo tiempo que se apresura a reconstruir y poner en funcionamiento sus antiguas destilerías de Bourbón y Rye, productoras de los famosos whiskeys nacionales, ha conseguido que se eleve a nueve! veces el impuesto primeramente señalado a los cuatro millones de galones, que, procedentes de confiscaciones, están eri poder del E s tado. Así, pues, la realidad es que se consentirá, más o menos pronto, al pueblo yanqui beber, a condición de que consuma la menor cantidad de producto extranjero posible. trica, en relación con los grados de alcohol de cada bebida, con su precio y además con su procedencia, llegando a señalar coeficientes que en algunos casos elevaban cinco veces y ocho veces el valor de la bebida, fundándose en que una persona dispuesta a tomar vinos fuertes, debe también estar dispuestas a pagar un fuerte impuesto i E l cálculo hecho por este Comité eleva a mucho más de mil millones de dólares la cantidad que pudiera recaudar el fisco; pero el presidente Roosevelt ha declarado que sé contentará con que el régimen húmedo valga al fisco aproximadamente 450 millones. Para calcular esta cifra se ha teñido en cuenta que en 1019, año que se procedió a la prohibición, los impuestos sobre las bebidas produjeron al Tesoro federal 600 m i llones de dólares. E n los trece años transcurridos ha aumentado la población, y se han extendido los hábitos de consumó. N o es, pues, una cifra expresiva. H e aquí cómo los gangsters y los bootleggers están favoreciendo las posibilidades de importar virios y licores. A u n contra sus propios intereses, sólo su amenaza de querer seguir viviendo del contrabando, contiene a Roosevelt y a sus consejeros en el propósito de ahuyentar del mercado yanqui a toda la producción vinícola, extranjera. O monopolio o subasta de c o n tingentes L a N R. A la fampza Águila A z u l ha puesto sus garras en el abastecimiento de bebidas. Sobre las leyes y reglamentaciones que cada Estado quiere darse, aspira la Ñ. R. A a imponer su criterio nacionalista, y ya hta advertido que los importadores de vinos y licores sólo podrán importar las. cantidades que se les designe. P a r a inaugurar esta política de contingentes se tropieza con las dificultades de carecerse de cifras reguladoras; esto es que, como no hay importaciones de años, anteriores, no pueden hacerse cómputos de la cantidad qué a cada importador debe asignarse para que el reparto sea equitativo. L a dificultad se ha resuelto estableciendo ua régimen de subasta que conducirá fácilmente en la realidad a la creación de un monopolio. Finalmente, en Washington se cree posible que la importanción de bebidas pueda relacionarse con el pago de las deudas de guerra, con lo que, si Francia acepta en una negociación diplomática esta posibilidad, tendrá una situación preponderante, singularmente sobre España, que no debe nada a los Estados Unidos. ¿Qué ha de hacer España? Son muy loables las gestiones que viene haciendo la, Federación Nacional de Criadores Exportadores de Vinos, así como las de varios grupos de productores, de L a Riója, Jerez y Cataluña, que han enviado agentes a los Estados Unidos y logrado hacer algunas ventajas más o menos condicionales. S i n embargo, nada eficaz se conseguirá si no se realiza urgentemente una acción nacional de Gobierno y si no la secunda intensamente un concierto de todos los productores. P a rece forzoso que se cree un solo organismo exportador con elementos suficientes para defender las marcas en los Estados Unidos, impidiendo que nuestros nombres y cal idades, Jerez, Málaga, Cariñena, Priorato, Moscatel, etc. sean utilizados por los productores y falsificadores yanquis. Y a la vez. este organismo cooperativo podría disponer de un elemento absolutamente necesario, dada la crisis económica de los listados Unidos. Este elemento es el crédito. Venderá más quien conceda más largos plazos para el cobro. S i este organismo se creara al Gobierno le sería más fácil tratar en Washington invocando el des- Los gangsters amparo de Ja importación Y no se llegan a imponer mayores trabas en las Aduanas y en el tráfico interior, porque crearían mayores estímulos y provechos para el sostenimiento de las organizaciones de gangsters o contrabandistas, que fueron la le; j la desmoralización y la deshonra del régimen seco. Ante esta realidad se ha detenido la campaña que intentaba hacerse en pro dé una fiscalización enérgica e intensa el Comité para estudios sobre el licor creado y sostenido por él multimillonario Rockefeller. Los técnicos congregados en esta Oficina intentaron demostrar científicamente que el impuesto sobre las bebidas debía s progresivo, en proporción geomé-
 // Cambio Nodo4-Sevilla