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PALABRAS A LVIENTO E! arte de divertirse L a mayor parte de nuestras desventuras- -dice Pascal- -son imputables a l a resistencia que oponemos a l a idea de permanecer quietos dentro de una habitación. E n efecto, creemos que el reposo, aunque sea pensante, es contrario a la vida. P o r eso nos agitamos, casi siempre vanamente. U n a bella damita que a los treinta años desespera ya de encontrar el honesto amor, que merece, me decía, no ha mucho: -S i no existiera el bridge yo me moriría de aburrimiento... L a interesante señorita exagera. E l aburrimiento no es un tóxico que mate, sino una forma de la pereza que. nos incomunica de las personas y las cosas que podrían constituir nuestro reino espiritual. E l d i vertirse es un arte que se aprende como e l dominio de un instrumento. Creer que con asomarnos al panorama social vamos a encontrar un placer es un error, que la simple experiencia rectifica todos los días. H a y que entrar en las personas, simpatizando con las cosas, para que la vida nos atraiga. E l que carezca de energía mora! para imponerse una misión religiosa o pedagógica, artística o altruista, debe procurarse un pasatiempo más humilde, y, naturalmente, si ese modo de consumir él ocio se concreta en un juego de cartas, que no se tenga por dechado de distinción. A l rico y al pobre les es igualmente lícito el d i vertirse sin el concurso de la inteligencia; pero moderadamente, porque el abuso de la frivolidad es, según San Francisco de Sales, un pecado. Nunca como ahora, cuando tantos nobles valores morales peligran, fué tan indispensable el imprimir a la existencia un poco de seriedad. Contentarse con ser espectador del drama nacional, como si en él no fuese jugado algo muy nuestro, es agravar el egoismó con l a inconsciencia. Se puede ser rico, elegante y salir, de cuando en cuando, del vacío espiritual en que vegetan los privilegiados de la fortuna. E n estos duros tiempos hay que hacer el noviciado que nos prepare a transigir con otros que pueden ser peores y que, si no nos a l canzan todavía, pueden herir, con sus r i gores, a nuestros descendientes. E l caso que se ha producido en Rusia tiene un tal poder de contagio, que el más optimista pierde el derecho a comentar con ironía: quo resultarían impertinentes, l a amenaza que se cierne en el aire. Quien esté, como nosotros, un poco atento a lo que pasa ahora misnm de fronteras allá, no puede hacerse grandes i l u siones sobre lo que haya de ser el equilibrio moral y económico del mundo en un porvenir relativamente próximo. ¿E s que debemos mirar esas sombrías perspectivas con indiferencia? Sería la más peligrosa de las temeridades. Y o por mi parte, no creo en el retorno a lo pasado, ni en política, n i en economía. Admito que, transcurrido este período de fermentación de pasiones y de pugna de intereses, la sociedad se estabilice por algún tiempo; pero los que añoran lo que perdieron y suponen que con traer al Parlamento, institución senil que ha dejado de servir los fines que le asignó la desacreditada democracia, una mayoría más o menos considerable va a ser España lo que era antes de la caída de la Monarquía están expuestos a muy amargas decepciones. Venga lo que fuere, autoritarismo fascista de carácter nacional o régimen a la rusa, nada de lo que fué recobrará su dinamismo histórico. Pertenecerá a la arqueología política. E s indispensable, pues, ir preparando los espíritus para que lo que sobrevenga no cause sorpresa, y una de las funciones que- importa reeducar es la que cumplimos al divertirnos. ¿Divertirnos? Enhorabuena; pero sin caer, por excesivos coqueteos con lo frivolo y lo bufo, en la puerilidad. L a realeza- -escribe Pascal- -es l a más bella posición del mundo. E l Monarca está rodeado de gentes que se desviven por divertirle, pero que le impiden pensar. ¿Oportuna la cita, verdad? E n su obra Le sens du neaht, Louis Vialle aborda el problema que motiva nuestras reflexiones. E l afán de divertirnos, que todo el mundo procura hacer efectivo, no es, analizado fríamente, sino el sentimiento de nuestro desamparo interior. L o que buscamos en el placer no es una parcela de lo absoluto, que solamente el creyente puede alcanzar pollas vías misteriosas de la. fe, sino l a evasión de nosotros mismos. E s una tregua de libertad y de olvido pedida, implorada a nuestra conciencia. Hastiados, entristecidos del paisaje íntimo que han ido construyendo los desengaños en nuestro espíritu, pretendemos perderlo de vista unas horas, unos días y, a ser posible, unos años, recreándonos en otras preocupaciones y otros afanes: el trabajo, el amor, el arte, el- juego y, a veces, el vicio. Casi todos los bebedores empedernidos son hombres que se han dado al alcohol por aburrimiento. L a tragedia nuestra se funda en que la conciencia, anhelando incesantemente lo absoluto, esta condenada a no salir de lo relativo, a menos, ni que decir tiene, de que inmolemos nuestras ambiciones a la divinidad. E l aue no se. sienta religioso de veras, el simulador de fe v el fariseo que capitula con lo externo de l a virtud, reservándose, ab niro perfore, un razonable margen de egoísmo, están perdidos, porque roto el nexo que une nuestro espíritu con lo absoluto, nuestra vida se degrada y en el mejor de los casos se vulgariza hasta caer en la ramplonería. Divertirse es un arte en el que debemos dar la mayor participación al esníritu. E l comer, el beber, el veranear en Biarritz y el sentirse bella y codiciada por el efímero deseo masculino, que rara vez ambiciona algo J i Prevéngase del peligro I a ttempol... Tenga en J 1 casa Lkferinty gargarice ¡Sari tóente conestí añilrfpt co, sobre todo siempre qaehayb bruscos cambios de temperatura, 1 Ontratl II 11 MWI OOf 1 I d calor agradable, el aire crudo y la humedad del invierno, esperan en la calle y pueden traer peligrosas consecuencias para Vd... No basta que proteja su cuerpo con abrigos y pieles; es necesario que los gérmenes nocivos que están en el aire y entran por la boca, no encuentren en ella y en la garganta, un terreno favorable para desarrollarse. Cuando otras personas estornudan junto a Vd. millones de microbios se esparcen en el aire que Vd. respira. Destruyalos gargarizando y enjuagándose diariamente, varias veces, con el Antiséptico Listerine; deja las mucosas libres Exija el legitimo Antiséptico Llsterínei rechace de impurezas y Vd. puede a: í afrontar sin miedo la humedad y todas las Imitaciones el frío del invierno... o ANTISEPTI substituciones. 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