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UNA HISTORIETA CJ N E M A T O G R A F 1 C A DE XAUDARÓ U n a ñ o hace por ahora que nuestro inolvidable compañero Joaquín X a u d a r ó me exponía minuciosamente sus proyectos. Iba a realizar, por fin, una de sus mayores ilusiones l a de editar películas de dibujos. Cuando este género no era m á s que un ensayo en las pantallas, X a u d a r ó c o n c i b i ó la idea de acometer la empresa, buscando para ella más amplios horizontes; adquirió unos cuantos aparatos, montó un pequeño laboratorio y, sin colaboradores, sin un solo auxiliar, empezó a producir. E l trabajo era abrumador: X a u d a r ó dibujaba, infatigable, cientos y cientos de l á m i n a s las reproducía, revelaba, obtenía el positivo, lo montaba, rotulaba la cinta con su gracia característica, con su ingenio chispeante... Así realizó varias películas sin ningún fin lucrativo, sin preocuparse de mercantilizar ia producción; se consideraba satisfecho con haber resuelto técnica y artísticamente, en el silencio de su cuarto de trabajo, algo que hasta entonces no pasaba de ser un balbuceo. Transcurrieron algunos lustros, y los ensayos fueron perfeccionándose: Pat O Sidlivan, Max Fleis cher, Walt. Disney, hicieron su aparición en el lienzo de plata, dotando de movimiento a los personajes que habían dado popularidad a su firma desde las páginas humorísticas de los periódicos. Las aventuras de Félix, Blas, Mickey Mouse atraían l a atención del público, que mostraba cada vez más gustoso sus preferencias por los cartaons. F u é entonces cuando Xaudaró se sintió estimulado en su amor propio y decidió emprender la labor, siguiendo ejemplos harto elocuentes, con vistas a la explotación de un mercado que de antemano se le mostraba favorable. Buscó l a cooperación de otros dos artistas de prestigio merecidamente cimentado- -K- Hüo y Antonio Goí- -y fundó la Sociedad editora de dibujos animados. -El primer film- -me decía- -se titulará Un drama en la costa, y de él será protagonista el hombre de la barba, secundado por el perro... E l ilustre caricaturista comenzó a trabajar con verdadero entusiasmo; dibujó la m i- tad de las láminas que constituyen esta película, y tenía esbozado el resto cuando le sorprendió la muerte, poniendo en aquel rostro de expresión alegre, optimista, un gesto trágico, quizá el primer gesto trágico que modelaban los. músculos de su cara. L a historieta ya está terminada; hermana de otras muchas que quedan en la colección de Blanco y Negro, es una muestra inequívoca del ingenio de su popular autor, y los continuadores de su. obra han realiza do su labor con tal escrupulosidad, que ninguno de los tipos, al ser dibujados por otra mano, ha perdido un átomp de su carácter ni de l a fisonomía que su creador les había infundido. Hemos conocido ahora una anécdota que refleja el habitual buen humor de aquel hombre que se pasó l a vida haciendo reír a una generación, Don Joaquín, que tantas veces había dibujado su famoso perro, lo odiaba. Durante la realización de la película contaba un día, alborozado, a K- Hito y a Got, cómo en una escena había dado fin de él, haciéndolo perecer ahogado a causa de un coletazo de la sirena. X a u d a r ó sobrevivió solamente ocho días al simpático animalito; en su delirio no hablaba m á s que de la película, la última ilusión de su vida que no pudo ver lograda. ALFREDO MI R A L L E S
 // Cambio Nodo4-Sevilla