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¡Ah! -exclamó el joven, y se aproximó a Sonia, cogiéndola por el talle- E s grande este cuarto para ti sola y me vengo a compartirlo contigo. ¿Quieres r; Con este titulo ha publicado- -Según- -sonrió ella. una interesantísima novela a- -i j N o quieres? ilustre escritora doña Sofía Cá- -Sí, pero antes de que vengas iremos a s a n o s colaboradora de Prensa Española. R e p r o j u cimos la Comisaría a casarnos. ¡Burguesa! Claro que iremos a inscriaquí uno de sus capítulos. birnos según tu voluntad y la mía, puts t ú no eres en este punto mejor que yo. E l amor ldiüo bolchevique libre y la jeringonza de tener cada día otra mujer lo combatimos nosotros los Konsomol, A l subir Zarief a su albergue- -cedido por las masas juveniles disciplinadas en l a depucompañero de organización- -halló en el pa- radísima escuela bolchevique. I. enin en toda tio una mozuela flacucha, de inocentes ojos la vida no tuvo más que a su Krupinskaia. color de ámbar. Denotaba impaciencia, avi- -Hizo bien. zorando las puertas que confluían al exten- -Nosotros, hijos de la revolución, les miso patio entre escombros del suburbio, que llones de mis cantaradas en todas las Repúhabía calcinado un incendio. blicas de la Unión, hemos de imita; -a Lcuin. Se reunió con ella un joven obrero y conDe modo, mi dulce Sonia, que mañana o paversaron cogidos las manos, mirándose con sado, cuando gustes, nos inscribiremos maarrobamiento. ritalmente en la Comisaria, y ¡a vivir í T e E r a simpática la parejita amorosa bajo amo de veras, Sonia. los ramajes muertos del olmo arraigado en- -Y yo a t i mi A l e x i hace tiempo, desde el polvo de un arrabal inhabitable. siempre... desde que de chiqmíil a entré de Zarief, desde el ventanucho de su cuarto, aprendíza en la fábrica cuando mq echaron vio al muchacho besar en las mejíl. as a la del asilo de huérfanos. Eramos niños, te chica, dirigiéndose a la escalera. Subieron, acuerdas? Seré feliz contigo; no te embometiéronse en la habitación contigua- -la m i rrachas. E n la cooperativa de la fábrica comtad de un desván que dividían en dos compraré, con algunos ahorrillos de mi jornal, partimientos troncos sin descortezar- -y sonó una almohada para ti y alguna silla. Estas una voz agradable. no son m í a s la mesa, s í pero el armaríto -Es grande esta habitación para t i So- y las mantas gordas pertenecen a la compan i a vives como una burguesa y no puede ñera Marja. V e n d r á n sus hermanas a vivir ser- -fueron las primeras palabras del mu- aquí. chacho. -O no. Que se lleven los trastos, com. -Bromeas. Estamos tres a q u í pero mi praremos otros... compañera Nadzia se- la llevaron tísica, a- -Mejor. Trastos viejos, pero arregladlos, curarse, y M a r ja, Ja- mayor, de las tres, ha no serán caros, ido a- la Maternidad. -Nos arreglaremos a gusto. -I O u é feliz soy! -Y os, traerá un chiquillo. -Y yo. -N o Mar ja murió. LAS CATACUMBAS DE RUSIA ROÍA Una misa en Valencia. En la iglesia de San Esteban, de Valencia, se ha celebrado una solemne misa en sufragio de los afiliados a la Derecha Regional que hallaron la muerte en recientes disturbios Se besaron, y desprendiéndose de los b r i zos de A l e x i dijo ella: ¿S a b e s? Tengo que decirte algo... muy. e. dentro, escondido... ¿Qué es? -E s un secreto. ¡A h! ¿Sí? H a habido otro antes que yo? Estúpida, has debido- declararlo, i Quién es? ¿D ó n d e trabaja? S i es u n Konsomol como yo, un camarada, lo d e j a r é en paz. U n Konsomol es más mi camarada que los demás del partido; es más mi hermano que los otros. Pero me avistaré con él y me informaré de su conducta. -E s a ti a quien amo. -Y al otro; a mí después del otro. -S i no hay otro. -M i r a lo que dices, Sonia. L a falsedad, el engaño en materia sexual no está consentido entre nosotros. L a libertad, no el libertinaje, entre hombres y mujeres es ley. Tenemos libertad, v no hay por qué mentir y ser desleales. Tenemos conciencia verdad, la conciencia de la revolución, que no tolera la hipocresía. ¿E n t i e n d e s? -M i secreto, lo que quiero... decirte no se refiere a lo que supones. ¿N o? Qué raro; habla. -E s que yo... creo en Dios. Una carcajada de A l e x i contestó a Sonia. ¿C r e e s que hay Dios? ¿Cómo has llegado a tal absurdo? ¿Q u i é n te ha quitado el raciocinio, metiéndote en la. mollera la estupidez, esa perturbación? ¿Dónde aprendiste? L a voz del joven proletario se alzó enérgica y desagradable. Intimidada, Sonia repuso: -Y a en la escuela del orfanatorib muchas niñas rezaban. A h! se infringía la vigilancia pedagógica. -N o te enfades- -murmuró, asustada, Sonia. -Explícame, declara... -Te explicaré, pero no nos descubras... E n el orfanatorio rezábamos por nuestros padres. N o los conocimos; somos del arroyo... Rezábamos por nuestros padres y por los enfermos. Eudoxia, una muy chiquita, hizo con trapos preciosa figurita, que cada noche escondía una de nosotras en la hierba de la almohada. E r a una imagen del Niño Dios, decía Eudoxia. -Estúpidas. ¿Y no os castigaban por ese juego ridículo? -L o ignoraban las celadoras; sólo una maestra debía saberlo, pero callaba. Tenía ojos de rezar mucho y era cariñosa para todas las asiladas. ¿Cómo se llama esa maestra? Sonia no respondió en seguida. ¿Su Hombre? -N o recuerdo... -Pues has de recordar o me voy. -De: veras te digo que no me acuerdo; nosotras, las pequeñas, la llamábamos Mu- tuchka, madrecita. -Idiotas- -repitió irritado el obrero, -S i conocieras a Matuchka no te inco modarías con ella. -N o Únicamente la daría una paliza y a T a cárcel por contravenir las leyes de l a ¡República, por perversión de menores, y encerrada, a morir en el mar de hielo. -Eso dices porque te has incomodado conmigo, pero no lo harías. ¿Q u é daño ha ihecho Matuchka a nuestras leyes? ¿Q u é mal te hizo enseñándonos a pedir a Dios por los hombres? V e r á s el santo rezo en una estampita de la Madre de D ios y te convencerás que no hay daño en las oraciones. M i r a qué precioso está el Niño en brazos de su Madre, la. Virgen de Kazan. Zarief, adormilado en un catre, percibió el roce de unos papeles y las alteradas palabras del joven. ¿T ú guardas semejantes mamarrachos? M i r a lo que hago con ellos- -bs rompió, los pisoteó- así... así... Pisoteaba, hecha trizas, la imagen, y, Sonia sollozó ¡A h! m i divina Virgen de Kazan, i- ¿Q u é- haces? ¿T e inclinas a recoger electorales, Lá salida dé- los concurrentes al di,