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la tarea; y cuando pensj el remedio de romper el cordón, se le hizo tan difícil corno deshacer el nudo... porque no tenia tijeras. y el máximo ingenio de meter bajo, las mallas del cordón un lápiz para hacerle servir de palanca, lio sirvió más que para quebrar el lápiz. Llegó a salir al pasillo varias veces en busca de auxilio, sólo que, ya allí, no se atrevía a llamar a ninguna puerta, porque encontraba ridículo provocar un despertar sobresaltado para su apuro... Volvía, pues, a ia alcoba, y volvía a pensar un nuevo remedio para su problema, bu auténtico problema, porque ya. lio- tenia frío ni sentía en. su cabeza el dolor de otros males -Sólo le preocupaba, aquel maldito zapato con el que había luchado a vida o muerte durante dos horas, enteras hasta sentirse extenuado por el cansancio. Tan causado estaba, que se desnudó precipitadamente y con el zapato derecho en el pie se metió en la cama y se cubrió la cabeza cor! el embozo... Con el zapato derecho fuertemente amarrado se durmió profundamente. Le despertó el sol, abofeteándole con calor suave las mejillas... Se tiró de la cama, y al verse con el zapato derecho en el pie, no pudo contener una alegre carcajada. Estaba graciosamente ridículo... Encendió maquin fiinieiite un pitillo y casi lio reconoció el sábctf agradable de aquel tabaco dulce... i tíacía tanto tiempo que le sabían amargos todos los tabacos! Miró el reloj, y con gran asombro se dio cuenta de que había dormido diez horas de un tirón. Diez horas y se encontraba otro hombre: un hombre alegre, joven, lleno de salud... Sin. embargo, éi recordaba que la noche anterior se acostó muy preocupado, muy desesperado, muv a punto de cometer un disparate irreparable. ¿Por qué sería? ¿Por qué sería? Llamó ai timbre para pedir el desayuno y hundió después la cabeza en el agUa fresca del lavabo. Se peinó con esmero, y como si se encentrase en aquella alcoba en un primer despertar, fué examinando minuciosamente todos los detalles... No era desagradable aquella alcoba: alegre, con buena luz, con cierta coquetería de alcoba de muchacha soltera. Y además, los muebles, modestos, eran de una modernidad discreta... ¿Por qué se acostaría él tan preocupado la noche anterior? Se sentó frente a la bandeja del desayuno, untó el, pan con mantequilla y la tostada resultó riquísima... Casi encontró el desayuno superior a aquella alcoba. -Pero, lo mismo otra vez en la cabeza: ¿Por qué se acostó él tan preocupado la noche anterior? No estaría tranquilo hasta averiguarlo. Se puso, pues, a pensar. ¿Por qué? ¿Por qué sería? Se paseó por la alcoba como: si terminase de tomar posesión de ella... Estaba plenamente satisfecho de su alojamiento, y, de pronto, sin darse cuenta, silbaba un alegre vals de moda, Tampoco podía explicarse su contento, pero estaba contento y se asomó al balcón... Pues señor, la mañana era espléndida, y una vecina de la casa fronteriza, que estaba poniendo una hoja de lechuga en la jaula del canario, era extraordinariamente guapa... Y los árboles, como si toda la vida fuese primavera. Pero otra vez le asaltó el mismo pensamiento ¿Por qué y por qué estaba él tan preocupado la noche anterior? Nada, nada, rio lo sabía... E n cambio, ¿por qué aquel negocio que terminaba de aparecer en m cabeza, no se le había ocurrido antes? ¿Y cómo no había ido a buscar a su amigo Antonio? ¿Y cómo no había caído en la cüettta de que era tan guapa la vecina. de la jaula del canario? Quieto en su puesto, como clavado en él, mirándose a los pies, se echó a reír con aquella risa de cuando era niño... Y lo supo todo. Sí, ya lo sabía, ya sabía por qué se acostó tan preocupado la noche anterior: aquel maldito zapato derecho, todavía en su pie, c Ue le daba ahora, con las ropas de dormir, un aspecto graciosamente ridículo... ¿Cómo no había caído antes? ¡Tan fácil como era! Llamó al timbre y le pidió a la criada uñas tijeras... Cortó el cordón, se descalzó el zapato, y lo arrojó con alegría furiosa lejos de sí. Sintió que su cabeza descargaba de ün peso enorme, de una angustia de meses largos: ¡El maldito zapato! y había dormido diez horas de un ¡tirón. (Dibujos de Bchea. SAMUEL R O S
 // Cambio Nodo4-Sevilla