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L o multitud y una representación de la guarnición de Roma, en la plaza de Santa María la Mayor, esperando la bendición del Pap Vicario de Cristo, desde lo alto de la loggia de Tuga, bendecía con amplio y paternal gesto. E s admirable el sentimiento de humildad que a todos auna en torno del Trono del P a p a que a todos recoge en la silenciosa majestad de las Basílicas romanas; que a todos funde en un solo pensamiento, en una sola plegaria fervorosa. En- el aire sereno y suave de aquella hermosa mañana, mientras las campanas glorificaban a la Madre de Dios, prorrumpió espontáneo y gozoso el grito de ¡V i v a el Papa! tan pronto como el Pontífice apareció- en lo- alto de la Silla Gestatoria. E l Pontífice quiso detenerse eu el umbral de la igran puerta para saciar el deseo de su aliña. alegre y conmovida, ante el desbordante entusiasmo de sus hijos. L o s soldado? de Italia; presentaron armas al representante, del Rey de la Paz, única salvación en la tristeza y en los peligros de la hora presente, Cuántos, en aquel momento, alzarían sus plegarias a Dios, para que conceda, finalmente, la calma, y el bienestar a esta Europa, tan profundamente trabajada y sacudida por la crisis moral y económica L a augusta visión duró breves! instantes, pero no así da emoción y la alegría de l a multitud, que permaneció allí largo rato, para proclamar a gritos una vez más su lealtad al Pontífice, que volvía a los confines de su pequeño reino, sin cesar de sonreír y bendecir. FRANCESCO TURCHI Roma, 133, El Pontífice, con su Corte, en el pórtico de Ja Basílica. (Fotos Felicia