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Díe repente, la expect a c j ó n la curiosidad, llegó a su colmo, alcanzando el espectáculo el momento culminante de máximo interés. Y fué cuando, poco a poco, de boca en boca, empezó a correrse la sensacional noticia, hasta que la supo y conoció y pudo saborearla todo el mundo de espectadores. ¡E n la bohardilla hay dos paralíticos! ¡No podrán huir 1 ¡Morirán achicharra. dos! -I No les quedará ni el recurso de tirarse por el balcón! -Dos p a r a l í t i c o s dos. ¡I m a g i n é m o n o s su horror al ver avanzar las llamas destructoras y ellos no poder moverse... ¡Qué tragedia! Qué tremenda tragedia- -decía el. señor gordito encendiendo un hermoso puro con cara de satisfacción. Los cuatro o cinco mil espectadores nos frotamos las manos mientras sentíamos en las espaldas el soplo de lo trágico. Pero, bruscamente, empezaron a oírse, al principio muy lejos, luego cada vez ntás cerca, unas campanas presurosas. -Tan, tan, tan. talán, talán, talán, talán... Las bombas, las bombas! -rugió la muchedumbre extasíada. Y. efectivamente, empezaron a llegar los rojos y flamantes autobombas, escalas, cuerdas, bomberos con sus palas y sus picos relucientes al sol como su casco negro, de oro en la parte superior. Sus siluetas- empezaron a negrear por entre el humo, apresuradas, colocando mangas, preparando las palas, los picos... ¡Qué bonito, -qué bonito -gritábamos todos. -Ahora- -indicó el señor gordito- es cuando la tragedia entra en su apoteosis. Los bravos y esforzados bomberos van a luchar contra el fuego... Intentaran salvar a los paralíticos... Pero, el fuego no se dejará vencer tan fácilmente... Veremos caer por la! t fachada y estrellarse contra el suelo a tinos cuantos de estos beneméritos. Otros morirán asfixiados... Otros arderán hasta el casco... E n fin, en fin, prepararse, amigos, que esto va bueno... Bueno, pues lo que hicieron los bomberos fué tomar sus medidas, enchufar sus mangas y apagar el fuego en diez minutos. Sí, a m i g ó mío. Parece mentira, ¿no es eso? Pues es verdad. Apaaron el fuego, aquel u e g o tan hermoso, tan bello, tan bonito, con el que nos estábamos divirtiendo tanto cuatro o cinco mil honrados ciudadanos. N i pudimos ver muertos; ni heridos, ni paralíticos por los aires; A l señor gordito le detuvieron porque quiso agredir al jefe de los bomberos. Se lo llevaron pataleante y rugiente... Calló mi amigo, extenuado. Y yo no le dije nada, i Qué le iba a decir? Porque todos somos ffluj; buenos, muy humanitarios, y estamos siempre dominados por un seráfico espíritu de alta fraternidad; pero lo cierto es que no hace mucho tiempo, cuando anunciada estruendosamente, se representó una. película en la que decían que un negro era devorado por un león, toda la ciudad protestó indignada poique no se vela bien... f GABRIEL G R E I N E R (Dibujos de Robledano.
 // Cambio Nodo4-Sevilla