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i hos recelamos que hemos de renunciar, por I falta de tiempo, a estas averiguaciones... E n cuanto a los probables interesados, creo que sufrirán nuestras mismas dudas, pero con mayor intensidad... U n centenario, dos centenarios, acaso tres, no son una bicoca despreciable, y más de un personaje guardará íntimamente esta esperanza en el pecho... Desde luego, un poeta o un músico tienen más probabilidades que un general o que un político. Recientemente Austria ¡ha celebrado los de Schubert y Beethoven; ahora es Italia quien festeja el de A r i o s t o dentro de algunos meses España conmemorará el de Lope, y, sin embargo, apenas si nos acordamos de los políticos y generales contemporáneos de tan grandes figuras... M e sospecho que es ésta la razón de ciertas actitudes... Aquel señor que. nos amenazó con dedicarse a hacer versos... Perfectamente, he aquí un hombre que desea un buen centenario y que conoce con relativa exactitud su valor en l a profesión actual y el valor de esa profesión... Acaso con un par de coplas; es posible que con un romancillo... E n fin, Gutiérrez de Cetina pasó a la inmortalidad con sólo una composición breve. E l nuevo aprendiz de poeta tal vez llegue a escribir versos dignos de Gutiérrez y consiga de este modo su deseo de hacerse célebre. Esta reflexión, más optimista, me compensa de las amargas reflexiones que nos sugiere un centenario. MARIANO TOMAS L O Q U E ES Y L O Q U E N O ES U N A AMNISTÍA Sobre todos los asuntos que han de s o meterse a l a deliberación de las Cortes hay que dar preferencia a la amnistía. N o por razones de justicia n i por requerimientos de piedad, sino, simplemente, por exigencias de interés político, hay que acordar pronto la amnistía reclamada por el país. Más que nadie, el Gobierno ganará con ello. Se habla mucho de la amnistía, y no siempre con acierto. Así, se oye a algunos referirse a una amnistía condicionada, con cortapisas y reservas, y hay que salir al paso de esta opinión, que en unos será simplemente un error, y en otros quizá sea una habilidad, dejando bien sentado lo que es una amnistía y ío que. no puede serlo, aunque Heve tal nombre. j Todo el mundo sabe que la amnistía se distingue del indulto en que la amnistía es ¡olvido, y el indulto, perdón. E l reo indultado queda libre de la pena que le restaba por cumplir; pero el recuerdo del delito que cometió le sigue como negra sombra, como mancha imborrable; el amnistiado, n o l a ley que le amnistía borra, al mismo tiempo, pena y culpa, y le deja limpio, restituido a la plenitud dé sus derechos. Fué circunstancialmente delincuente; ha dejado de serlo y vuelve a reintegrarse a la vida como un ciudadano más. Afirmaciones como algunas que se oyen y se leen: l a amnistía tiene que dejar a salvo las garantías del régimen hay que procurar que los amnistiados no se sirvan de la amnistía para perjudicar a l a República o no quieren decir nada o van contra la naturaleza misma de la amnistía. L a amnistía no puede ser más que eso: amnistía. A m p l i a plena, incondicional. ¿Se concibe que se pueda condicionar el olvido? M e olvidaré si haces o dejas de hacer esto; pero me acordaré si no cumples la condición. U n a amnistía regateada no sería amnistía, sino indulto o conmutación de pena, que son cosas, jurídicamente, muy distintas. Los que, ligera o cautelosamente, han echado a volar la especie de una amnistía con limitaciones o con petición de garantías, jao se han detenido a pensar, que esa mal lla- mada amnistía ofendería por igual a los que l a propusieran y a los que se vieran obligados a aceptarla. Obligados, digo, porque estoy seguro de que sólo por l a coacción la soportarían; como soportan el castigo, más penoso, pero no más humillante que una supuesta amnistía, que ni olvidaba n i borraba, dejándoles en situación inferior a l a que ocuparon antes de ser considerados delincuentes. Prácticamente, la amnistía es un acto político (por eso es a los delitos políticos a los que preferentemente se aplica, aunque haya ejemplos, alguno bien reciente y de iniciativa republicana, en que se ha aplicado a delitos comunes) L a amnistía es un movimiento generoso y cordial, con el que se facilita, desde el. Poder, la concordia y la paz. Generosidad que se regatea y se cotiza no es generosidad. N i cabe la concordia donde se mantiene el recelo y la desconfianza. ¿Habrá que recordar lo que se hacía antes... Unos agitadores promueven una huelga revolucionaria. Durante varios días el país sufre una gran convulsión; -se perturba la vida económica y social; se entorpece el tráfico; cierran fábricas y talleres; circulan con dificultad los trenes; hay colisiones, heridos, muertos... Convictos y confesos los directores del movimiento son sometidos a los Tribunales de justicia, condenados con arreglo a las leyes, enviados a un penal. H a y en favor suyo, un movimiento de opinión. L o s presidiarios son elegidos diputados. E n el Consejo del Rey, alguien, defensor siempre de la doctrina democrática, recuerda al primer ministro una frase que éste pronunciara en favor de otro revolucionario. E l sufragio es un Jordán Son amnistiados los que cumplían condena. Y lo son conforme al concepto puro e insubstituible de l a amnistía: plenamente, generosamente, sin condiciones ni reservas. Los revolucionarios amnistiados; libertadas, devueltos a la plenitud de sus derechos, pudieron usar de éstos para seguir combatiendo todo lo que antes combatían. pugna con su honor, les impondría la reciprocidad una ley que está por encima de todas las leyes: su ley de caballeros cristianos, que manda olvidar los agravios (amnesia por amnesia) recordar l a generosidades y devolver centuplicado el bien que recibimos. FEDERICO S A N T A N D E R ABC EN BERLÍN C o n t r a viento y marea Partidos, Comités, parcialidades. Bueno; pero, en medio de tanta torre de Babel, dos tipos de hombre, y sólo dos: aquellos para quienes el principio fué el verso, y aquellos para quienes no hay más fin que la prosa. Ese sentido poético de la vida, entendimiento milagroso de l a Historia, candor legendario ante la maravilla del espíritu, fus sentido común, creencia unánime hasta la lluvia de arena del racionalismo francés. A n tes el pueblo llevaba rosas al altar y, en los dias de fiesta, veía por el aire, alborozado de campanas, un vuelo de palomas. Entonces aún el cielo era azul. Después, no. Voltaire emborrona las pupilas diciendo que el milagro se lo inventan los párrocos para cobrar el diezmo. Las puras, virginales categorías de Cristo- -sacrificio y gracia- -sufren un largo eclipse, y ya no es alegre el mundo ni es azul el cielo, A la rota infamante de la fe siguen las de la caridad y la esperanza. Todos los vínculos se rompen, uno a uno. E l corpas misticus de la comunidad, que la sangre del heroísmo calentaba, se fragmenta, al perder el brío sobrenatural que lo tiene en pie, en un archipiélago de soledades y egoísmos. Abandonada a sí propia, sin temblor de ultramundo, sin hálito, sin verbo, la vida es sólo materia corruptible. Tiempos de corrupción, de desaliento. Tiempos de materialismo histórico. E l rico se tumba en la butaca liberal y se hace burgués. L a prole, desesperada, se hunde en lodos de envidia y se hace marxista. Ocio de casino o disputa de Casa del Pueblo. Zapatos limpios o tacones rotos. P o r fuera, diversidad de modos y de modas, contraste de fórmulas y trajes. P o r dentro, un alma igualmente desalmada. ¿Qué importa que se peleen entre sí y lleguen todavía a suponerse enemigos? R i vales, más bien, con los mismos gustos y los mismos disgustos, idénticos apetitos e idéntica mutilación en sus nostalgias. ¡Así procedió la Monarquía! N o podía proceder de otro modo. L o contrario hubiera sido una indignidad. Y porque ni los que amnistiaban ni los amnistiados eran i n dignos, se les dio la amnistía, sin contratar con ellos la libertad y el olvido, sin preguntarles n i exigirles nada, y pudieron seguir tan socialistas y tan revolucionarios como antes. A h o r a ha de ser lo mismo. También ahora, como entonces, se lia levantado en favor de los presos políticos un movimienCuando l a terrible ausencia to nacional de simpatía. Todos los diputame comía medio lado. dos derechistas llevan a las Cortes, como mandato, la amnistía. U n o de los que sudijo, en verso, nuestro D Luis de Góngora fren cautiverio, aquel de cuyo nombre se y Argote. Medio lado le come a cada país ha hecho símbolo, ha sido favorecido por la terrible ausencia de amor que la burgueel sufragio. L o hubieran sido los demás si sía padece. Medio lado, la terrible plenitud se hubieran presentado candidatos. Habrá de rencor que afila los dientes del marxisuna diferencia. Aquellos hombres, extraídos mo ululante. P a r a salvar al pueblo cumdel presidio por oportuna generosidad de la ple, pues, sajar la gangrena allí donde se Monarquía, atenta al deseo del pueblo, sihalle. N i un grano de materialismo, ni un guieron laborando para derribar la Monargrano de pus, que en Castilla las gentes quía. Hicieron bien si así se lo demandaba llaman materia su conciencia y para acallar las voces de S i se quiere impedir la corrupción hay ésta no era la gratitud mordaza suficiente. que decidirse a la cirugía de hierro. E s lo Pero llegó un momento en que, logrado su que se propone, en bien de los de abajo y propósito, se desencadenó un torrente de i n los de arriba, el nacionalismo alemán. V e jurias y calumnias- contra el Monarca que nimos- -dice Goering, poniendo el dedo en les amnistío, es decir, que olvidó sus rebel- la llaga- venimos contra ¡os unos y los días anteriores: ellos no se creyeron obliotros. Contra el burgués, que es un marxisgados a detener aquel torrente turbio, impo- ta hipócrita. Contra el marxista, o burgués niendo su autoridad para que no fuera i n descarado. Contra quien, dando la cara o ia sultado quien en aquella ocasión, como espalda, se niega a la señal de la Cruz, al en la decisiva del 14 de abril, había desacrificio y a la gracia de Dícs, origen de mostrado que nadie le aventajaba en el las patrias. respeto a la voluntad popular. CualquieVenimos contra los unos y los otros. E l ra que fuese el rumbo que tomaran los lema recuerda, por la altivez del reto, aquel acontecimientos, los amnistiados de ahora, del navegante Barbarrpja: Conmigo o conni se convertirían en perseguidores i m tra mí, yo siempre solo Cuentan que lo placables de los vencidos indefensos, ni totalló en ía tajamar de su nave. E n t a nave lerarían, si estaba en su mano el impedirlo, inikinga e hitleriana, Goering tallará el suyo, que se les injuriase y calumniase, porque, a viento y marea. sin compromisos vejatorios ni promesas en- EUGENIO M O N T E S
 // Cambio Nodo4-Sevilla