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Este año, como otros pasados, ha vuelto el cronista a disfrutar unos días de la emoción que Loja sugiere a quien la admira; pero está alegría ha sido, atenuada por la desaparición del monumento que la ciudad levantara, a su hijo más ilustre. Los seis faroles que le alumbraban ahora no alumbran más que la ingratitud de unos cuantos que a la hora ésta deben estar arrepentidos y contritos de su culpa. Ha preguntado el cronista en voz baja las causas de la ausencia del bronce conmemorativo, que tan bien lucía en el centro de la plaza y que tari bien decía de la tierra y de sus hijos. Todos, en voz baja también, han dicho que desapareció una noche, y que está guardado en el arresto lugar que se ha usado muchos años para encerrar a los perturbadores del orden, a trasnochadores embriagados y a ladronzuelos de poco. laya. Confesamos que hemos sentido pena ante la injusta decisiqn de los que han querido borrar inoportunamente todo el pasadb. Dentro de nosotros se ha roto algo que fué grata emoción de antaño: la admiración y la simpatía por un pueblo agradecido. Todavía creíamos que la gratitud la poseían algunos hombres de buena voluntad dentro de sus corazones. Y nuestra desilusión ha sido tanto más grande cuanto que algunos de los que ordenaron el arresto de Narváez es posible que tengan a sus padres cuidados con amor en su vejez en aquel Asilo que el general fundara para los desvalidos. Narváez está hoy más muerto que nunca eri la inmunda habitación que servía de cárcel a los delincuentes; más muerto que en su propia sepultura. Sus mismos paisanos, los nietos de aqueüíos que le honraron, han querido abatir su prestigio con una saña que no tiene nombre ni explicación en lo humano. Bien estaba la estatua del gran soldado en medio de la plaza lojeña, para honra de cada uno de sus paisanos y para honra del pueblo entero. No vale que todos protesten ahora en voz baja, porque la culpa a todos alcanza. No vale- tampoco que se arrepientan tardíamente los que cometieron el pecado de ingratitud. E l via jero que cruce por la ciudad andaluza y vea desaparecida aquella figura interesante, que tanto le hablaba a su memoria, ha de seguir su camino con un comentario, no laudatorio por cierto, entre sus labios para el pueblo que así destruye a sus propios LA ANTIGUA CASA CONSISTORIAL DE LO JA les gigantescos de su jardín de un lugar a otro para dar ocupación a los sin trabajo. Mientras él vivió no consintió que el tren de Andaluces pasara por Loja: debían los viajeros apearse en Salinas, hacer noche en el pueblo y tomar de nuevo el tren a la mañana siguiente en la estación, que estaba a tres kilómetros de Loja. Las diligencias y los carromatos hicieron en aquel tiempo grandes negocios en los transportes obligados, y no menos lo hicieron las fondas y posadas de aquella época pintoresca. Medida arbitraria ésta, sin duda, emanada de su poder, pero de azón sentimental fácilmente explicable. Consiguió para su pueblo natal las máximas preferencias, y no hubo un lojeño en Madrid que no tuviera su protección desinteresada. Aún hay en la capital de España más de una familia que cobran pingües rentas del Erario español gracias a la generosidad de Narváez. LA PLAZA MAYOR DE LOJA, CON LA ESTATUA DE NARVAEZ EN EL CENTRO, HOY DESAPARECIDA U n día, pasados los años, la ciudad de POR ACUEX. D 0 MUNICIPAL Loja alzó un monumento a su memoria en medio de las flores de su paseo. E l bronce fué fundido con el dinero de todos y la emoción de todos se hizo lares. Que va hemos dicho que no es su figura política, ni su sinceridad cuando miraron la figura altiva del amo de Esacierto como ciudadano, ni siquiera su bravura de soldado lo paña encima de su pedestal. L o primero que el viajero contemque defendemos, sino aquélla ternura que puso siempre al alcanplaba a su entrada en la ciudad andaluza era la estatua del capice de su ciudad; aquel amor que le empujó en todo momento a tán general, que parecía mostrar al visitante el orgullo de su destacar su terruño, pensándolo, queriéndolo, gozándolo con su grandeza, y a sus pies de soldado que conocían todos los campos presencia, pregonando su belleza a todos los vientos y donándole de batalla de España unas letras sobre el fondo de piedra que decían: todas las ventajas que su mismo poder le concedía para su bienestar. A Narváez, Loja agradecida Narváez sigue arrestado como un delincuente vulgar. Bien Otro día el cronista tuvo la grata sorpresa de ver la piedra harían Loja y los directores de su destino de ahora en repoy el bronce del recuerdo emplazados en medio de la plaza M a nerle de nuevo en medio de su plaza. Sería una manera de yor, mirando a la sierra y teniendo por fondo lá vieja y bella decir al viajero que los hombres yerran, pero cuando llevan la nofachada de la antigua Casa Consistorial. Allí la figura de Narbleza éh el alma saben borrar sus culpas con el arrepentimiento. váez acrecía, porque la admiración del turista la envolvía con Sería un bello gesto que todos aplaudirían entusiasmados; lo miscuriosidad o con respeto. Las caravanas de automóviles que pamo los rojos que los azules, porque la gratitud, en los pueblos saban en busca de Ta belleza granadina hacían un alto ante el como en los individuos, es algo santo, que no es patrimonio de bronce que levantó la voluntad popular para hacer un comentario castas ni de partidos, sino que puede vivir y que vive en el fondo como tributo de admiración Q de censura. Pero allí estaba la readel sentimiento de la Humanidad entera. lidad de una fama con su gesto de majeza eri medio de la plaza pueblerina para orgullo dé lojefios y para admiración de pereJOSÉ P R A D O S L Ó P E Z grinos andariegos.
 // Cambio Nodo4-Sevilla