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La huelga de camareros de Madrid. Con objeto de exami nar la fórmula fraPuesta al ministro de Trabajo para el arre alo del conflicto, de los camareros, celebraron una Asamblea ayer tarde en el Circulo de la U n i ó n Mercantil los gremios de cafés, bares cervecerías v similares de Madrid. (Poto Días CasKHeffo. MEDITACIONES POLÍTICAS Justicia republicana Parece que vamos a saber, por fin, lo que es. Por lo menos sabemos ya lo que es para algunos republicanos. Para los de pelo en pecho, los que dan a los demás patentes de republicanismo, los que a su izquierda encuentran el vacío, que es lo más izquierdista que cabe imaginar. Botella Asensi, esa revelación de la República, nos lo acaba de decir. Los legisladores de las llamadas Cortes Constituyentes españolas tuvieron cierto día un capricho de niño mimado: N o queremos Scnado- -se dijeron- -porque es cosa vieja y tiene empaque aristocrático. Y nosotros nos perecemos por las novedades y por la llaneza en el trato ¿Pero con qué lo substituiremos... N o cayeron en la cuenta de que si el Senado era necesario, el capricho de su desaparición no debía ser mantenido; y si no lo era, holgaba toda substitución. Pero si hubiesen caído en l a cuenta no fueran republicanos. Y se dieron a buscar el subslituidor; y lo encontraron en una pieza que había de quedar desengranada dentro de la apariencia de mecanismo constitucional, porque a ¿1 lo traían sin más objeto que cubrir un hueco; cuando tanta pudiera ser su eficacia en el conjunto orgánico de una ley fundamental, salida de las entrañas mismas de la sociedad política. Y se creó el Tribunal de Garantías Constitucionales. A l t a misión la suya a juzgar por la letra de los preceptos que lo creaban. Definidor de la constitucionalidad de las leyes por encima de la opinión de la mayoría y de la sanción presidencial; otorgador de amparos en los casos de infracción de los derechos de jurisdicción y naturales; juzgador de los ministros y hasta del presidente de la República, parecía perderse en las m á s altas regiones cíe la vida nacional por la cxcelsitud de su cometido y la superioridad de su actuación. A u n a y a otra- -era muy justo- -había C so rc? ponder la independencia de sus mh ¿ros. L a realidad lo. t r a n s f o r m ó en el reverso de lo ideado. Como si fuese un Tribunal de una horda de beduinos, anda errante sin sede ni refugio; carece de empleados, de material, de consignación en el Presupuesto nacional; no hay modo de que definitivamente se constituya; y todavía no se sabe con qué razones el que fué presidente de las Constituyentes se oponía- -y vencía en su obstinación- -a que el edificio del Senado fuese su residencia, ya que como heredero de la antigua c á m a r a de ese nombre parecía corr. esponderle de pleno derecho. E l conde de P a r í s nos dejó una frase lapidaria. Para él las instituciones corrompían a los hombres L a sentencia pronunciada con propósitos de desengañar a las buenas gentes que se creen capaces de infiltrar su- bondad en las organizaciones creadas por el espíritu revolucionario, ha de ser ampliada. N o sólo las instituciones corrompen a los hombres, sino a otras instituciones que por su origen y hasta por naturaleza están destinadas a causar ¡a sanidad de los pueblos. Pero, en f. n, hasta hace unos días, el T r i bunal de Garantías Constitucionales- -el m á s alto organismo de la nación, por cuanto pronuncia la inconstitucionalidad de las leyes votadas por el Parlamento y sancionadas por el presidente, y juzga a éste y a sus ministros- -vivía en el descrédito; pero no en la ignominia. Botella Asensi- -el ministro de la justicia, nada menos- -al definir lo que en su opinión constituye l a justicia republicana ha hecho cuanto en su mano estaba para hundirlo en ella. H e aquí lo que ha osado decir, sin que hasta l a fecha en que se escribe este artículo haya rectificado nadie sus incalificables declaraciones: ...me informé por un miembro del Tribunal de Garantías de que, de acuerdo los elementos radicales y todas las derechas, trataban de aprobar el recurso presentado por el señor March, para que se le admitiese como vocal del Tribunal de Garantías Constitucionales, v entonces hice observar al Gobierno el hecho político monstruoso que supondría que el Sr. March, acusado por las Cortes Constituyentes, se convirtiese en juez de los más altos órganos políticos de la República, consiguiendo con mi actitud, y mediante la adhe- sión valiosa de otros ministros, que- se desistiese de aquel propósito No cabe en un miembro de un Gobierno inconsciencia mayor. E n medio de la corrupción política que los revolucionarios achacaban a los partidos de l a Monarquía parlamentaria, la vergüenza rendía al Derecho por lo menos el homenaje de sus respetos, ocultando y aun negando la existencia, de presiones de los Gobiernos sobre los T r i bunales. U n ministro de Justicia de la República baja- a la plaza pública a pregonar que no le queda ni aun aquel resto de saludable pudor. Confiesa sin reparo alguno- -y haciendo de la confesión timbre de gloria- que el Gobierno, a propuesta suya, apoyada por la adhesión, que califica de valiosa, de otros ministros, se ha entrometido en los asuntos que la ley discierne al Tribunal de Garantías Constitucionales, y ha conseguid do de algunos de sus miembros que desistiesen de determinados propósitos en materia que les había sido sometida. Y aun eso, con ser enorme, sería poca cosa. L o verdaderamente bochornoso es que por un ministro se dé al país como la cosa más natural del mundo la noticia de que haya en el Tribunal de G a r a n t í a s Constitucionales vocales que comuniquen al ó r g a n o ejecutivo lo que pueda ser escuchado en aquél; que el Gobierno se permita juzgar a priori l a situación de las personas que por uno u otro concepto dependen de la jurisdicción, que se afirma soberana, del Tribunal, y que, atribuida como está por la ley al último cuanto afecta a su organización, l a intromisión, del Gobierno pueda Kegar al punto de poner vetos e incapacidades a los que el Cuerpo electoral designó para formar parte del mismo. Y por decoro del Tribunal- -no me está a mí encomendado el de la República- -esa no puede quedar así. Es preciso que l a na ción, para la cual se. constituyó aquél, sepa si el Sr. Botella Asensi pronunció las palabras vitandas en el estado de vesania a que le llevó el despecho por su derrota electoral, o si responden, siendo, vitandas, a una realidad escandalosa. Y lo sabrá muy pronto. VÍCTOR PRADERA