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ENJFRENTE C E I. A TORRE Y AS S Y D E LOS LUJA- VES DETRAS, COMO SE ALZA EL AYUNTA MI FNTO. UNOS AL FONDO DE LA PLAZA, LA ESTATUA D E D. A L V A R O DE BAZAN, SURGIENDO D E U N TIESTO, ARBOLITOS... (FOTO DUQUE. tristes días de nuestros desastres coloniales, por el general Folavieja, cuando regresó de la campaña filipina. E n ella, en fin, ha nacido el ilustre actual conde de R o manones. M a l cuidada, bastardeada en su prístino estilo por posteriores rebocos y l a mentables arreglos, el Ayuntamiento tuvo el acierto de adquirirla y el, aún mayor, de restaurarla magníficamente, uniéndola, por gracioso arco cubierto, a la primera Casa Consistorial, de l a que, a partir de entonces, es dependencia. Ocupa ésta desde el lunes 19 de agosto de 1619, en que se celebró en ella el primer Ayuntamiento, el Palacio que fué de D J u a n de Acuña, presidente de Castilla, y es, en su belleza, ornamento principal de la plaza, y sería el mejor ejemplo del estilo propio madrileño, a no haberla ultrajado en su pureza el arquitecto J u a n de Villanueva, que modificó la creación del primer restaurador, Carbonell, con el balcón corrido que da a l a calle M a y o r sin embargo, tal es l a gracia con que está ejecutado, que ha de perdonarse el desacato en aras del buen conjunto. Sigue el prestigio ornamental y evocador de l a plazuela y cercanas a l a de Cisneros, separadas tan sólo por el estrecho callejón del Cordón, que va a l a plaza de su nombre, siguiendo la línea que marca la parte posterior del Convento de Jerómmas del C o r pus Christi, de las Carboneras, vulgarmente, cuya Iglesia, llena de evocaciones, aun tiene una tablilla prometedora de. indulgencias a quienes recen por las almas del Gran Capitán y de su esposa, se encuentran las casas de los Lujanes que, esquina al callejón del Codo, vienen a terminar en la f a mosa torre, cerrando por este lado el que podríamos llamar cinturón legendario de l a plaza. Son estas casas, en donde la leyenda se encuentra del brazo de la historia, solar de esta ilustre familia madrileña, en la rama llamada del Arrabal, para diferenciarla del tronco principal, que era la de la. Morería, y que habitaba las casas de los Vargas, contiguas a l a Parroquia de San Andrés. A n teriormente fueron de Gonzalo de Ocaña, señor de la Casa de los Ocañas y regidor de la V i l l a y de su esposa doña Teresa de Alaroón, pariente muy próxima del célebre D Hernando de Alarcón, quien, por esto, sin duda, al traer por designio del César Carlos prisionero al Rey Francisco de F r a n cia, le hospedó espléndidamente en estas casas y torre, en donde pudo recibir el agasajo que le hizo el Concejo madrileño antes de pasar al regio Alcázar que había de ser su definitiva prisión. Insignificantes en su arquitectura, de ladrillo y canto, aquél fué su máximo prestigio, y tal vez por el que se han mantenido en pie hasta nuestros días, cosa rara en este pueblo tan poco amante de las viejas piedras, como un. monumento evocador de l a victoria de Pavía. E n el siglo pasado desvirtuóse su estilo, así como el de l a inmediata casa, que forman un todo, transformándolas, con un gusto muy deplorable, en un ingenuo Castillo de Reyes Magos, y en, este año, ¡ante la amenaza de que se viniese abajo, se hizo una restauración en la casa, con peor éxito que buen deseo, lamentable y pobre, y que desarmoniza con el resto de la plaza; con pretensiones sabias, no es nada, aun admitiendo las teorías modernas seguidas en las restauraciones. A l g o mejor la de la torre, ha buscado l a primitiva forma y decoración, aunque no ha cuidado lo que debiera el colorido del revoco entre los lienzos de ladrillos, de no haber dejado la piedra a l descubierto como en la Casa de Cisneros; las maderas de las ventanas, pobremente pintadas y mal ejecutadas además, y, en fin, ha dejado en el olvido más absoluto, sin descubrir su belleza, al arco túmido- ojival que enmarca l a puertecilla que l a da entrada por el callejón del Codo y que es l a propia de la T o r r e puertecilla condenada y tapada en su inferior mitad inoportunamente, escamoteándose así a l a contemplación su i n discutible mérito. Esta falta de atención en materia de restauraciones hace pensar, como ocurre en otros países, en que debieran de estar sometidas a la vigilancia y dictamen de entidades de solvencia oficial, como l a Academia de Bellas Artes, o de solvencia reconocida e impuesta por sus méritos i n discutibles, como la Sociedad de A m i g o s del A r t e que tan profundos conocimientos han demostrado en A r t e e H i s t o r i a de los que son digno ejemplo sus anuales E x p o s i- ciones, muy especialmente la del A n t i g u o M a d r i d A l comentar esta restauración de l a casa y torre se impone el elogio por l a realizada en otro tiempo en la inmediata casa, de L u j a n también, hoy Hemeroteca municipal, y que, aunque no perfecta como l a de Cisneros, es cuidadosa y llena de respeto. E l recinto de la plaza es bello, regular y entonado, pese a l a casa de vecinos número 1, que hace esquina a la calle mayor, modeAna Jy demasiado alta comparada con el resto, casi como la torre vecina, que tanto desdice a su lado. A l fondo, una estatua en bronce, l a de D A l v a r o de ¡Bazán, obra de BenlMure, y detrás, como surgiendo de un tiesto, unos arbolitos que no tienen más misión, al parecer, que matar l a perspectiva y tapar la fachada de l a Casa de Cisneros. S i en M a d r i d preocupasen, como en otros lugares de rango, estos recreos del espíritu, acusadores de cultura y buen gusto, aun podría mejorarse el aspecto de la plaza con sólo trasladar la estatua a lugar más adecuado, colocando en su puesto alguno fuente de época- -antiguamente la fmbo, hoy tal vez perdida en los almacenes municipales- -y quitando sin remordimiento alguno esos arboles, i n oportunos e inútiles. Y ya en el trance del arreglo, adquirir por el A yuntamiento l a casa número 1 para levantar sobre su salar otra dependencia, cuyo edificio entonase, en su estilo, con la P r i m e r a Casa Consistorial o con el de alguna fachada antigua e histórica que, aprovechándose en este creado, se colocase: l a del Hospital de L a L a t i n a retirada hace tiempo, al derribarlo, debe encontrarse en los almacenes de la V i l l a algún tanto olvidada. Así, las oficinas municipales quedarían ampliadas suficientemente, sin necesidad de pensar en construcciones más costosas y más aventuradas, que nunca tendrían la belleza de esta propuesta la que, además, contribuiría a completar este conjunto tan armonioso que compone la plaza, que vendría entonces a ser al igual de un coto cerrado, en donde quedase como encantado el tiempo, tal sería su fuerza evocadora... Luis D E SOTO
 // Cambio Nodo4-Sevilla