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de seda celeste rayado. E n la cabeza, un birrete de piel plegada, sujeta por dos botones de plata. Pasemos a otro; este sastre es marrón, de lana no muy gruesa, porque la chaqueta está forrada de leopardo onle una imitación; solapas pequeñas y puños estrechos son el único adorno de ésta chaqueta muv entallada. E l delantero de la falda está formado por anchos pliegues, que se abren al moverse, y la blusa, de raso marrón, con cinturón de leopardo y hebilla de oro. Aquí viene el tercero es verde obscuro muy adornado de astracán negro; tiene canesú redondo, cuello anudado a fe diable, dos bandas de piel se cruzan delante y bordean toda la chaqueta; manguito de astracán en la mano y gorro de igual piel en la catea; falda completamente lisa, y ya tenemos una señora vestida a maravilla. Dejemos los sastres y pasemos a los conjuntos, que no carecen de interés, créanme ustedes. Primero, un abrigo ajustado, con cinturón, se cierra en el costado; un volante, pasando por debajo del brazo derecho, cruza el pecho y se abrocha sobre el hombro izquierdo con cinco botones muy grandes; el conjunto es negro; nada de pieles ni de adornos; la severidad de este traje es asombrosa; para que el conjunto sea elegante no vacilemos en llevar el volante bastante alto; se ondulará y tendrá, por lo menos, treinta centímetros de ancho. Se me olvidaba decir que el sombrero para este modelo era de terciopelo violeta y los guantes, de piel negra; llevaban un volante de terciopelo violeta. Üh tres- cuartos entallado me ha sorprendido, porque no es esta forma la que resulta más perfecta; abierto delante, tenía todo el cuerpo rayado de brandebourgs; lo poco que se; veía de la falda era de línea tan correcta, que casi parecía este trescuartos una levita haciendo juego con el vestido. L a tela era negra y el brandebourg verde obscuro. Los cuellos- bufanda cruzados tienen infinitas ventajas; la mayor es que se abrochan sobre el abrigo o la chaqueta, lo que permite fáciles cambios. E l más bonito que vi aquel día era de astracán muy flexible y se destacaba sobre un abrigo de lana, muy grueso, en rojo. E l cuello- bufanda, muy alto, cruzado sobre el pecho, va aumentando de ancho hasta terminar en las caderas, donde se sujeta con dos botones cuadrados de metal. Las mangas de este abrigo eran muy originales: lisas arriba y abajo, tenían en el centro un farol cubierto de pespuntes. Bn la moda hay tantas Cosas que se deben recordar como las que se deben rechazar; es raro que un modelo guste totalmente; esto nos permite hacer supresiones y dar nuestra personalidad al vestido o al abrigo que llevemos. En este artículo, que refiere a ustedes mis observaciones hechas en el hipódromo, bajo el cielo triste, da a ustedes ideas que pueden gustar o no gustar; son, ¡a pesiar de todo, una enseñanza, y ustedes saben que aprender es uno de los actos más hermosos de nuestra existencia. Los abrigos claros sobre vestidos obscuros, las chaquetas obscuras sobre vestidos de tonos duflees son siempre bonitos y elegantes; ambas combinaciones se veían en la pelóme pero, como el día estaba triste, el tino que demostramos a menudo no digo siempre) hizo que todos estos contrastes se presentasen en lanas grises y flexibles para los abrigos y finas para los vestidos. Se ha conseguido este año combinar diferentes tejidos con las características de unos y de otros. Las chorreras, muy trabajadas, muy plegadas y muy largas, con una joya prendida, se han abierto un camino, como nunca lo dudé. No son nunca del color del vestido, y conviene Saberlas combinar. Una elegante que se había casi tostado en un brasero, al entrar en el bar tuvo calor y echó hacia atrás su abrigo, dejándome ver Un vestido compuesto de túnica beige de lana finísima, casi como encaje, sobre fondo de duvetine cabeza de negro; las mangas, largas y ajustadas, y el cinturón, ancho, de duvetine marrón. Así, bajo un cielo gris, han desfilado ante mí tantas ideas bonitas, que por una vez armonizan con el tiempo y e! ambiente. De los caballos, nada diré; me han afirmado que corrían, saltaban y galopaban; lo creo firmemente, pero no he visto ni uno siquiera. TERESA C L E M E N C F A U
 // Cambio Nodo4-Sevilla