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MADRID- SEVILLA 32 D E D I C I E M B R E DE jT H I J ÉT P A R I LUSTRA- D O A Ñ O VIG E- 1933. NUMERO SUELTO REDACCIÓN: 10 C E N T S PRADO J lk MmJ m S 1 MONÓVENO, NUMERO 9.540 SEVILLA D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES X ANUNCIOS, M U S O Z O L I V E C E R C A N A A T E T D A N EL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO ANARCOSINDICALISTA DESPUÉS VARIAS CON DOMINO D E L A JORNADA FRACASO, AG 1 TAD 1 S 1 MA DEL D O M I N G O EN AYER, PUEDE E L GOBIERNO OUE PROVINCIAS LOS SINDICALISTAS INTENTARON LA HUELGA GENERAL. EN TODO MOMENTO L A REBELIÓN, SOFOCADA PLENO CONSIDERARSE Nuevos detalles del salvaje atentado contra el tren Barcelona- Sevilla en el puente sobre el barranco Puzol. Epílogo del trágico episodio de Villanueva de la Serena con el hallazgo del cadáver del sargento Sopeña. En toda la nación se advierte una fuerte reacción ciudadana en apoyo del Poder público. El intento de los sindicalistas de provocar Ja huelga general en Madrid fracasa desde el primer momento. Anoche mismo se reintegraron al trabajo los ferroviarios andaluces, que habían comenzado el paro. Detención, en Madrid, de varios fabricantes de bombas. Hoy habrá sentencias de varios Tribunales de Urgencia. La U G T recomienda a sus afiliados que no abandonen el trabajo. El Gobierno sigue vigilante a cualquier nuevo chispazo aislado. Los episodios en numerosas poblaciones durante las cuarenta y ocho horas últimas confirman la extensiva preparación que ha tenido el movimiento revolucionario y el designio de los anarcosindicalistas de ocasionar los mayores, daños. Donde no han podido realizarlos se ha visto por lo menos el intento, y donde no llegaron a intentarlos por tropezarse desde el primer instante con medidas que les reducían a la impotencia, a lo menos han procurado despertar y mantener la alarma. En todos los sitios ha dominado por parte de los insurgentes el instinto destructor, el ansia cruel de producir víctimas, aun las más inocentes. Ha habido atentados de monstruosidad salvaje como el de la línea férrea en las cercanías de Valencia. Ha habido propósitos de otros no menos vandálicos. En Madrid mismo registramos dos: la colocación de un explosivo en- el Metro que hubiera podido ocasionar innumerables desgracias personales, y el conato de incendio en la Inclusa, que subleva el ánimo de toda persona de conciencia. ¡Es para imaginada la hecatombe que el juego hubiera producido en ese. asilo, el peligro para centenares de vidas de angelicales criaturas! Toda la intentona revolucionaria está salpicada de sucesos análogos, que han indignado a la opinión. Por foriúrta, el periodo agudo ya ha pa sado. El Gobierno dice está seguro de dominar la situación y los focos esporádicos que aún resten serán rápidamente disipados. No es cosa de horas, pero sí ed poquísimos días. Le bastará al Gobierno sin necesidad de proclamar el estado de guerra con aplicar la ley de Orden público. No estamos, es bien sabido, conformes con algunas cosas de esa ley, pero no es el momento de discutirla, porque ahora debemos todos nuestra adhesión al Poder. Fiemos en que sabrá aplicar esa ley fon espíritu sereno y justiciero. Es preciso restaurar cuanto antes la paz pública, alterada por, estos conatos de, revolución, para luego ahondar en las causas. Todo espíritu observador e imparcial puede señalarlas. Sólo algún comentarista ladeado y fanático, que no excusa ocasión para entregarse a la fobia sectarista, puede decir que el estado de perturbación se ha engendrado en los años de la Monarquía: No merece la pena de contestarse esa paparrucha. Bastaría sólo con recordar el orden de que se gozó en esos años últimos. Para quien tenga ojos y atención, la simiente ha germinado en estos veintitantos meses de nuevo régimen, en que, rota la disciplina social y. subvertidos tantos valores y desconocido el principio de autoridad, han ido fermentando las corrientes anárquicas, con amplitud de ejcr- Hcio y de propagandas, de que no se ha excluido a los cuarteles. La crisis de disciplina cuando alcanza a todos los órdenes, sin salvar siquiera al militar, no puede producir otros frutos. La impunidad de infinitos atentados contra la propiedad y contra las personas han sido un factor de incitación y de auge para los grupos disolventes. Esa impunidad, se ha llevado también a la propaganda. Desde la tribuna del mitin, la excitación ha. sido constante. No hace sino semanas, el señor Largo Caballero la repetía en Madrid, con el detalle, acaso de simple coincidencia, de señalar precisamente el día IO para echarse a la calle. Invitaba a su público a votar el día 3, sin que ello fuera obstáculo para salir a la calle el- día 10. El partido socialista y la U. G. T. dijeron ayer que no se suman a esta intentona, y aun la condenan. Mejor hubiera sido decirlo el primer día en gite se iniciaron los acontecimientos. De fados modos, no pueden negar que han contribuido a preparar el ambiente. Esperemos ahora que la realidad corrobore bien pronto- los opthnismos del Gobierno, y que, recobrada la tranquilidad material, podamos ir hacia la otra, la de los espíritus, absolutamente indispensables para la pida de España. Informes oficiales El presidente del Consejo hace interesantes manifestaciones a los periodistas H o y estará t e r m i n a d o e l m o v i m i e n t o M a d r i d 11, 6 tarde. E l presidente del Consejo estuvo hasta las nueve de l a mañana en e l ministerio de l a Guerra. Desde allí marchó a su domicilio, donde descansó una hora. A las diez y cuarto, estaba. ya en el despacho oficial de l a Presidencia. Las impresiones que entonces se tenían del movimiento era las de que se intentaba l a huelga general en distintas poblaciones de España, ejerciéndose coacciones, por parte de los elementos de l a- Confederación N a cional del Trabajo, sobre los elementos obreros, consiguiéndolo en algunos sitios sobre e l ramo de l a Construcción. P o r lo demás, l a parte violenta había remitido mucho. L a minoría agraria se ofrece a! G o b i e r n o A las once de l a mañana llegaron a l a Presidencia los Sres. Martínez de Velasco, A b i l i o Calderón, Fanjul y Moreg, en repre- i sentación de la minoría agraria, para ofrecerse a l Gobierno. Fueron recibidos en el acto por el señor, Martínez Barrios, con quien conferenciaron algún tiempo. A l a salida, el Sr. Martínez de Velasco declaró que habían ofrecido al jefe del G o bierno el incondicional apoyo de l a minoría, no sólo en el- Parlamento, sino fuera de él, para cuantos servicios considerara el Gobierno necesarios. -E n este momento- -dijo el Sr. Martínez de Velasco- -no hay diferencias n i matices políticos. N o hay más que una disyuntiva: la anarquía o Es paña, y nosotros, como españoles, estainos a l lado del Poder constó-