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A B C. M A R T E S ia D E D I C I E M B R E D E 1933. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A O ai, 1 El d o m i n g o hicieron en Madrid y exen plosión los p u e b l o s próximos n u merosos petardos A las seis de la tarde comenzaron a recibirse en la Dirección General de Seguridad noticias de que habían hecho explosión algunas bombas y petardos en Madrid, Villalba y Canillas. Más tarda concretáronse las noticias en el sentido de que en el próximo pueblo de Villaverde, al anochecer había hecho explosión una bomba en la fábrica H i droeléctrica, quedando a consecuencia de la explosión a oscuras el pueblo. Inmediatamente salieron para allá fuerzas de Asalto y mecánicos electricistas para arreglar la avería. También en el próximo pueblo de Canillas hizo explosión otra bomba en una fábrica, donde se produjeron sólo daños. A las siete de la tarde estallaron tres petardos con un intervalo de un minuto, en la esquina de la calle de General Ricardos. portera si aún no se había abierto la Peña del Águila, y como se le dijera que no, simulando contrariedad, por ser, decía, un camarero que no trabajaba, se retiró, pero antes de salir preguntó también si la Peña tenía acceso a l patio de la casa. Momentos después ía la explosión de la anterior bomba, cuando los guardias de Asalto se ocupaban de disolver al público aglomerado en la calle de Concepción A r e nal, sonó cercana otra potentísima detonación. L a gente acudió presurosa al lugar del suceso, que era l a calle de jacometrezo, frente al 65, a espaldas del Cine Capítol. Allí unos desconocidos habían colocado el segundo petardo, bajo otro coche de los múltiples que aguardaban l a salida de sus dueños distraídos en el cinematógrafo. E l automóvil era un Chyrler, matrícula de Barcelona, propiedad de doña Margarita Ruiz de L i r o r i domiciliada en Urbano, 1. E n este coche no produjo desperfectos el petardo. E n cambio reventó l a rueda trasera izquierda del que había al ladp, propiedad de D José Soto Candelas, domiciliado en Jener, 8. A d e más de este desperfecto l a explosión produjo la rotura de seis u ocho cristales de la fachada posterior del Cine Capítol. E n el lugar del suceso quedó buen rato después de ocurrida la explosión un mal olor a ácido clphídrico. Desde anochecido comenzaron a oírse en la glorieta de Atocha fuer- íes detonaciones, que produjeron i a natural alarma entre el numeroso público que a aquellas horas circulaba por la plaza. A las siete y diez se oyeron, tres explosiones, y que tal vez fueran las correspondientes a las bombas colocadas en la Carrera de San Isidro y a que más arriba aludimos. A las ocho y treinta se percibió otra detonación. A las nueve y. treinta una más, tan extruendosa que llevó el pánico a todas partes. A las nueve y cuarenta y cinco se percibieron otias dos y minutos después tres más. E r a n las. diez y cinco minutos cuando se expandió la última explosión. E l público, poseído de pánico, huyó de la glorieta en todas direcciones, utilizando los tranvías, los taxis y el Metro. A las once de la noche la plaza había quedado casi desierta. U n o de los explosivos estalló en la trasera de un jardín que circunda el edificio del antiguo ministerio de Fomento. Fué arrojado por la verja de la calle de Claudio Moyano, y el que lo arrojó aprovechó la obscuridad para huir. A l conocerse en la Dirección de Seguridad las noticias precedentes se dispuso que marcharan a la glorieta de Atocha y calle de Alcalá Zamora fuerzas de Seguridad y de la Guardia civil, al mando de sus respectivos oficiales. Practicaron registro en los alrededores y detuvieron a tres sospechosos. Cuantos automóviles pasaban por aquellos lugares eran registrados y los transeúntes cacheados. N o pudo concretarse los sitios donde se produjeron las restantes explosiones, pues mientras unos aseguraban haberlas oído hacia el Botánico o el Retiro, otros afirmaban que habían sido oídas en dirección del paseo de las Delicias. A las once de l a noche, en la Direlcciós de Seguridad había más de 20 detenidos y muchos en las Comisarías, de donde se trasladaron a la Dirección por incapacidad de los calabozos de dicho centro. aprovisionarse, a fin de estar prevenido á n i! el ciesre general de establecimientos que se anunciaba. Inmediatamente de ser conocida l a notí- cía en los Centros periodísticos, los inforV madores de Prensa se dirigieron a los distintos departamentos oficiales, donde les fué comunicado que las noticias que circulaban no se ajustaban a la realidad. L o ocurrido realmente era que los elementos de la C. Ñ. T. habían intentado declarar la huelga gene- ral, intento que no. había sido secundado por los obreros de la U G. T. n i por el resto d é l o s trabajadores. N o obstante el no verse asistidos con l a cooperación de los demás obreros, los que trataban de imponer; la huelga general, pretendieron lograr su i n tento valiéndose de diversos medios, entré ellos las coacciones y la alarma. Algunos grupos de estos alarmistas recorrieron d i versas barriadas extremas de la población, dando voces y asegurando eme se había declarado la huelga, con lo que consiguieron en algunos sitios sembrar l a alarma que se proponían y en otros que varios trabajadores abandonaran las obras en que se hallaban. También dieron lugar a que se formaran grandes colas ante las tahonas y carbonerías. 1 T r e s petardos en Ja Pradera de San Isidro A la misma hora aproximadamente hicieron explosión otros tres de los. cuatro que habían sido colocados junto a cada uno de los pies de soporte de los que sustentan cables eléctricos en la pradera de San Isidro. L a torre férrea quedó destruida en su basamento. A las ocho y cuarto de la noche una formidable detonación que se dejó oír hacia la avenida de Pí y M a r g a l l y plaza del Callao, sembró la alarma entre los centenares de transeúntes, que a dicha hora circulaban por aquellos sitios. Se produjeron sustos, carreras y cierre de portales. L a s gentes corrían en distintas direcciones, unos a ponerse en salvo, y otros, los más atrevidos, en busca del origen de la explosión. L o s guardias- de Seguridad y de la circulación, así como un pelotón de los de Asalto, se dirigieron hacia l a calle de Concepción Arenal, donde comprobaron que la explosión se había producido bajo un magnífico automóvil particular que se, hallaba estacionado ante la acera de los impagares, frente a l número 3, donde está instalado el bar Rimbombín, propiedad de doña Milagros Lomo. E n la finca contigua a éste hay otro bar llamado L a Peña del Águila. A consecuencia de la explosión el automóvil M. -18858, propiedad del médico don A n t o nio Palacios, resultó con el parabrisas y uno de los faros hechos añicos. E n l a cubierta del motor se había producido un tremendo agujero, varias piezas del motor saltaron hechas pedazos y la rueda de repuesto que estaba colocada en l a parte anterior derecha del vehículo, también quedó deshecha. M u chos cristales de las Gasas cercanas al lugar del suceso cayeron a la calle en pedazos. Fué raro, en verdad, que ninguno de los choferes que en l a calle dicha aguardaban la salida de sus señores de teatros y cines, resultase herido, n i por la explosión, n i por la lluvia de pedazos de cristales que cayó sobre ellos. E n el bar Rimbombín cayeron destrozadas 3 a luna del escaparate y otras del establecimiento, y no pocos útiles quedaron inutilizados. E n la Peña del Águila sólo se produj o la rotura de una farol que alumbraba la muestra del establecimiento Los dos bares se encontraban cerrados y en su interior no había nadie. Poco antes de producirse la explosión un sujeto penetró en el portal y preguntó a la E l comercio toma precauciones ante Ja noticia de huelga E n algunos barrios extremos de M a d r i d y muy especialmente en los Cuatro Caminos, el anuncio de la huelga general dio por resultado el que los comerciantes tomaran precauciones y se negaran a abrir sus comercios, pero según fué avanzando el día las) noticias fueron más tranquilizadoras y los comerciantes abrieron sus tiendas. L a Guardia civil y las de Asalto y Seguridad recorrían l a glorieta de Ruiz Jiménez y calles inmediatas, con el fin de dispersa los diversos grupos que recorrían el distrito produciendo la alarma. E s t a medida dé las autoridades dio lugar a algunas carreras y sustos. 1 Amenazas y coacciones E n el pueblo de Chamartín de la Rosa! quedaron paralizadas varias obras en construcción. E l personal de algunos talleres no entró al trabajo. U n grupo de huelguistas rodeó un tranvía y obligó a los viajeros a apearse del coche el cuai tuvo que regresar a las cocheras por disponerlo así los que amenazaban. E n l a Ciudad Universitaria abandonaron el trabajo los elementos de l a C. N T U n grupo de huelguistas se presentó en las obras de prolongación de la Castellana; con el fin de que abandonaran el trabajo cuantos allí se hallaran. U n o de los que trabajaban indignado ante el proceder de los! que trataban de obligarle a holgar a l a fuerza sacó una pistola e hizo un disparo, ante el cual huyeron rápidamente los que ejercían coacción. L a detonación atrajo a l a fuerza pública, que acudió a aquel lugar y persiguió a los revoltosos, pero no logró lá detención de ninguno de ellos. Otro grupo de huelguistas se presentó ante los talleres de M Z A en el Pacífico, también con el propósito de que I05 obreros abandonaran el trabajo, pero la presencia de los guardias puso en fuga a los huelguistas. Mediada la meñana, llegaron varios individuos a una academia establecida en l a calle de Almagro. L o s desconocidos dijeron que eran huelguistas y obligaron a que en el Centro docente se suspendieran las clases. Coacciones y alarma en varios l u gares de la capital Madrid 11, 6 tarde. Desde las primeras horas de la mañana de hoy empezó a circular por Madrid la noticia de que había sido declarada la huelga general en ia población. E l rumor, unido a la falta de periódicos y otros medios informativos, fué origen de una gran alarma entre el vecindario, el cual se preocupó desde los primeros momentos de Noticias del director general de Seguridad A la una de la tarde recibió a los periodistas el Sr. Valdivia, el cual les manifestó que no ocurría novedad alguna t n Madrid,
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