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A B C MIÉRCOLES 13 D E D I C I E M B R E D E 1933. EDICIÓN D E ANDALUCÍA P A G 21. 1 demostrar, y lo demostraré a su tiempo, que si en este movimiento hubo lágrimas y sangre, inevitables, no hubo lodo que manchara nuestros actos. (Aplausos de radicales y otros sectores. Termina apelando a la armonía de todos los grupos republicanos. (Aplausos. E l Sr. B O L Í V A R comunista, habla de la política criminal del Gobierno de Casas Viejas, y dice que es una infamia la imputación del descarrilamiento de Valencia, puey primero se dijo que había sido vola lo el puente al paso del tren y después que se habían arrancado diez o doce metros de raíl. (Risas y rumores. Habla del Frente Único y dice que esta es la ocasión de que el L e nín español apoye el movimiento. (E l orador se expresa con vacilación y la Cámara acoge con rumores sus palabras. Hace una alusión a los soldados y el presidente le interrumpe. E l P R E S I D E N T E L a presidencia ha tenido tolerancia con la escasa experiencia parlamentaria de su señoría, pero no puede tolerar ciertas alusiones a los soldado? que no tienen más misión que la de obedecer el Poder constituido. -E l Sr. A L B I Ñ A N A afirma que tenía cosas importantes que decir, como representante de la minoría unipersonal del partido nacionalista español; pero que renuncia a la palabra por tres razones: primero, porque no quiere cansar a la Cámara prolongando el debate, por lo cual se reserva su intervención para cuando se plantee el debate político; segundo, porque se encuentran ausentes del Parlamento las dos personas que más le interesan (alude a los señores. A zana, y Casares Quiroga) y tercero, porque lo que tenía que decir lo ha dicho ya, sólo que al revés, el napoleónica Sr. Prieto. (Risas. (E l presidente suspende la sesión. A c t a s dictaminadas Se reanuda la sesión a las nueve menos fcuarto. Entran bastantes diputados en el salón y ocupan. el banco azul los ministros de la Guerra, Hacienda, Agricultura e Industria. U n secreta, io da cuenta de as actas d k taminadas por la comisión designada al efecto, y una vez hecho esto, el Sr. A l b a manifiesta que en el orden del día de hoy figura su discusión. Acto seguido, a las nueve, se levanta la sesión. Acotaciones d e u n oyente A y e r se explicó. Ocurre lo que ocurre por falta de respeto a la ley. L o ha dicho el presidente del Consejo de ministros. Los de arriba, los del medio, los de abajo no respetan la ley. S i vosotras las desdichadas víctimas inocentes de los sucesos de estos días lo hubieseis oído tendríais resuelta vuestra duda final. Antes de morir, la última llamarada de vuestra razón fué seguramente esta pregunta: ¿P o r qué... Y ved cómo los doctores en Sociología la han contestado rápidamente y sin vacilaciones: Porque falta respeto a l a ley. E s o es todo. Tú, el hombre que enloqueciste en la catástrofe ferroviaria, el que vociferabas entre los materiales retorcidos, lanzando expresiones delirantes, con los ojos desencajados, arruinada tu razón, quizá para siempre. Tú, la mujer rasgada por las astillas del vagón y entre ellas presa, que no advertías tu gravedad y ordenabas dulcemente que socorriesen a los más apurados. Tú, cuya masa encefálica empastaba los cabellos y a quien el estupor del terrible accidente anestesiaba hasta el punto de no darse cuenta de su. mal. Y los hombres cruzados por las lanzas de madera y de hierro en que se fragmentaron los coches y aquel que iba esperanzado a abrir mejor camino a su modesta vida en unas oposiciones, y los recién casados, y los que en la negrura de la noche fueron lanzados al precipicio y perdieron la vida, que era sostén de otras vidas; los que se encontraron súbitamente envueltos en el horror, en la monstruosidad, en la cobarde ferocidad del atentado; los que se desangraron en montón terrible; los que apresados bajo los escombros sufrieron la larga tortura en la espera infinita de algún auxilio entre tinieblas y agonías y ayes. Y vosotras las madres, y los niños de la Inclusa, a los que se ha querido rodear de llamas. Todos vosotros, gente humilde, ciudadanos sencillos que a nadie hacíais mal, que acaso padecíais resignadamente problemas económicos mucho más agudos que los del comunista Bolívar, ya sabéis por qué fuisteis i n molados. Porque... somos así: nos falta el pequeño detalle de respetar suficientemente las leyes. Porque en España todos, todos, de arriba a abajo, somos anarquistas. Estos mismos hombres que hacen las leyes no las cumplen. Crean una Constitución y la anulan con un estrambote. S u propensión a l a crueldad es la misma que. existe en los más inferiores estratos sociales. S i destierran, buscan con gula en el Madoz la a l dea más inhóspita, el picacho más frío, el arenal más abrasado; si encarcelan, procuran que al dolor de la falta de libertad se sume la vergüenza de la humillación; si contradicen, insultan. Querrían, al margen de la ley, convertir a todos sus adversarios politices o personales en caquécticos y en mendigos. Los de la oposición tampoco acatan la ley. Cuando buscan los votos anuncian que la transgredirán si no los obtienen en la medida deseada. Hombres que acaban de dejar el calor de. su cuerpo en sillones ministeriales, aconsejan la violencia y jjonen con certera exactitud fecha fija a los desmanes. Sobre, el que roba, sobre el que asesina, sobre el que incendia se tiende amablemente el eufemismo de su filiación política. Y como el espectáculo de l a crueldad termina por provocar una reacción también cruel, hasta los ciudadanos más apacibles faltan a la ley con su deseo de venganza, con su propensión la fórmula expedita y prohibida del linchamieno. L a ley es entre todos como la estatua de un ídolo al que y a nadie respeta. N i se exigen responsabilidades a los que gobiernan contra ellos, n i se piden cuentas a los que excitan al tumulto, n i se despoja al asesino de los pretextos con que se encubre para iriostrarle y tratarle como lo que es: un asesino. U n suceso terrible hace olvidar otro suceso terrible. ¿Quién puede retener- en la memoria. todos los que han quedado impunes en este bienio? Pero un país no puede v i v i r así. L a c i v i lización es precisamente el respeto a la ley. Comprobar qué no respetamos la ley es descubrir que no estamos civilizados. L a sociedad humana no es posible si no se asienta en la observación de lo convenido. Hemos dicho más de una vez que es más fácil la vida en una nación de leyes draconianas. que sean rigurosamente, fielmente, cumplidas, que en un Estado de leyes suaves y humanitarias, de las que todo el mundo prescinde sin recibir sanción. H e ahí a la cabecera del banco azul un hombre que ahora es alabado por toda la Prensa, apoyado por todos los partidos y ensalzado hasta por los. corrillos calkieros. i Qué ha hecho? Cumplir la ley. Nada más. Pero es que esto maravilla ya en nuestra patria por su infrecuencia. N o se puede llegar a hacer que un tren de inocentes v i a jeros se estrelle en un barranco sin antes ha- ber volado los carriles paralelos- -derecho y, deber- -sobre los que es fuerza que se muevan los ciudadanos si se quiere ser algo más que una suma millonada de tribus salvajes. i ¡A ver: hombres que hagan cumplir lá ley! Sobre ellos, como sobre cimientos fir- mes puede comenzarse a hacer algo serio en bien de España. Y antes, no. W. F E R- NANDEZ FLOREZ. 1 EL CONSEJO DE Mld N 1 STROS D E A Y E R Su carácter administrativo p r u e ba que el movimiento r e v o l u c i o nario terminó y a dice el m i n i s tro de la Gobernación Madrid. Á las diez y media de la mañana, quedó reunido el Consejo de ministros y terminó a las dos menos cuarto de la tarde. E l ministro de l a Gobernación, al salir, dijo a los periodistas: -E l Consejo ha sido puramente administrativo y esta es la mejor prueba de que. todo el movimiento anarcosindicalista esta terminado, pudiéndoles decir que la tranquilidad es ahora perfecta en toda España. ¿E l Gobierno dará cuenta esta tarde de los sucesos desarrollados? -le preguntó; un periodista. -S i alguien pregunta, le. contestaren L o que sí hará el Gobierno es dar cuenta ae su acuerdo, declarando los estados de prevención y alarma, y de las razones que tuvo para adoptarlos. E l ministro confirmó, finalmente, el suceso ocurrido en la barriada de Cuatro Caminos, en el que resultó un extremista muerto. E l ministro de Obras Públicas, que salió poco después, manifestó que la normalidad de los ferrocarriles es absoluta, habiéndose, reintegrado al trabajo el personal que lo abandonó. -E s t o es- -añadió- -la consecuencia oe ¡aviso que por mi orden se dirigió a los obreros en el día de ayer, advirtiéndoles que, si no se presentaban al trabajo serían despedidos. Ahora- -continuó- -se quiere que; haya perdón para los que no se lian presentado dentro del plazo que se fijó; pero esto! ya lo resolveremos. También dijo el Sr. Guerra del Río qué en Madrid, en las construcciones de H o r maeche y Agromán, los obreros que abandonaron el trabajo habían vuelto a reintegrarse a él, abandonándole poco después. -H e ordenado que ahora no se admita ninguno hasta que también resolvamos, porque hasta para declararse en huelga hay ques tener seriedad. Añadió el Sr. Guerra del Río que el G o bierno había remitido al presidente de la Cámara la comunicación oficial referente a l acuerdo adoptado de la declaración de los estados de prevención y alarmaj para que, de la misma diera cuenta a las Cortes, no creyendo, por la circunstancia de no haberse llegado a la constitución definitiva que estos sucesos registrados dieran lugafj a un debate político. v 1 La referencia oficiosa. R e c o m pensas. Expedientes L a referencia oficiosa dice así: Presidencia. Se acordó estudiar las re compensas que hayan de concederse a las personas civiles y militares, dependientes de los diversos ministerios que han prestado singulares servicios al Estado durante los sucesos del reciente movimiento.
 // Cambio Nodo4-Sevilla