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DIARIO DO. ILUSTRAVI GEJ j AÑO fcJr TM JL- j k m to D ARl ILUSTRAVIGÉ- DO. AÑO 10 C T S DE TENA SIMO N O V E NO 10 C T S N U M E R O FUNDADO JLmgM, SI M O N O V E N O NUMERO E L i D E JUNIO D E 1905 P O R D T O R C U A T O L U C A HISTORIA DE REINADO UN Este era el libro más difícil de hacer: Historia del reinado de Alfonso XIII. E s decir, difícil con el propósito con que la rasa Montaner y Simón lo ha. publicado; para que puedan leerlo por igual personas de todos los partidos, puesto que se trata de una historia de los últimos treinta años, escrita lo más claramente, lo más imparcial y verazmente. U n a historia contra D Alfonso X I I I hubiera sido muy fácil de hacer, porque la diatriba tiene siempre márgenes extensos y hallaría, como es lógico, un público no menos extenso y propicio, También una historia a favor hubiera sido fácil, y por iguales motivos que la anterior. Melchor Pero si no hubo mano que se tendiera, Fernández de Almagro, autor de esta contampoco hubo aspereza ni agresión. A l considerable obra, ha luchado con las dificultatrarió, todos sabemos que los centros más des como lo que es, como un escritor hábil activos de la intelectualidad, empezando por y discreto, llevando con positivo éxito hasta el Ateneo de M a d r i d y la Institución Libre ¿1 final su comprometida empresa. de Enseñanza, eran adversos a la Monarquía, y esto no impedía que vivieran l i Sólo podría ponérsele un reparo: el de que bres, exentos y hasta protegidos. Muchos ha omitido la referencia de algunos sucesos, catedráticos, escritores e investigadores, á sin duda por no salirse del plano objetivo de pesar de su antimonarquismo, ocupaban carla política. E n el reinado de Alfonso X I I I ha existido algo más que política; sin. exa- gos de alta responsabilidad oficial. Cargos, empleos, becas, distinciones y condecoraciogerar la. medida de las cosas, podemos asenes se otorgaban corrientemente sin pedir gurar que España, durante ese tiempo, no a nadie su filiación política. ha permanecido ociosa eri los trabajos de l a inteligencia. Se. hubiera deseado, por ejemN o ninguna previa declaración de fe poplo, un estudio aparte y detenido de la his- lítica. N o se estilaba eso. Y a dije en otra toria del pensamiento español en el primer ocasión que durante la Monarquía yo he terció del siglo. Y algo más vivo, anecdóvivido sin necesidad de hacer nunca acatatico e interesante todavía: la relación entre miento al régimen dinástico. Nadie me lo el mundo español de la intelectualidad y el exigió, viviendo como he vivido siempre mundo político y cortesano de que el Rey fué apartado de los cargos oficiales. A h o r a hay el eje. Gomo convivieron Alfonso X I I I y gentes que quisieran que para poder circular los sabios, escritores y artistas contemporápor la, calle los españoles tuviéramos que ir neos. L a materia era curiosa y daba ocasión proclamando públicamente: ¡Y o soy repua bien palpitantes reflexiones. blicano! ¡Y o también soy republicano... Desde luego, no podrá situarse a A l f o n E l reinado de Alfonso X I I I está muy cerso X I I I entre los Monarcas especialmente ca de nosotros; las pasiones están, asimispreocupados por los negocios de l a Literamo, demasiado Vivas, y muchos de los protura, como nuestro Felipe I V y L u i s X I V blemas y acontecimientos surgidos en ese de Francia. Se ha dicho que éste fué un período no han sido ni siquiera liquidados, error de su reinado. E n cambio, nadie que sino que continúan obrando dentro del. acpretenda ser justo negará el hecho exacto tual existir español. P o r eso a la H i s t o r i a de que en todo ese tiempo, salvo el parénque ha escrito Melchor Fernández A l m a- tesis de la Dictadura, la inteligencia española se expresó con absoluta libertad y en- gro no debe exigírsele más; es una copiosa e inteligente. -ordenación de hechos, y e n contró un ambiente como pocos otros favotal sentido logra un mérito y una utilidad rable. E l mejoramiento, la transformación y considerables L a hora de los juicios y de el auge del periodismo se han realizado en las valoraciones a lo hondo y por extenso ese período, como también el progreso universitario y el mayor vuelo de la industria del libro. Los intelectuales se mantuvieron apartados del Trono, un poco porque el Trono no Nos vemos favorecidos diariamente con los llamaba y otro poco por esta especial innumerables cartas, en que los lectoreserva, por este singular orgullo que el escritor español posee en medio de sus mures de A B C exponen iniciativas v obchos y naturales defectos. U n gran político hubiera, sin duda, utilizado al grupo de esservaciones, muchas de ellas oportucritores de la generación del Q 8, que al prinnas v plausibles. N o siéndonos posible cipio del reinado se hallaban en lo mejor de su juventud y de su fuerza creadora. E s vermaterialmente contestar a tan copiosa dad que todos ellos venían con el impulso ideológico del fin de siécle, en una confusa correspondencia, rogamos a nuestros mezcla de anarquismo, socialismo e indivicomunicantes que reciban con estas dualismo nietzschiano; pero también es cierto que la República no significaba para ellos líneas nuestra disculpa v no interpreun ideal que mereciera admirarse. E n vez de atraérselos, se les dejó arreglárselas como ten a descortesía la falta de respuesta pudieran, cerno si no importasen nada; desparticular. pués se ha visto que las plumas importan bastante más que otros muchos elementos a quienes ha solido valorizarse demasiado. Bastantes de estas altiveces literarias se hubieran desvanecido si desde las alturas aciertan a tenderles la mano. De cómo existía esta posibilidad fué un ejemplo Unamuno, el Cual se sintió fuertemente halagado por la amistad que le brindó el Rey, y no hubiera tenido él Rey, ciertamente, más entusiasta defensor ni colaborador más interesante si un tropiezo palaciano no se interpone de manera tan imprevista. Unamuno convirtió su, devoción eri irritación, volvió la pluma del revés y estuvo haciendo de Víctor H u g o el Pequeño con una eficacia que, después, los republicanos. no se la han pagado como indudablemente se merecía, vendrá más tarde. Entonces se verá con ojos menos interesados qué es lo que ocurrió de veras en ese período de treinta años, que abarca una zona de la vida, de España verdaderamente curiosa, realmente llena de interés en todos los sentidos, tanto en el orden episódico como en el mundo de la creación espiritual, y, necesario es decirlo, en el de la destrucción de formas, ideas y costumbres. S i no por sus acontecimientos gloriosos y universales, la época de. A l fonso X I I I es singularmente importante- por las cosas que han sucedido, se han fraguado y mezclado en España durante su curso. JOSÉ M. SALAVERRIA MODO S Y DE M A L MODAS DECIR ¡Vaya por los bajos fondos Para hablar bien y para bien hablar, lo primero es pensar bien. S i falta este presupuesto, no es posible conseguir claridad en la expresión, y no hablemos de la belleza l i teraria, aunque la palabrería sea espléndida; porque, como decía Camús, únicamente lo que es sólido admite pulimento E n el vacío mental no puede darse la respiración estética, y de nada sirve la brillantez del ropaje para encubrir la vacuidad de las ideas. E n cualquier manifestación de la palabra puede apreciarse la exactitud de las observaciones precedentes; pero se comprueban con facilidad en las redundancias, que son más censurables por el vicio lógico de; que adolecen que por su estructura gramatical, que suele ser correcta. Subir a r r i b a bajar abajo entrar dentro salir afuera base fundamental intercambio muchacho joven etc. son. locuciones correctas en el orden gramatical, pero inadmisibles en el orden lógico, porque; el subir incluye la dirección hacia, arriba (nadie puede subir hacia abajo) toda basées fundamental; todo muchacho es joven, y no puede haber cambio sin que se verifique entre (inter) dos o más términos. Pues en el mismísimo caso están los bajos fondos que suben a lá superficie siempre que hay una revuelta o cuando se produce un crimen pasional Del fondo de la sociedad saldrán esas aberraciones, pero no hay necesidad dé hundirlas más con una redundancia, inútil como todas y fea como todas las excrecencias, porque si los individuos están en el fondo, ya están bajos, abajo y debajo. Claro es r- 1, el fondo de un edificio, de un. paisaje, ele un periódico o de una fila de soldados nada: tiene que ver con ía idea dé un lugar inferior y, que los fondos públicos suben y bajan- con frecuencia; pero ninguno cíe estos; fondos es de los que se hallan de. ordinario en las capas inferiores de la sociedad. Estaría bien el calificativo de bajos aplicado a los fondos, si hubiera fondos altos que nadie osa mencionar. Procede, por tanto, quitar a los fondos los bajos, para que los luzcan las mujeres aficionadas a este género de lucimientos. U C. DE LA A.