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AUTOCRÍTICA te d e D C a r l o s A r n i c h e s que se estrena en e l t e a t r o L a r a l a semana p r ó x i m a i L a s doce en p u n t o saine- M i sainete, así titulado, tiene una autocrítica brevísima. E n é l se señala esa hora como una hora de cordialidad, de amor, de fe, de transigencia, de sacrificio, de trabajo; y quiere decir después que, si las horas no son así entre los hombres, no son dignas de su reloj ni de su tiempo. Todo esto, expresado por los medios sencillos que están a mi alcance, y en una acción clara y humana. T a l ha sido mi propósito, y nada más puedo decir de la obra por mi parte. De la interpretación del sainete por l a compañía de L a r a y de la dirección de M a nolo González, sí podría decir mucho; i pero qué diría yo que ustedes no supieran! Únicamente puedo augurar qué, sea cual fuere la suerte que corra l a obra, yo todas las tardes he salido del ensayo pensando que, si fracaso, fracaso yo, sólo y exclusivamente por mi culpa. ¡Ojalá no! Y Dios quiera que en estas horas tristes y amargas para E s p a ñ a suenen Las doce en punto como una hora de alegría y de optimismo. CARLOS A R N I C H E S EL TEATRO Y EL PUBLICO Según parece, las liquidaciones por concepto de derechos de autor de las grandes firmas españolas han bajado considerablemente, y como el escritor no se resigna a admitir esa realidad aritmética, que supone una ofensa a su talento, redobla l a producción, con l a esperanza de que ¡a cantidad le compense de. lo que. le rehusa l a calidad. Eso explica el que un solo au: or dé a la escena, en el curso de una temporada, cuatro o seis comedias, da fácil acceso a l cartel, porque en ninguna parte como en E s p a ñ a padecen las Empresas la superstición de las firmas. Solamente Tirso Escudero, que pone en su función de empresario una independencia a prueba de amenazas, afronta con dignidad las tácitas conminaciones, las ínfulas dictatoriales, los fingidos desdenes de esos despotizas que confunden el ruido con la gloria. Los demás soportan, de buen o mal humor, l a servidumbre a que les sujetan los magos del éxito, y hay alguno que no vacua en pasar, por lo informal, por un trasto, con tal de no alienarse l a benevolencia del autor favorito. Luis Fernández Ardavín ha dicho que para aclimatarse con la pluma en el teatro hay que tener alma de asesino o piel de elefante. Es cierto. N o hay medio intelectual m á s arbitrario por su organización que ése. U n chisgarabís cualquiera que haya tenido l a suerte de agrupar en torno suyo media docena de figuras escénicas interesantes, o una moza de partido que se haya dado m a ñ a para asegurarse, por más o menos tiempo, las simpatías del propietario de una sala de espectáculos, pueden influir decisivamente en el carácter de l a producción dramática de su tiempo. Tratados con alguna intimidad, ese sujeto y esa dama nos asombran por l a bastedad de sus gustos y por su insondable ignorancia, hasta el punto de que, a l perderlos de vista, ñ o podemos menos de preguntarnos: ¿C ó m o es posible que una materia tan delicada y que obliga a tanta responsabilidad por su conexión con l a cultura general esté en t a les manos? Pero vivimos en un país tan habituado a la incoherencia- y a l desorden, que casi nadie siente, ni en la política ni en el arte, la necesidad del equilibrio y de l a simetría. Se acepta lo vigente, por absurdo que sea, como si fuese normal. Nos oSjurre lo que a esas personas que, a fuerza do respirar más, acaban por no discernir entre el aroma de l a rosaleda y el vaho del sumidero. ¿N o hemos padecido en el Gobierno, durante dos años, a un pedante desalmado con pretensiones de estadista y a unos tipos grotescos que le acompañaban, toas dañosos para la vida nacional que la peste bubónica para la salud? Qué sanción ha recaído en l a conducta de aquellos aviesos politicastros incompetentes y crueles. Los- españoles lo aguantamos todo, pese a nuestra inveterada invocación a unos ríñones que, si, a n t a ñ o tenían un claro sentido varonil, han quedado reducidos a un episodio experimental del dominio del cocinero. Y así ríos luce el pelo. Ahora, como supremo remedio, se anuncia la dictadura del proletariado, que no es, en el fondo, sino la suplantación de los fueros de la inteligencia por los. derechos de la mano encallecida, y, la verdad, esa perspectiva me parece todavía m á s temible que l a presencia del Sr. Casares Ouiroga en Gobernación. L o curioso es que un pueblo como el nuestro, atascado de problemas, no muestre el menor interés por verlos reflejados en el teatro. Rotos los vínculos internos de la nacionalidad, arruinada la agricultura, paralizados la industria y el comercio, herido a fondo el sentimiento religioso, menospreciadas las lentas conquistas de la cultura, no hay un escritor que recoja en su retina mental esos desastres para llevarlos a la escena. Miento: hubo uno, el Sr. Muñoz Seca, que tuvo la habilidad de convertir la tragedia del campo andaluz en una bufonada- -La Oca- que nuestro público, con su acostumbrada inconsciencia, se apresuró a aplaudir ¿E s tolerable que un autor tome a broma ciertas realidades que sangran todavía y. que tanto han contribuido a nuestro descrédito fuera de E s p a ñ a? H a y asuntos que deben quedar extramuros del humorismo. Por contraste con ese hecho, dos años antes había dado Benavente a la escena su obra Santa Rusia, de la misma noble estirpe filosófica que casi todo su teatro, y casi nadie fué a verla. B e navente es, de nuestros dramaturgos conspicuos, el único que no sigue al público servilmente. Siempre le precede, le adoctrina y le educa. Como escritor castizo, usa el idioma con precisión y desenfado, pero en su pensamiento hay siempre resonancias universales. Mientras la mayoría de nuestros autores en boga no salen de los suburbios del sainete, porque no conciben otra vis cómica que la del lugareño, el fino ingenio de B e navente visita todas los jardines en que vuelan y liban aquellas divinas mariposas que Platón comparaba, por su brillante ingravidez, a las ideas. S u obra total es la historia de todas las preocupaciones morales de n a época. A h o r a mismo, ¿qué hay en los carteles de los teatros dé M a d r i d superior o igual por la calidad a La verdad inventada? E s evidente que su variada cultura, que él renueva constantemente, le permite evolucionar sin decaer, y el hecho de que podamos ver en algunas de sus comedias l a huella exótica, no desnaturaliza su talento. Ese mismo reparo se les podría poner a autores como Shakespeare y Goethe, y a nadie, que no fuese un necio, se le ocurriría rebajarles de categoría intelectual. Pero, fuera de B e navente, autor, según las Empresas, que no da dinero, ¿quién puede estar seguro de haber traspuesto los linderos de lo frivolo y de lo transitorio? ¿Q u é escritor dice aquí, desde la escena, algo que sg pueda considerar una interpretación más o menos fiel de las preocupaciones, los afanes, las angustias y las esperanzas de un pueblo amenazado por todas las tragedias, desde l a que se inicia con el desquiciamiento de la nacionalidad hasta la que puede condenarnos a sufrir los despotismos más humillantes? E l extranjero que nos juzgue por lo que ve al través de nuestra producción teatral no puede menos de decir Pues, señor, E s p a ñ a es Jauja... Todo el mundo se r í e Y es verdad. España es Jauja para unos cuantos autores y para sus empresarios. MANUEL B U E N O UN CINCUENTENARIO La casa de Tócame- Roque Hace diez lustros que l a piqueta derribó aquel inmenso caserón populoso que mostraba su fachada, sucia y costrosa, en l a calle del Barquillo, frente a la de Fernando V I F u é condenado a muerte por el M u nicipio y murió resignado, cargado de años y de achaques, con su tejado desdentado, abriendo en interminable bostezo las ocho bocas de sus puertas, pitañosos los cien ojos- -Argos miope- -de sus ventanas ribeteadas que destilaban chafarrinones innobles por sus esquinas, desangrándose todo él en los días de lluvia por las rotas arterias de sus ruidosos canalones, derramando por el arroyo toda la historia picaresca que sus muros rezumaban; pero todavía v i r i l en una senectud de mentirijillas, porque dentro el alma se le conservaba lozana, tuyo bríos para engendrar una nueva calle, que se llamó, y aún se llama, de Belén. E r a vieja, muy vieja, la casa de TócameRoque. M á s de un siglo contaba, y vio tantas cosas, fué testigo dé tantas escenas, ora trágicas, ora risueñas, que yo he llegado a pensarsi no sería la piqueta la que la derribó y sí el enorme peso de historia acumulado quien la hizo quebrarse para siempre, juntándose sus escombros en un abrazo final, hechos montón ante la muerte. E r a de un solo piso, y ocho puertas estrechas daban acceso a los patios, que se comunicaban entre sí, extendiéndose en su parte posterior a inmensos corralones, en los que hallábanse hacinadas las viviendas v las industrias. E l tendero, que aumentaba él oro en la gaveta al empuje de su dedo sobre la balanza; el tabernero, que colmaba su bolsa en complicidad con la fuente del corral el fígaro hablador, que resuraba las mejillas contando la última hazaña de Costillares en la función de toros; el sastre, que, calados sus espejuelos, cosía la chupa del manólo; la modista, que tejía una redecilla; l a planchadora, que almidonaba una camisa; todos vivían de todos, aunque no en armonía. M á s de ochenta vecinos ocupaban la casa de Tócame- Roque, lo que la daba supremacía sobre el Mundo Nuevo, l a del Pastor, la barraca de la Paloma y el caserón de í l o r taleza. E n los días en que regía los destinos de la Corte y- mandaba en Carlos I I I el irónico y ateo marqués de, Esquiladle, minis- INTERVENTOiES DEL ESTADO e n F e r r o c a r r i l e s 50 p l a z a s c o n 6,000 ptas. T í t u l o b a c h i l l e r o s i m i l a r E d a d 21 a 35 a ñ o s P a r a e l p r o g r a m a oficial, que r e g a l a mos, Nuevas Contestaciones y preparac i ó n en las clases o p o r c o r r e o C O N P R O FESORADO D E L CUERPO, diríjanse al I N S T I T U T O R E T J S P R E C I A D O 23, y P U E R T A D E I J S O I J 13. É x i t o s E n las úl- OPOSICIONES A timas oposiciones a dicho Cuerpo ingresam o s e l 80 p o r 100 de n u e s t r o s a l u m n o s Cuidada con su e s t ó m a g o Si sufre de dolores entre las comidas, acidez, bilis, mareos, etc. es señal que padece de hiperclórhidria (exceso de ácido) en cuyo caso el bicarbonato y la magnesia le darán un alivio pasajero pero a la larga agravarán su estado. En cambio, dos comprimidos de ESTOMACAL BOLGA después de cada comida atacarán, el mal en su raíz y le curarán en poco tiempo. Caja 5 ptas. en farmacias y centros de específicos.
 // Cambio Nodo4-Sevilla