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LOS PRIMEROS SETENTA A Ñ O S DEL M A E S T R O A R B O S como en la primera, le pido a Dios de. todo corazón. Pídole también que no empiece lo desastrosamente que empezó la primera, porque has de saber, lector, que al poco tiempo de nacer Arbós, por cierto, en la calle de Lávapiés, para más expresiva ejecutoria de su hiadrileñismo neto y castizo; apenas venido al mundo fué llevado a l a cárcel. Sí, señores, a la cárcel y en brazos de su amante madre, como u n hombrecito. L a que ingresó como teclusa en el vetusto edificio de l a calle de Quiñones fué su nodriza, que tuvo una cuestión personal con otra mujer del barrio y no encontró mejor medio de d i r i m i r e H i t i g i o que agarrar por el moño a su contendiente y darle una tunda que requirió hospital y asistencia facultativa mientras l a agresora esperaba en la prisión el fallo de l a justicia. P e r o l a bravia, era una inmejorable ama de cría; la madre del nene Arbós, una santa madraza, y cuantas veces el rorro pedía, imperioso, teta, la pobre señora emprendía el camino de la cárcel de mujeres, llevando en brazos al futuro director de Agrupaciones cuaitetistas y orquestales... Pero- ¡oh, fuerza de la suerte prefijada a las criaturas! -ya l o d i j o el poeta: Nadie c o n t r a e l D e s t i n o l u c h a r l o q u e h a de s u c e d e r eso s u c e d e puede; EN BRUSELAS, A LOS DIECISEIS ANOS EL MAESTRO ARBOS, A LOS CUATRO ANOS DE EDAD C el domingo próximo, 24 de d i ciembre, el septuagésimo aniversario de su nacimiento el maestro E n rique Fernández Arbós. Que en esta segunda etapa de su historia sea tan feliz UMPLE Pasaron años. Y a mozo Arbós, violinista de prestigio como discípulo predilecto del gran Jóachiñ, y residente en. Berlín, aunque no conocedor muy experto de los laberintos de calles de la capital alemana, tenía una noche mucha prisa por llegar a la Opera para oír en primera audición una de las óperas de W a g n e r pero mayor y más apremiante fué la prisa que le impuso una necesidad fisiológica. P o r ganar tiempo se acercó al muralla. poco alumbrado de u n edificio para él desconocido. ¡Nunca lo hubiera hecho! Como surgida por escotillón apareció en servicio de ronda una patrulla militar que dio la voz de ¡A l t o! a Arbós. y creyendo nuestro compatriota que el jefe del grupo le reconvenía por aquella falta a las ordenanzas de policía urbana, sacó el portamonedas y se dispuso a pagar la correspondiente multa. ¡H o r r o r de los horrores! Aquella actitud f u é interpretada como u n intento de soborno, y el imprudente joven fué conducido al interior del edificio, que era ARBOS Y SU ESPOSA, EN PASC. U I T A- E N E A LA, D E L I C I O S A RESI 11 EXCIA VER ANIKGA DEL MATRIMONIO, CERCA H E SAN SEBASTIAN
 // Cambio Nodo4-Sevilla