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tras tatito del mercado, de la fulana y de la zutana, y comentaron con exclamaciones la carga de guardias de asalto que habían visto dar junto al puente del prado grande unos guardias que pegaban con unas colas que dejaban tullidos. Pero el guisan, ni por esas, seguía dándole vueltas a su preocupación principal y se levantó para echar una ojeada a la Gorrí y a la Beltsa v se fué luego ati- dando, andando, a la villa, para recibir las últimas impresiones de sus incondicionales y ventear lo que corriese sobre Chistorra y su yunta. A Chistorra lo llamaban así porque en el país se elabora una longaniza continua y delgada que recibe esta denominación, y el bautizado en plena calle con este apodo era largo, hasta dar lugar a decir que sus padrenuestros llegaban al cielo antes que los de sus convecinos, y era delgaducho como un bambú de los que tenía en stt predio don Panchi, el cubano; además era rojo, con auténtica pigmentación de la más encendida de las especies. Total que se. llamaba Chistorra porque en realidad, y con buen sentido papular, no podía llamarse de otra manera, Y el casco de Chistorra? ¡Menudas cosas se decían del casco- út Chistorra! Y con razón, porque. en aquella mollera, recogida y dura como un guijo, bullía tina serie de ideas que, más aderezadas de cultura, podrían recibir el trato del gran intrigante florentino. Qué urdiría Chistorra para el día siguiente? Esta era la preocupación de Manuel, porque estaba seguro de que Chistorra tendría ya preparada alguna treta con que asegurarse el éxito en la prueba y Manuel se convirtió todo él en oídos para ver si desentrañaba algo, y también con el fin de alumbrar su imaginación, que, a decir verdad, parecía haberse agotado después de la réplica a don Panchi en el café de Gurreaga. bía lo que tenía que hacer. Fué a la zapatería de Ipurdi, stt amigo, y le confió su secreto; la mujer del zapatero preparó un frasco de los de aguardiente, lo lavó bien, y mandaron al pequeño Martincho a Id, botica. -Mira- -le dijo Ip- urdi aundi a su hijo Ipurdi chiki- le dises a Joxé Mari que te dé aseite del risino, como pa purgarnos toda la familia, pues hasta la amona nos liemos empachao de bacalao. Le dirás así, El chico dijo que sí y volvió al potó rato con su frasco repleto de aseite del risino, y al preguntarle su padre si le había objetado algo el mancebo, le contestó: ¡Áitá, joxé Mari me lia dicho que le diga que un poco raro ya es la... la... ingistión o así, del bacalao; que tengan cuidado no se vaya a ser... to... toslocasióti o así! Manuel Ipurdi y su consorte se rieron con todas sus ganas. E l prado se hallaba, atestado de gente, en su mayor parte aldeana; el alcalde, un jauncho rubicundo y fortachón, buen conocedor de sus paisanos, paseaba su lámina al lado del párroco, con el qué sostenía una conversación animadísima. Los, miñones abrían calle para la prueba, sin grandes esfuerzos, porque la concurrencia sabia comportarse como. era tradición en tales actos, y el alguacil intervenía en las formalidades preparatorias de la pugna bovina. Se acercaba la hora culminante, y el murmullo comentarista invadía el ámbito- re- cogido por el resto frondoso que el otoño respetaba todavía sobre los añosos troncos de los árboles. E l pregón lanzó en viejo decir euskaldun las condiciones a que había de sujetarse la porfía, y estableció las. circunstancias que aparejarían la descalificación y hasta las multas consiguientes; en estas circunstancias se incluían el echar sobre, el empedrado de la plaza substancias que facilitasen el deslizamiento de. la piedra, bien directamente o por medio de las yuntas participantes... L a piedra cúbica, con su barra de hierro circundante, se hallaba en el punto de donde había de ser arrancada y paseada por las yuntas competidoras. Comenzó el acto. Primero actuó Chistorra con. su pareja de vacas blancas con manchas rojas y. negras; y con interjecciones y estímulos del akiillu logró llegar al límite y volver, superando su marca del año anterior. Manuel, muy amoscado, no se explicaba aquella seguridad de actuación; no había quitado la vista de la parte más opuesta a las gallardas testuces de las vacas, y, francamente, no había podido ser más limpia su actuación. Pero no había tiempo- para conjeturas, porque fué llamado: a uncir su yunta, y- la Corrí y la Bcltm: fueron enganchadas al pesado lastre. Las buenas bestias tensaron briosamente todos los músculos y comenzaron la prueba con firmeza; pero después fueron perdiendo fuerza, y, de pronto, una exclamación general, seguida en algunos puntos de frases indignadas, señalaron la presencia de un hecho que ponía al bueno de M a nuel en tina situaleióñ apuradísima. Allí acudió presuroso Manuel con sil boina a remediar algo, la situación; lo propio hizo su ayudante. Desuncieron á los animales y consiguieron sacar a la yunta de la plaza ele prueba sin incurrir en la multa amenazante. El boticario kv decía al alcalde; -1 ¡No sé por qué se me figura que la purga que se ha tomado la familia de Tpurdi, el zanatero, les ha hecho efecto a las vacas de Manuel I Chistorra, con tina mano puesta en el yugo de la yunta y la otra apoyada en la aguijada, sonreía guiñando un ojo, a su ayudante. Manuel decía a su amigo el zapatero: -r ¡Me párese, me párese que se. ha sido. ttná vengansa del americano, esto del aséate del. risino. A N T E Q U E R A AZP 1 RI (Dibujos del mismo. Manuel, por fin, había cazado algo al vuelo, y se le abrieron los ojos de un modo considerable; la luz había penetrado, por fin, en el hermetismo de su cerebro. Y a sa-
 // Cambio Nodo4-Sevilla