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es natural, -jorque aumentan el talle, puesto que se ponen sobre varias prendas de punto de lana. Entre ellas hay pocas novedades este año; el putt- óver que ustedes conocen; los sweaters, que tampoco desconocen, los cuales rara vez se hacen le un Solo color; los cuadros y las rayas diagonales son los que imperan. No hablo de coloridos, porque nada se dice en concreto, y, sin embargo, rio aconsejaré el blanco, por ser terrible vecino de la nieve, con la cual no. puede competir; el negro es mi preferido, animándola con un color muy vivo. E l gorrito, las medias y e l ciñturón encarnados son deliciosos cuando se destacan sobre negro. He nombrado los gorritos y es preciso detenerse algunos instantes; una sola forma, ignorada el afto pasado, merece toda nuestra atención. Es un gorro de punto o de tela, exacto de forma a los pirulos de caramelo. Tranquilícense; nadie se los pone así; se pliegar en distintos sentidos sobre la cabeza, y dos broches o corchetes bastan para sostenerlos. Los casquetes de punto se forran siempre- de seda; las crestas de gallo, que 5 a moda extiende profusamente, se ven tam bien en algunos modelos deportivos; no resultan feas, pero no están en su lugar. Las túnicas largas, recuerdos de los mujikSj tienen bonito aspecto, nuevo, atrevido, pero temo que no sean prácticas para la verdadera deportista. No soy buen juez, puesto que nunca he practicado los deportes dé invierno; pero mi opinión personal no les es favorable. Las fajas que se llevan con esas túnicas son muy anchas; rodean el talle, se cruzan y vuelven delante, y s fijan con dos botones grandes. Este conjunto tiene bonito aire, siempre que sé lo ponga una mujer flaquísima, pues, de lo contrario, el ridículo está próximo. Perdónenme la palabra y crean que la casi totalidad de mujeres así vestidas resultarán r i diculas. En resumen, es una mascarada; en todos los disfraces hay algo que no es perfectamente lo que debe ser, y, por lo tanto, se presta a que uno se ría. No he visto un traje de sport de invierno que sea totalmente perfecto. No hablo del traje para patinar; ése es una adaptación i de traje corriente, una derivación ideal; i no hay mujer, como no esté desprovista de buen gusto, que al aparecer sobre el ¡hielo no obtenga el aplauso general. Esos corseletes que afinan el talle, esas faldas cortadas en forrea, los gorros de pieles y algunos detalles, como guarnecer el borde de la falda y las mangas de pieles, contribuyen a formar un conjunto precioso. Los guantes son siempre de cuero con manoplas de punto; lo contrario existe también. E n cuanto a los abrigos, cuyo confort no debe jamás destruir la elegancia, son, en general, forrados con fondo independiente se ven también u n gabán ligero, con o sin mangas, debajo de un abrigo fuerte. Esto permite darse el gusto de renovar su aspecto a la hora del té. Con prudencia he aconsejado a ustedes ¡en las primeras líneas que tengan valor j tengo ahora remordimiento y les recomíen do todo género de precauciones antes de adoptar notas estridentes en sus trajes de i portivos. j TERESA C L E M E N C E A U í I GY- ROUFF. ABRIGO DE PIEL DE PÉCARI NATURAL Y CASTOR I Z Q U I E R D A MODELO W O R T H T R A J E DE PATINAR D E LANA A Z U L MARINO; E C H A R P E DE SEDA VIOL E T A ROJA Y NEGRA; BOINA A Z U L ADORNADA CON LOS MISMOS C 0 LORES, D E R E C H A MODELO M A G-
 // Cambio Nodo4-Sevilla