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A B C. D O M I N G O 17 D E D I C I E M B R E D E 1933. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 27. E! señor Pareja Y é b e n e s Rector de l a Universidad de Granada, gran orador, culto catedrático, el Sr. P a reja Yébenes es no de los valores positivos del partido radical. Su consejo en todas las cuestiones pedagógicas ha sido siempre solicitado por el Sr. Lerroux. P o r su conocimiento profundo de los problemas de la enseñanza, el Sr. -Pareja Yébenes puede realizar una labor fructífera al frente del ministerio de Insjfljieción Pública. DonjÉéMaría Cid y Ruiz Zo- v. 4 r rri, a igura prestigiosa de la minoría agraria, él Sr. C i d lía mantenido siempre en ella su republicanismo de abolengo, que se relacionó familiarmente con uno en el segundo presidente del Poder ejecutivo de la primer a República española. Sus intervenciones parlamentarias en las Cortes Constituyentes le dieron gran relieye en el Parlamento. E l señor Estadelfa H a sido designado para ocupar el ministerio de Trabajo. Se ha destacado mucho en el partido radical por sus dotes Se laboriosidad y de talento, que ha demostrado siempre en los cargos que ocupó. M u y enterado de los problemas sociales puede realizar una gran labor en el departamento que va a regentar. LOS CATÓLICOS Y L A REPÚBLICA El Siglo Futuro dice ayer lo siguiente, refiriéndose al comentadísimo editorial de al Debate sobre las formas de Gobierno: U n a nueva obligación de conciencia, la de republicanismo, se proclama en él para los católicos españoles. ¿Cómo... Porque l a Iglesia no estando bajo ningún concepto ligada a una forma de gobierno más que a otra, con tal que queden a salvo los derechos de Dios y de l a conciencia cristiana, no encuentra dificultad en avenirse con las diversas instituciones civiles, sean monárquicas o republicanas Se concluye que los católicos tampoco pueden encontrar dificultad en avenirse con las instituciones republicanas, y como ciudadanos y como creyentes, están obligados a prestar a l a v i d a c i v i l su leal concurso ¿Con qué. autoridad proclama El Debate esa nueva obligación de los católicos? Con ninguna. El Debate, en vez de pretender ejercer magisterio alguno sobre los católicos españoles, debería ponerse en fila para penetrar en una cátedra en que se expliquen rudimentos de Lógica. De una vez para siempre. De q u e l a Iglesia no encuentre dificultad en avenirse con las diversas instituciones civiles, sean monárquicas o republicanas, no podría en caso a l guno llegarse a l a conclusión de que los ciudadanos católicos de una nación concreta y determinada no l a tengan. L a Iglesia, por su misión, está fuera y por encima- -según frase repetida hasta l a saciedad- -de los intereses políticos de los pueblos, y por lo tanto, no define acerca de ellos. S u inhibición en l a materia es exactamente l a misma que ante una hipótesis científica: Se aviene a todas las que no sean opuestas al dogma y a l a moral. Pero n i las impone a los creyentes, ni les fuerza a aceptar una, más bien que otra. L o s ciudadanos católicos no están obligados a ser republicanos, n i monárquicos, aunque l a Iglesia se avenga con las repúblicas o monarquías de que aquéllos sean sujetos o subditos. Pero en el artículo de El Debate h a y- -aparte de ese paralogismo de carácter doctrinal- -uno triple, nacido de verdadero escamoteo de conceptos, y del uso indistinto Es curiosa la actitud doctrinal de El Debate. H a venido proclamando l a accidentalidad de las formas de Gobierno ante la M o narquía. P o r ella los católicos debían prescindir dé su monarquismo, en bien de los altos intereses de la Religión y de la Patria. Más aún: con una infidelidad que resultaba del propio texto del comentario al cotejarlo con el de l a Encíclica- -publicada en el mismo número- llegó a decir que había que sacrificar a aquellos altos intereses los pareceres particulares. Pues va a estarlo más todavía. H a y un Pues en tratándose de l a República- -su supuesto en que la Iglesia tampoco se inhibe en materias de forma de Gobierno. E l texto último amor- -ya no hay accidentalidad. H a y aducido por El Debate para excitar a los obligación de conciencia de hacerse republicatólicos españoles a avenencia con las inscano. Y no le detiene en, el empeño, n i el tituciones republicanas contiene un inciso peligro de producir el cisma en las derechas, fundamental de que El Debate desenvueltaqué, unidas en un program común, estaban mente prescinde al formular la excitación. dispuestas con él y Con sus doscientos y pico L a Iglesia se aviene con las diversas instide votos a aportar su concurso leal a l a tuciones civiles, sean monárquicas o repuvida civil y pública a coadyuvar a que esas blicanas, con tal de que queden a salvo los instituciones sirvan pa ra el verdadero y legíderechos de Dios y de la conciencia cristiatimo bien público y a esforzarse en cambiar na. ¿Concurre en España esta circunstanen bien las leyes injustas y nocivas N i l a cia? ¿S e ha revisado l a Constitución laica, consideración de la más elemental honradez la del incalificable artículo 26, la que atride que, a excepción de algún que otro elegido buye al Estado como función propia la ende las derechas, ninguno se presentó ante el señanza? ¿S e han derogado l a ley del D i- Cuerpo electoral como republicano. ¿Cabe, vorcio en cuanto al vínculo y l a de Congreno digo en moral cristiana, en l a moral n a gaciones y Confesiones religiosas? ¿H a detural, defraudar tan turbiamente el gran moclarado l a Santa Sede nulas las condenaciovimiento nacional? ¿Habrá mayor injusticia nes de su Encíclica Düectissima nobis y que exigir de quien no estime accidental una ha retirado el Episcopado español su deforma de Gobierno, que en una unión de claración respecto a las excomuniones procefuerzas, para más altos fines, acepte su presdentes? Pues, entonces, ¿cómo se podrían cripción del programa común, y que en camavenir los católicos españoles con un régibio en la hora del triunfo, los que hicieron men de Gobierno semejante dados los térbandera de la accidentalidad, proclamen con minos del texto por el propio Debate alegacarácter obligatorio en el orden moral y e n do? P o r eso, sin duda, después de transcriel patriótico la defensa y consolidación del birlo y como si todo fuera uno y lo mismo sistema político que, precisamente por sus lo escamoteó inhábilmente en l a conclusión. actos, impuso l a necesidad de la coalición ¡Lealtad! ¡Patriotismo -grita El Debatriunfante? te- Bastaría que él los guardase en l a discusión. Basta. S i hay entre los que desde El Debate Como si también fuese la misma cosa, El se consideran autorizados para adoctrinar, Debate baraja: Acatamiento aportación quien guste de sentarse en el banco azul, que de leal concurso coadyuvar a que las insvaya derecho a él, pues nadie ha de estorbartituciones sirvan para el verdadero y legítile. Pero nada de hacer de los católicos esmo bien público cambiar en bien las lepañoles rodrigones que disipen con su comves injustas y nocivas mantenerse en la pañía el sonro con que la acción habría de tranquila sujeción al Poder constituido sofocarles. Habrá que decir asimismo, de una vez para Y menos, con textos pontificios. siempre, que si l a malicia pudo hallar algún resquicio por donde penetrar para desnatur a l i z a r l o s en alguna de las Encíclicas de León X I I I- -l a malicia, sólo la malicia porINFORMACIONES DE que su texto es claro y, sobre todo, es inatacable, poniéndolo en relación con los pensaAERONÁUTICA mientos de otras anteriores y posteriores- -la última de Pío X I hace inútil toda caviE l fin del viaje del c o r o n e l L i n d lación y sutileza. A l Poder constituido- -cuando sea tal y no bergh usurpado- -se le debe espiritualmente tranM i a m i 16, 9 noche. E l coronel Lindbergh quila sujeción y ese estado de conciencia y su esposa han llegado, a las trece, hora y de actividad, ¿no constituye la adhesión al mismo? ¿Que debemos aportar nuestro con- local, -procedentes de San Pedr de Macoria curso l e a l a l a vida civil y pública? ¿Que (República Dominaca) N de los varios sentidos de diferentes palabras, o de otro modo: Se dice en el artículo L o s católicos y la República en una triple amoralidad dialéctica. L a Santa Sede ha tenido escrupuloso cuidado en diferenciar la actitud de l a Iglesia y, la de los (ciudadanos católicos ante los Poderes públicos. S i ella se inhibe en la cuestión de su forma siempre que queden a salvo los derechos de Dios y de la conciencia cristiana no niega a los fieles el de preferir uno a otro sistema de Gobierno. Conviene añadir finalmente- -se lee en la Encíclica au Müieu- -que desde un punto de vista relativo puede ser preferible una determinada forma de Gobierno por adaptarse mejor al carácter y a las circunstancias de una nación determinada ¿Por qué entonces El Debate, adimás de retorcer sin respeto algunos textos pontificios para obtener deducciones que si estaban en su voluble afición nos las autorizaba, l a lógica ha callado ese párrafo admirable, salvaguardia de la libertad civil de los católicos? El Debate, por su nuevo amor líacia la República, pretende hacer de los católicos españoles ciudadanos de tercera clase. Nosotros, bajo la égida augusta de León X I I I decimos que como de primera preferimos a l a República la Monarquía, porque se adapta mejor al carácter y a las circunstancias de España. ¿Está claro... debemos coadyuvar a que las instituciones- cualesquiera que ellas sean- -sirvan para el verdadero y legítimo bien público? ¿Que debemos esforzarnos en cambiar en bien las leyes injustas y nocivas... E s o ya no es casi deber religioso, sino civil. Pero, ¿por qué El Debate no predica esa sencilla obligación a los partidos republicanos que se niegan a colaborar oon el Gobierno? ¿Por qué no l a recomienda a M a u r a el conservador, sin duda en reparación de los conventos i n cendiados, según pública confesión por los republicanos de esta República, con la cual quiere El Debate (avenirnos? ¡Tendría gracia que los monárquicos, por católicos, h u biésemos de adherirnos a la República como obligación de conciencia, mientras les republicanos se liberaban de ella negando colaboraciones al Gobierno!