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¡pita vivo el sentimiento de la patria híspana. Históricamente Navarra fué el centro en donde se forjó y de donde irradió el sentimiento de unidad nacional española. Sus gestas heroicas fueron tejiendo la bandera de l a patria con hebras de sangre y oro. Sus cadenas de Las Navas son glorioso florón del escudo nacional. Navarra fué siempre España, y en un sentido afectivo, N a v a r r a se tiene por muy española. Cuanto más española, m á s navarra se siente. Porque si N a v a r r a dejase de ser E s p a ñ a sería para desaparecer como esfumada y diluida su personalidad en una quimérica concepción de patria: Euzkadi, por ejemplo. Aspiración suprema del nacionalismo viskaitarra. Navarra tiene conciencia de ello, y consecuente con sus tradiciones y creencias, que enlazan las generaciones sucesivas de la patria de- Sancho el Fuerte, al celebrar su triunfo electoral entona un himno a España, que es canto a la madre, con amor purificado por el sacrificio. Y es también repulsa a la disgregación nacional, enmascarada y legitimada en un Estatuto concedido y otro soñado en sueños morbosos de quimera. Pocas regiones españolas, n i la misma Cataluña, tienen tan marcada y definida su personalidad histórica, por mucho que invoquen sus políticos de hoy el hecho diferencial, como Navarra. N i como ella la han sostenido y defendido en sus modalidades administrativas propias y particularistas hasta estos mismos días, con serenidad, sin gritos; con modestia, como N a v a r r a es modesta; sin amenazas, pero con tesón y tenacidad constantes. Y así quiere ser N a v a r r a cuanto m á s navarra, más española; cuanto m á s autárquica, m á s española. -Porque si N a v a r r a no fuera eso, vibración constante de un espíritu de libertad foral, aspiración firme a la plenitud de sus derechos forales, con sus instituciones privativas e históricas, dejaría de ser lo que es, dejaría de ser Navarra, sería otra provincia, sería otra cosa cualquiera. Todo menos Navarra. Quedaría truncada, desnaturalizada l a esencia misma de su ser. Cuerpo inerte y abatido. N i el sentimiento navarro ni el español hallarían eco en su cadáver. Navarra, siempre grande, siempre española, sin estrecheces de miras, desoye solicitaciones de vecindad lugareña y localista, empequeñecidas por conceptos de un nacionalismo aldeano y rústico, y sin mengua de su personalidad robusta y fuerte, sin abdicar sus aspiraciones de orden foral, con v i sión más totalitaria y universal del momento, se incorpora al drama nacional y acude, noble y leal, a impedir la catástrofe que amenaza a la Patria. Quiere salvarse y salvar su í e sus creencias más sagradas y sus instituciones sociales. Todo lo- que es médula foral del pueblo navarro. Pero no permitirá que se hunda España en un abismo de anarquía y desesperación. Pero consigo quiere salvar a la Patria con fervor filial, con heroísmos de raza fuerte, limpia y sana. Y a sabe, por instinto de fina percepción, que los malos políticos no son España, que E s p a ñ a no es el equipo de Casas Viejas ni el del desastre colonial. E s p a ñ a es, con todas sus. regiones, Navarra incluida, víctima de un siglo de esos y otros equipos doctrinarios y demagógicos. Navarra no olvida que el divino impaciente, su glorioso paisano San Francisco de X a v i e r abandonó su castillo solar y su familia, y dejando a Vasconia, se fué a evangelizar lejanas tierras, ganando almas para el cielo. ¡Sublime concepto de la catolicidad! Así es también Navarra. En la fiesta mayor de Estella ha cruzado por los espacios una ráfaga luminosa y brillante con rumores de, victoria. E s el espíritu racial de Navarra. Erguido en las cumbres altivas de las Améscoas, donde nació la Monarquía pirenaica, ha pasado bajo el arco de triunfo que forman, al besarse en las alturas, el Puy y la Cruz de M o n j a r d í n ha besado Montejurra para llegar al Ebro en las riberas navarras, sumergirse en sus aguas y filtrarse en el alma de España. FRANCISCO X A V I E R ARRAIZA CON E L TRAI E LUCES DE Con el último traje áe J o selito se ha liecho una t ú n i c a a l a Virgen de la Esperanza. Porque uno se puso también su trajeci 11o de luces, si no de luces- -cuando lucía- -y era el traje palabra y afán, desvelo, gusto, rabieta, arte a su modo; barrera, burla, capotazo y acaso lo otro- -para otro- -y miedo, valor prudencia... Porque uno también pascó una plaza- -una calle- -y quiso cumplir como bueno y acaso no cumplió como malo- ¡cosas de hombres- lee uno la noticia y se viene la pluma a l a mano, y el recuerdo al pensamiento y este capote que es la cuartilla y este riesgo que hay en decir las cosas hondas como quien no las dice- -como quien no torea- y se encuentra uno con doce líneas, de entrada sin salida. ¡Como un soneto! Porque se piensa que esto de lucir ha sido siempre lucir para alguien y en el ruedo, como en la rueda- -no d i r é n o r i a todos pensamos cuando venía el toro que había alguien mirando el dedo de aire que quedaba entre el pecho y las agujas y se nos hacía delgada la cintura hasta caber en las niñas de sus ojos cuando el corazón no cabía ya en la boca hecho palabras; porque nadie que toreó bien lo hizo por la Historia, ni menos por él mismo, sino por esa que estaba en la barrera detrás de su abanico y delante del Mundo, uno ha pasado, con imaginación de saberse torero, en el torero y en esa mujer alta aue guardan en un altar los sevillanos. Esos que l a racaban de paseo sobre ruedas de cante, y ahora la dejan en casa para la Primavera. (El conocimiento... las leyes no quitan. Y se piensa en que uno también es aquel que ayer no m á s decía y en el verso azul y en la canción profana que esto aviva el. sentimiento y un torero como aquél es un verso libre con alamares y un suceso como éste canción profana que llega Del Consejo d e ministros e n Palacio. foto del Consejo de ministros celebrado ayer mañana en Palacio, bajo ta presidencia del Sr Alcalá Zamora. Foto Días Casariego.
 // Cambio Nodo4-Sevilla