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Viene esto a cuento de la significación del villancico; pero no del villancico considerado como composición poética, sino como expresión ingenua de los sentimientos del pueblo, derivada de sus más puras creencias y arraigada en cordialidad alentadora. En las conmemoraciones solemnes de la Iglesia, unidos los hombres por la fe, se asociaban los fieles a los sacerdotes, participando en las ceremonias religiosas con su concurso y con sus cánticos. Esto ocurría en las fiestas de la Natividad, en la Epifanía, en la PascUa y lo mismo en las consagradas a determinados Santos y Patronos. E l fervor popular culminaba en las festividades de la Nochebuena, inundando los corazones con oleadas de generosa alegría, que después rebosaban en las más jubilosas manifestaciones de dulcísimo amor, ante la contemplación del divino misterio. Esta identificación de los corazones. movidos, por un sentimiento común, es el vínculo más fuerte de hermandad que une a los hombres que profesan una misma religión. Dio ello origen en lo antiguo a las repre. sentacio nes sagradas, con intervención de clérigos y legos (baSe de lo que, andando el tiempo, habían de ser los autos sacramentales) pero la costumbre debió degenerar en íabuso, y así se deduce de lo prescrito en las Partidas- -esto es, a mediados del siglo xra- -en una de cuyas leyes se establecen determinadas prohibiciones, exceptuando de ellas lo concerniente a la. festividad de la Nochebuena v Reyes: Los clérigos no deben ser faeédores de juegos de escarnios, porque los vengan a ver gentes, como se facen. E si otros hotnes los ncieren, non deben los clérigos hi venir, porque facen hí, muchas villanías é desaposturas. N i deben otrosí estas cosas facer en las eglesias: antes decimos que los deben echar de ellas deshonra clámente a los que 1 1 lo ficieren: ca la eglesia de Dios es fecha para orar, é non para facer escarnios en ella... Pero representación hay que puedan los clérigos facer, así como dé la nacencia de Nuestro Seíior jesu Cristo, en que muestra como el Ángel vino a los pastores é como les dijo como era Jesu Cristo nacido. E otrosí de su aparición como los tres Reyes Magos le vinieron a adorar... ¿Eta estas fiestas; en las misas de Navidad y en la del Gallo, principalmente, el pueblo cantaba los villancicos (de. villano) aconioa- hándose de la música, y esta costumbre, de muy remota antigüedad, se ha perpetuado Hasta nosotros en estos días en que alegres bandadas de muchachos cantan al son de panderos y tambores, recorriendo las calles, o en el hogar, ante el nacimiento cuajar do de candelillas. Tales composiciones, no desdeñadas por los más famosos poetas, constaban de dos partes: la copla y el estribillo. Eran como flores que la. devoción popular. ofrendaba a l Divino Niño, y por eso se procuraba conservar en ellas el ingenuo perfume y el estilo peculiar a los rústicos y a los pastores. Tanto se generalizaron, que llegó a haber profesionales lo mismo para componerlas que para cantarlas, llamándose a los unos y a los otros liUanciqueros. Mañana, por la tarde, la Ar gonesita ensaya al órgano el villancico que ha de cantar en. Ja octava. lo acometiese, podría formar el más bello libro de la versificación castellana, aumentándolo con copiosa antología, en la que el más puro lirismo estaría mezclado con finísimas sales cómicas. Si el espacio lo consintiera, sería ocasión de oíreiíer al lector abundante muestra, escogida entre centenares de composiciones; pero ante la imposibilidad material, me l i mitaré a reproducir algunos fragmentos que sirvan para juzgar de su delicadeza y de su importancia en. nuestra literatura. De D. Luis de Góngora; que los escribió admirables, es el siguiente: Caído se le ha un clavel hoy a la Aurora del seno, ¡qué glorioso que está el heno porque ha caído sobre él! Cuando el silencio tenía todas las cosas del suelo, y coronada de hielo reinaba la noche fría, en medio la monarquía de tinieblas tan cruel, caído se le ha un clavel. De un solo clavel ceñida la Virgen, aurora bella, al mundo le dio, y ella quedó cual antes florida. Die Lope de Vega en sus Pastores de Belén: Este Niño y Dios, Antón, que en Belén tiembla y suspira, con unos ojuelos mira, que penetra el corazón. Éste Niño celestial tiene unos ojos tan. bellos, que se va el alma tras ello como a centro natural. Ta es cordero y no ea león, y como dejó la ira, con unos ojuelos mira, que penetra el corazón. Flor de villancicos. Ya queda expuesto que los más famosos y celebrados poetas hallaron inspiración en un género que abría ancho campó a las ternuras del sentimiento poético. No tengo noticia de que exista tratado alguno ni estudio concreto acerca de; ello; pero si alguien
 // Cambio Nodo4-Sevilla