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que tiene mucho de altatiienít divino y mucho de hondamente humano ilumina los gestos, compone las actitudes, concierta las formas y ítueda. por fin, inundando la escena con hálitos de eternidad. O b s e r v a d el rostro, cuajado de ternura desbordante, tnenua y simpática, de osé; buscad el contraste con la augusta serenidad, con la expectante solicitud y la fijeza alerta con que M a r í a contempla al Hijo. Mirad al pastor y mirad al ángel orante, y sabréis lo que va de un sentimiento puramente humano a una e m o c i ó n suprasensible de carácter sobrenatural. Y esta otra escena de la Adoración de los Reyes, milagro de composición, de ritmo y de belleza, escuela de forma, de plegado y de movimiento. A s i toda la maravillosa obra, germen motor de la rica imaginería andaluza, que llenó los si- glos de luz. L a historia del arte español tiene aquí una de sus más brillantes y esplendorosas páginas. Y dentro de ellas, estas dos escenas de la Natividad, la parte más cautivados- a. tesoro de sublimidades estéticas, que abre el alma en raudales de dulce emoción. Í t C. G. ORTTZ DE VILLAJOS N U N C A L A GUBIA D E M A E S E J U A N B A U T I S T A S E MOVIÓ CON MAiSSTIUA TAN CAUTIVADORA sentado este supuesto, nada más prudente que aceptar la tesis de Gome Moreno, en acatamiento a la autoridad respetabilísima del gran maestro de crítica artística. Por su parte, Gallego y Burín, en sü libro José de Mora, concede al retablo de San Jerónimo honores de obra fundamental y básica, simbolismo del segundo instante en que se produjo el germen motor de la escuela escultórica de Granada, creadora de la andaluza, cuyo primer pilar asentó el glorioso grupo de Siloe; y nos dice que el retablo de San Jerónimo aporta a Granada una gran riqueza y novedad de formas, que, con todo lo anterior, acreCe los motivos de inspiración para los artistas que en torno suyo se desarrollaron, influyendo decisivamente en su iniciación Severo, grandioso, de una suprema hermosura, de una pureza clásica que conmueve y se enseñorea del espíritu, el famoso retar blo acumula sus bellezas en todo el ámbito gigante de la capilla mayor de San Jerónimo. A sus pies, bajo las graderías que dan acceso a su majestuosidad artística, una blanca lápida humildísima, contrastando con la suntuosidad del recinto, encierra los restos del invencible caudillo. Así están, frente a frente, dos insignes grandezas españolas. Todo es magnífico en el retablo y todo cautiva; pero nunca se movieron las gubias de maese Juan Bautista, el mozo, con tanta delicada maestría, inefable y seductora, como al componer las dos escenas pascuales que aparecen en los dos primeras recuadros, a izquierda y derecha del primer nicho central, ocupado por una bella escultura de ia Concepción. L a inspiración clasica del artista adquiere suavidades supremas, exquisiteces sublimes, y algo ESTA O T R A ESCENA 1 E L A ADORACIÓN D E LOS R E Y E S MILAGRO D E C O M POSICIÓN, RITMO Y DE Bl LEZA, (FOTOS TORRES M O L I N A) m