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LAS NUEVAS T E N D E N CIAS POLÍTICAS C o m o los políticos están d i v i d i d o s en g r u p o s r i v a l e s t i e n den a dividir l a nación del mismo modo. ISertrand Russell, cepticismo político El es- Tarde p temprano -yo creo que antes de lo que presumen o temen los adversarios de la nueva doctrina- -España, agotado el experimento democrático republicano, orientará su porvenir por otras vías más convenientes para su salud. E s difícil cuando se trata de estos problemas fijar fechas y prever plazos, pues no tenemos para fundar una opinión precisa más que los datos que nos suministra el ambiente nacional, ahora fuertemente perturbado por los idealismos políticos más contradictorios y disolventes. L a estrella polar, de nuestras preocupaciones es una: la salvación de España. U n país no puede vivir a merced de unas cuantas facciones que se disputan su dominio y pretenden torcer su destino. N o podemos seguir gobernados, unas veces por Roma, otras por, Amsterdam y algunas por el Gran Oriente masónico. España no es una colonia del Vaticano, ni un feudo del marxismo, ni un vasto taller organizado por los mandiles. E s una historia y una Patria que quieren perdurar. L a reacción contra el materialismo brutal que condensa todos los problemas nacionales en una rivalidad de intereses y en un forcejeo de fanatismos doctrinales se está produciendo ya, y ciego será quien no la vea. Debo decir, antes de pasar adelante, que yo me ocupo de estas cosas con la independencia que se atribuye todo ciudadano que se ha puesto previamente al margen de todas las ambiciones y que no espera nada de nadie. S i él futuro me demostrase que un régimen político cualquiera, democrático o autoritario, nos devolvía la ponderación espiritual quebrantada por la anarquía presente, me apresuraría a aplaudir su obra. Pero hay en el subsuelo racial español torrentes de lava que no se enfría, y ese producto volcánico tiene al país en un estado i n termitente de convulsión y de ruina, que un régimen dé Gobierno normal no logra evitar. N o malicie el lector que estoy echando de menos la dictadura. P o r lo que. suspiro yo, al igual de millones de españoles, es por un régimen que, no solamente impida esos estragos, sino que los haga, imposibles, oponiéndose a l a libre propaganda de principios sediciosos a todas luces criminales. Quien dijo que las ideas no delinquen erró. Las ideas son gérmenes de hechos, y permitir, su expansión sin discernimiento en un pueblo como el nuestro de pasionales y de incultos es una insensatez. L a República, en ésta su segunda y alocada adolescencia, se fia excedido en ese respecto, autorizando la apología de todos los horrores. Sus demagogos creyeron hacerse un aliado de la plebe, halagando sus más torvos instintos. L o ha hecho constar, con su elegante prosa y su diáfana l u cidez de juicio, el insigne pensador D José Ortega y Gasset, a quien tan merecidamente admiramos los que le leemos con el ánimo limpio de prevenciones. Moralidad e hidalguía, demandaba serenamente el Sr. Ortega y Gasset en un artículo memorable de El Sol. L o primero es, en política, más asequible que lo segundo. L a política es, dentro de las democracias, un arte de trapacerías interrumpidas o atenuadas de higos a brevas, por alguno que otro rasgo de nobleza idealista. Los elementos más sanos de una democracia no suelen estar en el Gobierno, ni en sus aledaños burocráticos, sino fuera de él, porque como son poco flexibles, el mando no los adscribe a su Estado Mayor. A ve- ces, ni siquiera los aprovecha como accesorio parlamentario. Los puestos preeminentes son para los intrigantes. y los inquietos que inspiran dudas y saben adoptar a tiempo actitudes enigmáticas. A un régimen sostenido por esa armadura no se le puede pedir hidalguía de procederes, porque eso no entra en la mecánica del oficio... Antonio Royo Vilíanova acaba de decir que en lo por venir no serán de temer más que los fascistas y los sindicalistas, gente de libra movida por. un dinamismo que en vano buscaríamos en otras fuerzas políticas. E s cierto. Sin ser contiguos, ni vecinos siquiera, el fascio y el sindicalismo están llamados a entenderse y a pactar- dentro del marco nacional. ¿Cuándo sobrevendrá, el acuerdo? N o tengo vocación de augur y me inhibo como profeta. L a democracia republicana va a jugarse todavía algunas cartas con pocas probabilidades de éxito. L a República española carece de masas. L o mismo ocurría en 1873. Cuenta con algunos intelectuales prestigiosos, algunos núcleos románticos, gente rezagada doctrinalmente que no se ha detenido a examinar siquiera los nuevos idearios políticos y. económicos, y una exigua parte de la clase media que quisiera ver estabilizado lo presente. Pero a fecha más o menos próxima, o la democracia. se asimilará gran parte de la táctica fascista, o tendrá que ceder el campo a las nuevas legiones que se preparan a sucedería. L a perspectiva, que el socialismo procura hacer medrosa, es, a mi juicio, alentadora y llena de promesas optimistas. Y o quisiera que el libro que acaba de publicar D V i cente Gay sobre estos vitales problemas corriera de mano en mano. E s una exposición objetiva, y: luminosa, en la que el eminente profesor ha puesto su gran, caudal cientifico y su probidad crítica. V e r en el fascismo la equivalencia de un despotismo, acompañado de cierta teatralidad, es ignorarlo completamente. E l fascio no es, como fórmula estatal, de la rigidez autoritaria que le atribuyen los que no lo han estudiado. E s una ensambladura de fuerzas dentro de un ideal que no se ha fijado una meta. Como doctrina es un constante devenir, que se renueva eliminando sus. errares y asimilándose sus éxitos. Es una varonil tentativa de restauración de la patria que obliga a todo ciudadano a cooperar a un fin, según sus aptitudes y sus medios. A c a so haya en el- fascismo reminiscencias espartanas en cuanto a contenido moral y en cuanto a disciplina, pero el nuevo Estado corporativo tiene una base y unos horizontes que L i c u r g o no pudo prever siquiera, porque aquella civilización era menos compleja que la nuestra. Tampoco es verdad que el individuo se disuelva en el Estado. L o que hace es situarse, con unas garantías para sus aptituoss y sus intereses que ningún otro régimen podría ofrecerle. E l mismo sentido jerárquico de la organización fascista, que repugna a los partidarios del viejo liberalismo, está condicionado por los servicios y los méritos de cada elemento social de modo que su importancia y su categoría no sean inamovibles, como los cuadros de las milicias mercenarias. Sus lemas podrían ser Patria, Técnica y D i s c i pina; pero esas tres palabras no definen él contenido espiritual del fascismo, que es mucho más vasto. Y o me permito remitir al lector al libro de D Vicente Gay, que es un alarde de erudición, de buena fe y de claridad. MANUEL BUENO EL SUFRAGIO D e no haber sido elegido diputado, parecería este artículo inspirado por el despecho. A h o r a no se atribuirá a ninguna clase de móviles personales. L o que en él ha de decirse es que el sistema de sufragio universal inorgánico es abominable, y que los pueblos necesitan substituirlo cuanto antes. Y la razón de ello no me parece di. uuble. E l sufragio, en- el mejor de los casos, que es cuando, se vota por pasión, penetra en los pueblos como una cuña y ahonda sus divisiones, creando en cada elección un conato de guerra civil. Habrá doscientos puntos comunes a los diversos electores. Todos ellos estarán interesados en el progreso, y en la gloria, de la Patria, en l a enseñanza, en l a higiene, en la moralidad, en los caminos, en la tranquilidad general, etc. no habrá sino una o dos cuestiones que los separen y d i v i dan. Pues la elección versará indefectiblemente sobre estas materias de disensión, las profundizará, las enconará, las gangrenará, y a l cabo de unas cuantas elecciones celebradas en torno de estas manzanas de discordia hombres unidos por toda clase de solidaridades se verán reducidos a pensar que- no caben justos sobre el haz de la tierra. 1 Habrá países tal vez donde l a acción d i solvente de las elecciones no consiga corroer el común patriotismo. Serán aquellos donde este sentimiento, esencial o circunstancial, infuso o adquirido, sea tan poderoso qué no se consienta su desintegración. E n España, donde nunca, se logró transformar totalmente la índole religiosa del antiguo patriotismo unitivo en un patriotismo territorialque obrara, por su gran intensidad, análogos efectos de cohesión, las elecciones son fata- les... N o hay en ellas institución alguna: Patria o Ejército, Iglesia o propiedad, familia o Universidad, que no se ponga en entredicho. Diríase que el sistema fué inventado para acabar con todas las instituciones de la c i vilización, sometiéndolas todas ellas sucesivamente al fallo de hombres ignorantes de las razones de su necesidad y dispuestos a creer toda clase de calumnias adversas. E s verdad que el hombre que lo inventó no se dio cuenta clara de lo que se proponía n i de los medios con que; iba a lograrlo. J u a n Jacobo Rousseau se cuidaba mucho más de la musicalidad de sus párrafos y del efecto emocional que en sus lectores produdan, que de. l a coherencia de Suf pensamiento. A s í imponía una condición para que la voluntad general fuese infalible: la que el pueblo deliberará, sin que hubiese ninguna clase de sociedad parcial en el Estado. Pero las elecciones las hacen precisamente esas sociedades parciales: los partidos políticos, y sea cualquiera el sistema de sufragio, por distrito o por lista, proporcional o mayoritario, no hay manera de evitar que las hagan los partidos, en tanto que los partide
 // Cambio Nodo4-Sevilla