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PIARIO DO ILUSTRAVIGE- AÑO SIMONOVENO 10 C T S N U M E R O FUNDADO E L i ABC LA TORRE DE MARFIL. Y el puente levadizo DIARIO DO. ILUSTRAV 1 GE- AÑO SIMONOVENO 10 C T S N U M E R O 1 1 D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A protector. Dios les absuelva de su- jpecaáo- dá consentir las inundaciones. Cuidado, no vaya nadie a pensar que sueño yo en una especie de somatén de l a inteligencia. U n a de las medidas, a m i juicio, inadmisibles del fdscio es l a de haber amontonado en rebaño: a los creadores del cerebro y el corazón. Pena me d i ó e s e desacierto entre los aciertos corporativos. Y risa, fué risa lo que me inspiró el espectáculo de aquel Museo de, pintura que hay en Moscú, en donde los cuadros se ordenaron, no según método cronológico o de. escuelas, sino con arreglo a l a intención que- los revolucionarios daban a cada lienzo. Sucédense allí las salas tituladas crímenes de los Zares, brutalidades de la burguesía, sacrificios del proletariado... N o lleguemos a esos extremos, a esas r i- diculeces. Pero de igual modo que resulta desairada la actitud de los expatriados ociosos y voluntarios, mientras aquí Se pelea y sufre de firme, soportan los abstencionistas l a acusación y el desvío del público. ¿Cómo ha de importarle a quien lleva consigo u n drama auténtico uno inferior falsificado? Por el contrario, apasiona l a verdad. Estos días se ha representado Coriolano. en la Comedia Francesa. L o s pasajes que desde l a antigüedad romana podían relacionarse con la lucha presente: por el gobierno provocaron manifestaciones incoercibles. L a poesía de Shakespeare frutece en normas y advertencias. Acaso he ido demasiado lejos. Porque, entiéndase bien, no se pide n i exige a los l i teratos que se conviertan en beligerantes. L o que les agradeceríamos es que nos ilustrasen y aleccionaran. Que no nos dejen en el pantano. E s o sí, si alguno se decide a l a hercúlea empresa, ármese; de paciencia y cristiana resignación. H a b l a un escarmentado. E l más feroz de m i s enemigos no acertaría a negarme que desde Hace años vengo yo, en mi humildad, procurando acompasar las Charlas al ritmo del mundo. E n lugar del cultivo de un huerto. deleitoso, con su amenidad, y su renta, persigo l a información de las grandes í convulsiones contemporáneas. Y hasta de las modas y modos interesantes o curiosos. Qúisé abrir todas las ventanas de España, y h e traído, desde Hollywood y el a Rusia, T i e r r a Santa y Roma. Intenté, de añadidura, l a exploración nacional. Pues bien; por cada uno de los huecos entraron oleadas y rayos de agresiones, insultos, calumnias, cuando no piedras y- otros improvisados proyectiles. Soy un mercenario: ¿K servicio de quiénes? pregunto y o pórqur- verbi gratia, con motivo del hdaje a Jerusalén, atacáronme los rojos y unos niños qué escriben en una revista católica. E n el mejor de los casos, el éxito de las Charlas se atribuirá al tema. Y así por el estilo, E n estos instantes la consigna y l a ruindad consiste en señalarme como agresor del régimen y agente de Mussolini, ¡de Mussolini, que me ha excomulgado... PARA DO AS Las últimas elecciones españolas están siendo el objeto de los comentarios de la Prensa mundial, y muy especialmente de l a francesa. L o más agudo que en ellos he leído ha sido una frase de Rene Richard- -periodista conocedor de las cosas de E s paña- -en L Eclair du Midi. E s la siguiente: S i se hubiese dicho a los electores españoles D e votar en favor de las izquierdas, las izquierdas gobernarán; pero si votáis por la derecha, la derecha no gobernará los ciudadanos, o hubiesen votado por las izquierdas, o hubiesen permanecido tranquilamente en sus casas Rene Richard, aunque perito en las cosas de España, no ha podido penetrar en las complejidades de su política verdaderamente original. P a r a llegar a sus entresijos hay que respirar mucho tiempo su ambiente, único en el mundo. De haberse, saturado plenamente del mismo, el fenómeno que tanto le asombra le parecería natural y corriente. E l 12 de abril de 193,1 la República quedó derrotada en las elecciones municipales y ocupó el Poder como si aquella derrota fuese un triunfo obtenido en algunas Cortes Constituyentes que acabaran de celebrarse. ¿Qué de extraño que al triunfar las derechas el 19 de noviembre de 1933, al punto de que hicieran imposible la mecánica del Parlamento, todos los organismos del Estado hayan continuado como si fuese la República l a triunfadora? i A lo uno no corresponde lo otro? Claro está que el fenómeno tiene una explicación, y que ha de ser, por necesidad, tan paradójica como el fenómeno mismo. E n España los que se dicen demócratas son secretamente antidemócratas, y los que denuncian las lacras de la democracia la respetan supersticiosamente cuando triunfa y oyen reverentes sus alegaciones racionales cuando es derrotada. Así, el 12 de abril de 1931 se justificó el triunfo de la República mediante la monserga del peso específico de los votos emitidos en las ciudades, que los vencedores en ese día aceptaron como, artículo de fe, y- e l 19 de noviembre de 1933 los que lo fueron de la jornada se conformaron con que el recuento de votos fuese hecho simplemente en su número y cantidad. Seguros de lo primero, los vencidos ocuparon el Poder; por lo segundo, los vencedores no se instalaron en el banco azul. L a originalidad de la política española va más lejos; al adversario a quien le faltan condiciones para el Gobierno se le facilitan con premura v diligencia, según la observación de Rene Richard. Pero hay que aclararla, porque la visión fué parcial. Ello ocurre solo en el caso de que el adversario esté colocado a la izquierda de quien puede prestárselas. S i el triunfo de las derechas lo hubieran alcanzado las izquierdas en una situación derechista, la asistencia de las últimas no entraría en el juego parlamentario. Hubiesen, por el contrario, entorpecido toda acción de gobierno, derribado M i nisterio tras Ministerio, imposibilitado la disolución de las Cortes, agitado el país con el estruendo de su triunfo. N o entra en su temperamento cargar con los errores ájenos. Ese papel en la mecánica parlamentaria española corresponde a las derechas. VÍCTOR PRADERA Se había dicho ya muchas veces, pero nunca con l a elegancia y l a autoridad con que ahora, más que repetir, renueva Manuel Bueno la observación- de que nuestro teatro, y en general la literatura y el arte españoles, se complacen en ignorar las inquietudes del mundo. j Acaso ello depende del aislamiento a que nos obligan los Pirineos; y una isla en medio de tierras es peor, en cuanto a sus posibles relaciones con el extranjero, que las marítimas, adonde llegan los buques, N o olvidemos, sin embargo, que desde el fondo de Castilla y Extremadura. sintieron los hidalgos y los simples labrantines del siglo x v i la tentación trasatlántica. Erí fin, débase a l a geografía o a otras causas menos consoladoras, no cabe duda que España está al margen de l a vida universal. Cuando tras una larga temporada en cualquiera de las capitales europeas regresamos al venerando solar patrio, nos encontramos en la. situación del millonario que de golpe se arruinase, puesto que difícilmente volveremos a oír alusiones a determinadas r i quezas espirituales que constituyen la atmósfera de los demás países. Cierto que hay ilustres ciudadanos atentos a la marcha de la cultura y comparables a los aparatos de radio. N o menos cierto que la mayoría de tales estudiosos se sirven de su diligencia para declararse a sí mismos jerarcas y pontífices, como no ejerzan el contrabando. ¿P o r qué nuestros autores y artistas, salvo excepciones contadísimas, desdeñan los temas que integran la cuestión palpitante de esta época? Unos la ignoran. Sí, aunque parezca mentira, desconocen en absoluto su tiempo, a no ser que se consideren hijos y padres de la eternidad, en cuyo caso poco puede importarles un episodio histórico. Aquéllos juzgan que el poeta, el, pintor y el músico claudicarían si participasen de los sobresaltos humanos. Existen los escrupulosos, que temen se les acuse de oportunistas, y los desengañados, los incrédulos a n t e l a capacidad del público, y los emperezados en una postura satisfactoria. N o hablemos de quienes adolecen de una incurable frivolidad Allá cada cual con su conciencia, y, en definitiva, quizá tengan razón los abstencionistas. P o r de pronto su obra ofrece remansos de paz, y cuando al cabo de los años ésta se haya restablecido, seguirá siendo aprovechable la labor desinteresada de la actualidad, en tanto habrá caducado la de circunstancias. E n Noruega, por ejemplo, Casi se le echa en cara a Bjaernson su anhelo patriótico, tasándolo con desventaja frente a las puras ideologías de Ibsen. L o malo es que el arisfocratismo o la i n capacidad délas minorías, acreditadas de selectas, abandonan a la nación en manos de codiciosos extraños, y. por no ser universal. España, que lo fué más que la Roma clásica, ha de resignarse al internacionalismo. L o que va de dominadores a dominados. P o r lo que toca al asunto de la política y la sociología, equivale la Península a la H o l a n da con su nivel por bajo del marino. Nuestros intelectuales podrían servir de dique v Querido y admirado Manuel Bueno: ¿no será injusto, y si se me apura, cruel, incitar a los intelectuales a que vayan celante de la multitud? P o r lo que le sucede a un hombre de buena voluntad, que yo n o s o y 3 as que eso, puede colegirse lo que iba a ocur r i r a las grandes figuras. Se comprende y explica que nuestros mayores ingenios en vez de dar motivo para ¿tras, ¡y de qué índole! celebren las: viejas cacerías tejiendo bellos y superfluos tapices FEDERICO GARCÍA S A N C H I Z