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A ZA 1 Y BELLO Aquel Sr. Azaña, que cuando, por- desgracia de E s p a ñ a y de la República, gobernaba, decía, arrogante: L a opinión está conmigo; ¿dónde están ellos? ha salido diputado por minoría y en calidad de convidado, gracias a los votos que, por compasión unos, y por agradecimiento otros, le han dado los socialistas de Bilbao. Suyos, ninguno; De lo contrario, hubiera obtenido algunos más que el cainarada Prieto, y no ha sido así. Antes que. pasar por esta humillación, el capitán del equipo de Casas Viejas exploró el estado de opinión de treinta o cuarenta provincias, y en todas halló la natural repulsa. S i n distrito que le quisiera, rechazado de todas partes, tuvo, como su adlátere, el Sr. Domingo, que acogerse a la caridad de los marxistas bilbaínos. De su partido sólo ha podido sacar a flote cuatro o cinco candidatos, y de éstos, uno, el Sr. Bello, por los votos de los separatistas de Lérida. Después de este é x i t o que debería hundir para siempre a un político, resultan grotescos los desprecios del señor A z a ñ a para los que no le creían genio, asombro de la Naturaleza, y las aseve raciones, dichas con énfasis de tiranuelo de vía estrecha. De estar la opinión con él, y que quien no estaba con él era un imbécil. ¡Como que se ha arrepentido de no haber hecho una ley para idiotas! Y este hombre sin partido, sin electores, sin distrito, sin contar con siete diputados para formar minoría después de haber gobernado a su capricho durante dos años, osó tratar despóticamente a los españoles, gobernar con una ley inicua de sfti invención, echar los primeros jalones para el desquiciamiento de España, sancionar sin proceso en Casas Viejas -deportar a cientos de ciudadanos a Bata y a V i l l a Cisneros, ofender los sentimientos religiosos de casi la totalidad de los españoles, encarcelar con ánimo de que muriera en l a cárcel a don Juan M a r c h por haberse negado a la entrega de dos millones para l a revolución, destituir a funcionarios públicos, llenar las cárceles de adversarios, no del régimen, sino de su Gobierno, y suspender de un golpe por un tiempo indefinido a 114 periódicos que no habían incurrido en n i n g ú n delito, sumiendo en la miseria durante cuatro meses a millares de familias humildes. Ese hombre, que E s p a ñ a d e s c o n o c í a el 3 2 de abril de 1931, que durante un cuarto de siglo estuvo pegado a las ubres de l a Monarquía, que por chiripa saltó del Registro de últimas voluntades a la gobernación del Estado sin haber hecho sacrificio alguno para el advenimiento de la República; sin partido, sin opinión, sin nadie detrás de él y sin l a estimación ni el reconocimiento de los españoles, en dos años no dejó cosa a l guna por triturar T r i t u r ó- -a s í dijo él- -al Ejército, l a Magistratura, las fuentesde r i queza de la nación, l a dignidad civil y el patriotismo espiritual de los ciudadanos; t r i turó la Constitución apenas votada; ha t r i turado la República, poniéndola en trance de perecer por haberla hecho odiosa, incluso a muchos viejos republicanos, y, por último, por triturarlo todo, se ha triturado a sí mismo, al punto de que no podrá sentarse con autoridad en el Parlamento, por estar en él de limosna. E s un caso de autofagia hasta ahora desconocido, y de humillante resignación, impropia del hombre de los burgos podridos de la nonnata ley para idiotas y del no gobernar para i m béciles Otro que tampoco podrá ocupar con autoridad su escaño del Parlamento es uno de los cinco azañistas con acta de diputado. H e mos nombrado al Sr. Bello. Este señor, hijo de la españolísima Salamanca, debe su diputación a los separatistas de Lérida. Es un separatista honorario. Maciá le encasilló después de muchos titubeos; de haberse negado varias veces a incluirle en candidatura. A l fin, sobre el dogma nacionalista del señer Maciá triunfó ia razón de que el Sr. Bello no tenia distrito ni quien le quisiera, e iba a quedarse sin las mil pesetas parlamentarias. Negra ingratitud de parte de los- separatistas catalanes hubiera sido no regalar un acta al Sr. Bello cuando tanto contribuyó en poner en sus manos el instrumento preciso para la desmembración de España. Si esta acta, que en pago a su traición a España le han regalado al Sr. Bello los separatistas catalanes, le deja tranquila la conciencia y percibir la soldada sin el menor remordimiento, allá él; pero, por mucha que sea su despreocupación en materia política, no podrá olvidar que debe el acta a los enemigos de España, a los detractores de su raza, a los impugnadores de su idioma; u los que durante treinta años han tenido los mayores sarcasmos, las más punzantes ironías, ofensas, desprecios y blasfemias para todo cuanto llevara el señorial sello español. Si él no lo olvida no lo han olvidado los españoles. Después de lo hecho para servir al Sr. Azaña y hacerse con una cartera de ministro, que no se presentó la ocasión de otorgársele, lo más elegante para el señor Bello era no admitir un acta de manos de los separatistas catalanes en pago de unos servicios que, en rigor, valen mucho más. Los catalanes gustan de comprar barato, como todo el mundo; pero esta vez no pensaban adquirir a precio de quiebra ó liquidación. Aún está a tiempo el Sr. Bello dé tirar su investidura a la calle, y si tanto desea ser diputado es posible que mediante un acto de contrición el Sr. Royo Villanova le ceda una de las dos actas que le sobran. De lo contrario, su puesto en la Cániara no está al lado de los cuatro diputados azañistas, sino entre los que maldicen de ser españoles y propugnan dejar de serlo, ADOLFO M A R S I L L A C H fr ti tsar 31 S El presidente dé la República ora junto al cadáver del Sr. Maciá, momentos antes de ser cerrado el féretro. (Poto Bráng- uiL)
 // Cambio Nodo4-Sevilla